El atardecer en la hacienda
20 de agosto del 2013 11:27
La curvatura del cuello y su perfil
Un arco forman junto con el brazo
Que levemente apoya sobre su cabeza;
Allí esta Benito, en el taburete, recostado
Plácidamente contra el cerco de piedras.
Y entre el hueco formado por los arboles de marañón
Y el cuello y el perfil y el brazo de Benito,
Vislumbro las pinceladas granadas
Que en el atardecer tiñen el cielo
Haciéndolo tan nostálgico.
Poco a poco la luna asomándose veo
Los pájaros buscando los árboles para resguardarse volaron,
El ganado muge después de saciar su sed en el bebedero,
Los caballos duermen en el corral pequeño.
Y la tarde va muriendo lentamente.
Me encanta la penumbra de los atardeceres
Me dan paz, tranquilidad – sobre todo en el campo
Y en la oscuridad trato de distinguir las figuras que veo en el corral
Discernir que animal es, o que árbol, o que canto escucho
Y el candil enciendo cuando ya está más entrada la noche.
Una figura se acerca desde el gigantesco árbol de tamarindo
‘Uy’, le digo, ‘quien anda allí, ‘Soy yo, Benito’ me contesta.
Benito el viejo capataz de la hacienda,
Noble y fiel, forma parte de nuestra familia
Y se acerca a conversar de su trabajo del día.
Pero es la forma en que nos relata sus historias
Lo que hace de Benito el centro de nuestra conversación.
Me encanta su vocabulario de campesino,
Y su manera tan honesta de ver la vida
Ya que al pan lo llama pan, y al vino, vino y no se anda con rodeos.
Como cuando habla de su patrona Doña Verónica
‘Es que es enojada la señora’, nos dice,
‘Y aunque uno le explique, y le explique, ella cerrada,
Ya que tiene que ser a su manera y pues, aunque me regañe. .
Pero ella al final entiende. Y se sonríe. Y nos continúa diciendo. . .
¿Y que no sabe lo que me hizo la vaca? Si, la vaca, esa,
La arisca, que la hijueputa’, dice Benito,
‘Se me voltió, ha de crer! Ah no, pero yo me busqué una vara y la arrié.
A mi esa jodida no me va a joder’, me dije’.
Y nos reímos a carcajadas, junto con Benito. ¡Inolvidables noches!