UN RAYO DE SOL

Ahora que estamos en invierno me despierto tarde ya que está tan obscuro que no logro​ despertarme temprano. Por lo tanto​ la mañana s​e me hace cortísima, tan corta que cuando me percato ya es después del mediodía.

Nequito me despertó suavemente, para variar, ya que casi siempre me toca el brazo como si estuviésemos en terremoto…… bueno, abrí mis ojos, y que felicidad, el sol iluminaba la habitación con una exuberante claridad, en realidad, brillantez! Exclamé, ¡​tenemos sol! Ya que teníamos alrededor de tres semanas de amanecer y ​anochecer, sumidos en una tenebrosa y deprimente obscuridad. Ahora si apreciaba el sol. Est​a luz solar nos hace felices.

Personas que viven en climas muy cálidos ​suspiran por tener un poco de frío sin saber que eso implica días como los que les describo, donde muchas personas se tornan pesimistas, porque, aclaremos, el sol da vida. ¡Si lo noto yo!

Ya estamos en pleno invierno – tenía varios años de no pasar el invierno acá y pues……. no quiero salir.  La temperatura anoche estaba a -22 Celsius – ¡qu’el horreur! pienso, pero con la gran suerte de que no estamos en el oeste del país donde la temperatura raya a -40C.

Aquí siempre hablamos del clima. Es lo primero que nos interesa, estemos trabajando o no.  Si esta muy frio, si se ‘siente’ más o menos frio, y así vestirnos adecuadamente. Nos vestimos en capas. Si, capas.  La camiseta de algodón pegada al cuerpo, la blusa, la sudadera. Esto es todo el tiempo, pero si vamos a salir, la chaqueta que nos caliente mucho, bufanda, gorro y las inolvidables botas.  Pero no cualquier bota, no, esta tiene que ser forrada y la suela parezca tractor de camión.  Solo así las uso porque no quiero deslizarme por ninguna acera congelada.  Ya me paso dos veces camino al trabajo.

Como quisiera yo que estos inviernos no fueran tan, pero tan fríos.  Tal vez una temperatura templada todo el año, donde pudiéramos sembrar verduras, hierbas y frutas.  Otro gallo nos cantara.

Pero los inviernos acá son generalmente con mucha luz. Con un esplendoroso cielo azul, tan azul que dan ganas de caminar sobre la blanca nieve y disfrutar del cielo y el sol y la nieve por supuesto. Por las noches al acostarnos la luz de la calle se refleja en la nieve por lo que se ve bastante claro. Y si vas en el carro hay que usar lentes obscuros ya que la brillantez del sol reflejado en la nieve nos ciega.

4 de enero de 2024

10:22

El matrimonio planeado

Cada abril hago mi declaración de impuestos, algo obligatorio, aunque viva de mi pensión. O tal vez es que piensan que recibí una millonaria herencia o algún deshonesto decidió regresarme lo hurtado.

La señora que prepara nuestra declaración es morena, alta, robusta. Muy elegante. No se si es toda la ropa que lleva puesta lo que la hace ver robusta. Es muy amable. Siempre al punto. Pero, como tengo varios anos de ir donde ella, hay una cierta camaradería. La veo en su rostro de finas facciones, su mirada amable.

Viste de falda larga, así como las mangas. Nunca le he visto su traje ya que sobre su vestido lleva puesto algo como un abrigo de lluvia. Su cabeza esta cubierta por un velo que lo cruza bajo su mentón de uno a otro lado.

Sus manos están decoradas con mudras, usa varios anillos y lleva muchas pulseras de aro en ambos brazos. Pulseras de oro de 22 kilates.

Me comento lo contenta que estaba ya que su hija se había casado y me mostro su foto.  Una muchacha muy linda, con ojos verdosos, piel morena, vestida muy elegantemente. Le pregunte si se había casado con alguien conocido de ellos en Toronto y me contesto que no, que los hombres en Toronto no se quieren casar.

Ah, se me olvidaba decir que ella es pakistaní. Así que les dijo a sus amistades en Pakistán que entre ellos buscasen un muchacho conocido, como futuro esposo para su hija. Cuando encontraron al candidato, ella viajo a Pakistán con su hija. Los presentaron, le gusto el muchacho y concertaron la boda. Por lo que después de un mes de conocerse, concertaron la elegante boda. Viajaron su esposo e hijo a la boda y a buscarle novia al hijo también.

Le pregunté sobre sus costumbres y le dije bromeando, aquí estoy siendo la abogada del diablo. ¿Su hija, tenía que presentar una dote? Y me contesto que no, el novio le regalo un juego de joyas, collar con piedras preciosas, brazaletes, pendientes.

Me explicaba que es mejor casarse con personas de su mismo círculo de amistades, con las mismas costumbres que pasarían a las generaciones venideras. Algo que también me comentaban hace muchos años en Nicaragua. Hay que casarse con el muchacho del pueblo, que todo mundo conoce y sabe cuáles son sus costumbres.

Como regalo de bodas les compro un hermoso apartamento en Toronto. Pero el novio ya había comprado otro.  Mientras tanto ya habían comenzado el tramite de papeles para que el emigrase. Así que después de la boda regresaron los recién casados a Canadá. 

El hijo comenzó el trámite de papeles para su prometida y mientras llegaban los papeles se quedo en Pakistán con su prometida. Que pronto saldrían los papeles de ella para ambos emigrar a Canadá.

Y mientras me comentaba todo esto, se levanto a buscar los papeles impresos, y con su suave modo, al deslizársele el velo que caía de su cabeza, lo recogió y se lo cruzo alrededor de su cuello.

Y me transporto hace treinta y pico de años en que yo viajaba en el Metro y mientras momentáneamente se detenía en una estación, una alta y delgada y guapa mujer camino rápidamente y entro al Metro al mismo tiempo que con ambas manos colocaba sobre su cabeza su bellísimo velo aqua de chiffon, le agarraba los extremos y con su mano derecha lo pasaba debajo de su cuello, hacia su espalda e instintivamente hacia lo mismo con su mano izquierda.  Su cara quedo encuadrado entre su velo que le hacia juego con su largo traje hasta sus tobillos y se sentó.

Yo, quien crecí en otra cultura, era la primera vez que veía a alguien con un traje asi, ponerse un velo para cubrirse la cabellera, algo obligatorio para ellas, ya que la ocultaba de miradas extrañas; y aun es el día y en cámara lenta, en mi mente, la veo poniéndose su bellísimo velo aqua. Un poco como los cuentos de las Mil y Una Noches de mi niñez.

El Velo de la Mujer - CONGREGACION "EL YO SOY"

Mayo 22, 2023

18:05

CARLOTA

El barco arribó en Jamaica en medio de la tormenta.  Era un alto forzado en su travesía, pero el capitán estimó que sería mejor atracar en el puerto, que continuar el viaje en medio de las gigantescas olas que arremetían con furia.

Al llegar a Jamaica, el villorrio que los recibió era muestra de la pobreza que reinaba en la isla.  Al día siguiente que salió el sol, bajaron los pasajeros a tierra firme, para descansar un poco de la ventisca que por varios días los había azotado.

Al salir de la casa del gobernador donde habían sido invitados a un café, una humilde señora se le acerco a Dona Mary ofreciéndole su niña, su niña de seis-siete años, para que se la llevase y así tuviese mejor vida y tal vez sobreviviera la penuria en que vivían.  Iba a vivir muy bien con la familia del Gobernador de Greytown, Nicaragua. Esa niña era Carlota y fue así que esta niña de raza negra, llego a vivir a Greytown, Nicaragua, como parte del personal de la familia Sacasa Martin.

Carlota era una niña regordeta, vivaracha, de ojos café que fue criada como hija de casa en la familia de mi bisabuela Dona Mary Martin Kane de Sacasa. Carlota era una niña más en la familia y cuando llegaba de visita a Granada, siendo solamente dos años mayor que mi papa, era la que jugaba con él. Creció con él y era quien lo cuidaba y ella se sentía responsable de él. Lo llego a querer tanto que cuando se retiró, ya mayor, mi papa la tenía viviendo en el Ingenio San Antonio. Él la llegaba a visitar y Carlota me relataba que mi papa era travieso y ella tenía que estárselas ingeniando para que no se golpeara, porque se subía en todo, vivía inventando que hacer. Y ella, pues preocupada por él. Me conto que una vez, mi papa corto dos hojas de palmera del jardin, se las amarro a los brazos y se subio al techo, dispuesto a volar.  Si no ha sido por Carlota, quien sabe cuantos huesos se hubiese quebrado. Mi papa y Carlota platicaban solo en inglés y lo llamaba Master William.

Cuando estábamos pequeños e íbamos de visita donde mi abuelita, allí estaba Carlota y era ella el ama de llaves. La que ponía la mesa con todo el rigor de una mesa inglesa, la que nos servía la comida. La encargada de todo el protocolo necesario para poder comer correctamente con los cubiertos de plata de la familia.

Yo me iba a la cocina a platicar con ella, y Carlota con su acento inglés fortísimo, me decía que mi lugar era en la casa y no allí en la cocina, que me iba a ensuciar. Carlota nunca aprendió a hablar español correctamente – es que en casa de mi bisabuela solo en ingles se hablaba – y fue hasta cuando llegaron a vivir a Granada que aprendió el español, ya ella adulta.

Cuando Carlota falleció le dejo en herencia a mi papa, su joyero de madera donde ella guardaba sus pertenencias.  Allí había una larga cadena de oro como de 10K, un reloj, collares y especialmente un par de brazaletes de pura plata. Pesados brazaletes de tan pura plata y que son tan maleables, que los puedo abrir y cerrar a mí antojo.

Esos brazaletes los tengo yo.  Y por las tardes cuando me visto, me pongo los brazaletes de Carlota y camino orgullosa de ese tesoro que Carlota tenia.  Lo único que tenia de valor, además de ese amor incondicional que le tenía a mi papa.

Pero también pienso en esa niña separada de sus padres a tan corta edad.  Y aunque creció separada de su verdadera familia, mi familia la tomo a su cargo y la trato bien y la quiso. Pero, me pregunto, le faltaron esos abrazos?  Carlota nunca me hablo de su familia, y fue por mi papi que me di cuenta de la historia de Carlota. Fue parte también de nuestra niñez.  Toda la familia piensa cariñosamente de Carlota.

Carlota me viene seguido a la memoria, y la escucho hablando con un fuerte acento y con voz de mando y la veo, regordeta, baja, siempre pulcra, y me sonrío.

7 de julio del 2014

17:00

Bebo Mucha Agua Para Llenarme

Ayer que regresábamos del terrenito, allá por delante del platanal, uno de los niños del vecindario, Eduardo, de tan solo siete años – hablantín y medio, que comenta todo lo que se le viene a la mente – feliz de que ambos, su hermanita menor y el, comerían arroz con leche que les compramos – me dijo que él comía, pero no se engordaba, pero que a veces, no comía.

Ingenuamente y sin pensar, le pregunté, entre toda la algarabía de venir en la camioneta y con aire acondicionado, el por qué a veces no comía y con la ingenuidad y sencillez típica de un niño, me aclaró, que cuando le preguntaba a su mamá si iban a comer, a veces le contestaba que no. Entonces yo, me dijo, bebo un montón de agua para llenarme.

Se me encogió el corazón y automáticamente le contesté, que ‘sí, que tomara mucha agua para sentirse lleno’.

Cuando voy a mi finquita, allá por delante del platanal, me los llevo a comer jocotes, marañones, a correr por el campo, a subirse a los árboles, y me hacen mil preguntas y les explico de todo sobre las plantas.  Que necesitan agua para crecer, que las raíces estén cubiertas de tierra, que se riega el tronco de la planta, pero no las hojas y así.

Mientras yo riego mis plantas, me gritan, ‘doña Mimiya, véame, me subí al árbol de Sacuanjoche’, o, ‘vea a Lucía’, ‘ya pudo subirse al árbol de jocote’. Y yo los animo a subirse a los árboles, pero también a tener cuidado.

Gastan todas sus energías correteando y comiendo frutas y regresan felices a su casa, relatando sus aventuras y lo que pudieron o no hacer. De cómo corretearon por el campo, como les enseñe a recoger marañones para que  no se mancharan la ropa y que los jocotes eran bien ricos y me aclaran, que son como los jocotes tronadores. Y me muestran los que han recogido, de los montones que hay esparcidos por el suelo y les digo que lleven a su casa.

Es tal la pobreza en el país, que, en medio 2020, estos dos niños a veces se van a la cama sin comer. Por ese rato que están allí en la finquita, se olvidan de todo y vuelven a ser los niños felices, que todo niño debe ser.

8 de Mayo del 2020

14:17

La Puerta Mágica

La Puerta Mágica

Los niños que viven al final de la calle, llegan de visita a la casa. Dos niños vivísimos de siete y cinco años aproximadamente.

Estaba yo en la cocina cuando los escuche hablar entre ellos sobre la puerta mágica.  No me percate en ese momento de que hablaban; cuando regresaron del comedor y empujaron la puerta a la cocina, me di cuenta que hablaban de la puerta que, como ellos mismos dicen, se abre sola ya que no tiene agarradera, ni llave.  Es pues, una puerta mágica.  Me causó tanta gracia

Y cuando entran a la casa por la puerta de la lavandería y llegan a la cocina, su locura es pasar al comedor. Pasemos, le dice el mayor, el niño, a su hermanita menor, pasemos por la ‘Puerta Mágica’. Y al pasar la puerta de vaivén que lleva de la cocina hacia el comedor, la puerta se regresa a su posición original; y se voltea diciéndole, ‘es una Puerta Mágica’, mira Lucia. Y ambos, a la vez se regresan para pasar otra vez por la ‘Puerta Mágica’.  Me dice el niño, el mayor, ‘me gusta esta Puerta Mágica!’

La puerta de acceso del comedor a mi cocina o viceversa, es una puerta de vaivén, que gira sobre un eje pivotal.  Tiene un enorme y grueso vidrio en la parte superior para ver si alguien está del otro lado y así no golpear a la persona.

Uno de estos días vino Eduardo el niño mayor con el vecinito, Joaquín, de solo cinco años y con permiso de sus papás, llegaron a comer Popsicles que hacemos de fruta natural. Entraron por la lavandería y por supuesto le hizo el tour por la Puerta Mágica y al pasar a la sala, Joaquín exclamó en medio de su trabalenguas, ‘¡Que linda su casa!’ y yo, que adormilada descansaba en una mecedora en la terraza, al escucharlo, me sonreí. Me agradó que un niño tan pequeño admirase así mi casa.

 Como apreciaba la belleza de mis cuadros, pienso yo, ya que es lo más visible; sus paredes están cuajadas de pinturas. Me gusta que les guste mi casa. ¡A mí, me encanta también!

18 de Octubre del 2018

11:16

Dátiles y Nueces

Hace poco visité un Pulguero en la ciudad de Scarborough.  En realidad no es un pulguero.  Son ventas pequeñas y más que todo de gente del Medio Oriente. Allí venden de todo tipo de chucherías.  Pero es un espacio pequeño y con productos también fabricados a mano en África y muchos otros artículos que son hechos por la gente de países árabes, iraníes, etc.

Venden jugo de caña, que lo exprimen frente a uno. Me recuerda nuestros viajes al mar en Honduras, cuando los niños estaban pequeños y en la carretera nos deteníamos a tomar jugo de caña, exprimido allí frente a nosotros.  Esa misma rudimentaria maquinaria es la usan aquí en la ciudad.

Decidí caminar en los pasillos y me di cuenta que era mucho más grande de lo que yo pensaba. Allí vendían también comida y nueces.  No se me olvida lo ricas que eran todas las semillas que vende.

Me ayudó un muchacho afgano, con el aspecto físico muy parecido a Nick, nuestro amigo libanés en Paris, quien nos invitaba a las más ricas comidas en su apartamento.  Aceite de olivas, traído por un amigo piloto, directamente de su casa, donde lo habían hecho, las nueces, quesos.  Era un banquete libanés que nos acariciaban todos los sentidos.  Los olores de su comida eran especial y nos envolvían completamente.  Hecho en casa.  ¡Y qué delicia.  Éramos amigas muy queridas de Nick.  Nos mimaba. Nos cuidaba y nos ofrecía de lo mejor en su esmerada atención.

Pues el muchacho afgano – bueno, en realidad no es muchacho, es un hombre de unos cuarenta y seis años, bajo, delgado – es un encanto.  Amable, cortés, educado. Cuando llegamos a su puesto de frutas secas, nueces, etc. nos explicó de donde procedía cada producto en el que yo estaba interesada. Me recomendó las nueces afganas. Que eran las mejores del mundo ya que crecían en un clima fabuloso en las montañas.  Y cuanta razón tiene.  Y cada quince o veinte días voy ahora a su tienda – tiene una tienda grande en el lado este de la ciudad – y le compro nueces.  Pero, no son cualquier nuez.  Al morderlas saborea uno su riquísimo aceite, son grandes, frescas.  Uh, que diferencia con las nueces que venden en los supermercados.  ¡Estas si son nueces! ¡Qué sabor!

Y el domingo pasado que fuimos a comprar nueces, le pregunté si tenía dátiles.  Me contestó que sí. Que eran de Jordania. ¡Qué maravilla!  Son enormes, con mucha comida.  Son una miel de dulces.  Son tan grandes sus dátiles que no me lo puedo comer de un solo bocado. Suaves, frescos, deliciosos. Qué maravilla de dátiles.  Así que ahora cuando quiero comer nueces, dátiles, voy donde el afgano.  No importa que sean más caros si el sabor es exquisito.  Valen diez mil veces más que esos dátiles, secos, diminutos, duros que venden por todas partes.

 Que suerte haber encontrado al afgano.

Diciembre 11, 2018

19:49

 

QUIERO GRITAR DESDE LOS TEJADOS

 Ante esta promiscua y pervertida sociedad que es permisiva en todos sus sentidos, no puedo quedarme callada y grito desde los tejados que abramos nuestros ojos y no nos dejemos guiar como ciegos borregos, ya que siguiendo al falso ‘lider’ caeremos en el despeñadero. Y con mi espiritu independiente, basandome siempre en no mentir y decir lo que pienso, pero sin ofender a nadie, he decidido plasmar mis pensamientos.

 ¿Donde esta nuestro sentido comun?  Que ha hecho que hayamos perdido eso tan esencial para actuar con raciocinio. Este sistema capitalista y consumista liderado por la media, es el que nos tiene controlados.  Si, controlados mentalmente.  Ya la verdad es . . . relativa.  La vemos según como la presentan los medios de comunicación. Sin analizar, como seres pensantes que somos, si lo que nos dicen es la real verdad.  Lo que dice la media es lo ‘normal’. Ya no pensamos.  La lógica se ha perdido.  ‘La verdad’ presentada por los medios nos ha vueltos ciegos.  Y es tan cegadora esta información, que por mas que uno la explique, no la queremos ver.  No queremos. Tan indoctrinados estamos que eso, . . . . eso es lo normal.

Me ha indignado escuchar y leer que al nacer un bebé aqui en Canadá, su certificado de nacimiento no muestra su sexo.  ¿Que?  O sea que nacio . . . ¿ agenero? una persona que tiene una identidad de género ubicada como nula.  іEs inaudito!  Es tal la ignorancia, que el pueblo lo acepta.  ¿Sus papas?  Que puedo decir, nada más que tienen aserrín en el cerebro, como nos decía una monja en el colegio, cuando no pensábamos.  Es conocimiento básico en biología que hay dos sexos.  No hay tres, ni cinco.  Que la gente que tiene otra tendencia sexual haga lo que quiera, es otra cosa, pero a un bebé, no designarle un sexo, es irracional. O criarlo como del sexo opuesto.

Y es debido a estos padres con aserrín en el cerebro, que criaron a sus hijos ‘a la bulla y a la cabulla’ sin preocuparse de inculcarles valores morales, que supieran que ellos eran seres especiales, que eran lo mejor que dió el universo, -porque al nacer se quebró su molde- ser amados, abrazados, acurrucados, inculcandoles seguridad en ellos mismos; ahora estos hijos son facilmente convencidos por cualquier tontera que escuchan o leen.  Ahora no saben quienes son ellos en este universo, no piensan y les lavan el cerebro tan, pero tan facilmente. Y les han convencido que . . іno se tienen que definir sexualmente!  іQue pueden ser ambos sexos a la vez! O no sexo. O criarlos con un sexo diferente con el que nacieron. Eso, es un ritual satanico. Cuantos no vemos caminando vestidos de mujer, habiendo nacido hombres y a base de hormonas y operaciones lucen en las portadas de famosas revistas, como la mujer mas linda. ¿Mujer? No, no es el traje lo que la hace mujer. Porque nacemos, u hombre, o mujer, nada más. Y los desfiles de homosexuales son lo mas communes en todas las sociedades. Y las fuerzas militares desfilan con ellos. Y los encargados del orden, tambien. Y las madres llevan a sus hijos a verlos desfilar, porque esta sociedad permisiva, lo ve ‘normal’. No hay nada mas dañino para una mente infantil que crecer sin la figura paterna o materna.  Se ve en los orfanatos. Niños dañados para toda la vida. Y ahora los jueces permiten que personas del mismo sexo crien hijos. Hijos que crecerán dañados sicológicamente.  Que les hacen creer a estos niños que son una familia ‘normal’.  No, no lo son.

Y son estos niños desorientados, faltos de cariño por unos padres que solo se dedicaron a hacer dinero y no a criar a sus hijos -porque esta sociedad consumista les lava el cerebro veinte y cuatro horas al día, con publicidad de comprar, comprar, comprar- los que han caido en las garras de la pedofilia.  O los que crecieron en hogares anormales – que se salen de la regla de la normalidad. El más vergonzoso crimen contra nuestros niños. Crimen de lesa humanidad.

Y como es ‘don dinero’ el que rige el mundo, todo el que tiene alguna influencia, ha sido ‘comprado’.  Los sobornos están a la hora del día. Ya nada se mueve honestamente, comenzando desde lo más alto, hasta lo más bajo en la escala social. Es el poder detrás del trono el que quiere controlar a la humanidad financieramente. Y por eso hay tantas guerras, tratando de aniquilar al país que no está bajo su control financiero y sus ansias de poder económico.  Eso quieren hacer con Siria y ahora con Corea del Norte.  Lo hicieron con Grecia cuando lo obligaron a declararse en bancarrota y caer bajo sus redes.  Han destruido Afganistan, Irak, Libia, además de querer reducir la población mundial.  Los poderosos, con dinero, están donándolo para controlar con vacunas, la población en Africa y Asia. La droga circula impunemente, acabando con la juventud. Ahora, el colmo de los colmos, los drogadictos tienen centros donde se pueden inyectar, gratuitamente, supervisados para que continuen drogandose y no reciban una sobre dosis.  Y . . . lo ven como lo mas normal. Los sembríos de opio en Afganistan los cuida el ejercito gringo.  En America Latina, los gringos castigan a los que producen la droga, . . . pero el que la compra y la distribuye ¿que?  Si no hubiera comprador, no hubiese droga. Es la ley de la oferta y la demanda.

No nos queda mas que al despertarnos, abrir nuestros brazos al universo y pedirle que nos de paz, que nos llene de amor el corazón, porque al tener amor, podemos prodigar amor.  No se puede dar . . . lo que no se tiene. Esa ola de amor cubrirá al mundo y nos hará mejores seres humanos. Está comprobado que la mente es poderosísima, lo vemos al cambiar el agua limpia en sucia, con pensamientos negativos solamente.  Entonces, . . .  cambiemos el mal por el bien, pensando y actuando todos, positivamente.

19 agosto 2017

16:34

El Guardabarranco

El Guardabarranco

22 de mayo del 2016

23:36

Cuando buscamos un lugar tranquilo donde vivir, sin el bullicio del turismo, ni restaurantes, ni hoteles, ni bares con su estruendosa música sonando a todo pulmón hasta altas horas de la madrugada, ni el trafico continuo de vehículos particulares, ni de buses, ni ventas ambulantes, visitamos un pueblito que hace como veinte años habíamos visto, solo de pasada.  Esa vez no nos detuvimos.  Lo que si nos llamó la atención, fue su limpieza.  El pueblo brillaba, no había basura por las calles, todo estaba limpio.  Nos causó muy buena impresión.

Y cuando decidimos construir, yo visité nuevamente el pueblito.  Había crecido y ahora los terrenos costaban miles de dólares; me sorprendí del valor inconcebible que habían adquirido las propiedades.  Les bromeaba, si el terreno tenía oro en sus entrañas.  Y cuando nos miraban, creyendo que éramos extranjeros y no nicaragüenses, nos cobraban el triple.

Caminamos por todo el pueblito donde vivimos. Literalmente lo aplanamos de palmo a palmo. Es en realidad una ciudad, pero a mí me gusta verla como . . . un pueblito. Pequeña, con su antigua plaza central con un hermoso parque con un quiosco en el centro y una iglesia bellísima.

Me enamoré de su antigua parroquia construida en 1822, con un pequeño campanario.  Sus doce sólidos y altísimos y gruesos pilares de pura madera, se yerguen altivos representando los doce apóstoles y su altar de madera es tallado a mano.  A un costado tiene el altar a San Sebastián tallado en madera y pintado a colores.  No he visto altar más lindo y con tantos detalles. Su atrio con antiguos ladrillos cuadrados de barro, le da vuelta a toda la iglesia.

Y sus grandes terrenos estaban llenos de árboles. Árboles gigantescos que tenían muchos años de sembrados, y se escuchaba continuamente la algarabía del trino de los pájaros. Me cautivó el pueblo y por supuesto,  . . . sus pájaros.

Alquilé una quinta, con una casa en un terreno grandísimo, con enormes árboles de mangos, aguacates, guanábanas, jocotes, chagüite, melocotón, cocos, e interminable cosecha de limones, pero sobre todo, era visitado por pájaros de todos los colores, tamaños y estilos.

Hacia mi siesta en la hamaca que colgué en el patio, la cual amarré entre el mango y el aguacate. Siestas renovantes, en la tranquilidad del campo y amenizada por el canto de los pájaros Cenzontles, el ruidoso Saltapiñuela y cienes de pájaros me distraían. De todos los tamaños y colores. Allí llegaba el pájaro Carpintero y llegué a reconocer su constante picoteo tratando de sacar insectos o gusanos de la corteza del árbol de mango.  El Guardabarranco, nuestro pájaro nacional, era asiduo visitante y avisté hasta tres a la vez.  Mientras hacia mi siesta en la hamaca, que después colgué de su armazón de hierro, porque me podían caer los mangos encima, me deleitaba viendo esta belleza de pájaro.  Es increíblemente lindo. Su pecho amarillento verdoso, contrasta con su cuerpo y cola azul pavo.  Tiene su ojo pintado de negro cual si fuese una esfinge del Nilo y esa larga cola termina en dos pequeñas plumas. Me he convertido en admiradora del Guardabarranco. Lo veo y no me canso de hacerlo.  Si el sol le ilumina su pecho, se le ve verde amarillento. Si está en la sombra, ese pecho se torna de un tono verde musgo. Y cuando lo veo entrando a su nido, su cuerpo y cola son de un azul pavo intenso.

Ahora, en mi casa, los tengo de huéspedes. Si, han hecho su nido en la pared que forma el hueco donde será la piscina. Por eso se llama Guardabarranco, porque habita y hace sus nidos en los barrancos – esos acantilados de tierra que se forman en los caminos de tanto transitarlos – y el costado de la piscina semeja un barranco. Los patios aledaños tienen árboles enormes de mango, aguacate, jocotes, naranjas, chagüites, así que hay vegetación por doquier. Me despierto por las mañanas entre el canto de cienes de pájaros, me quedo pereceando en la cama y sonrío para mí misma al escuchar su serenata. Después, me siento en la terraza a gozar de ellos. Y temprano a las cinco y media de la mañana ya ha salido el Guardabarranco de su nido y regresa, ahora, con comida en su pico. Los dos alimentan a los polluelos, con insectos que cazan en el vuelo. Ayer vi a tres Guardabarrancos en la serpentina del muro de mi casa y espero que pronto los bebes alcen el vuelo, ya que no puedo comenzar la piscina mientras ellos estén allí.

Hoy logré tomarle fotos a la entrada del nido.  Se han acostumbrado a mi presencia y llegan hasta a dos metros de distancia.  Trato de no hacer movimientos bruscos para no asustarlos, pero no me quitan la vista de encima. Recelosos. Y tienen razón.  Hay tanta gente que les hace daño a estos pájaros, que su instinto no le permite descuidarse, ni siquiera por un segundo, de la extraña que lo observa.  Llegó la pareja a posarse en la serpentina del muro que rodea la casa. El macho saltó a un barril en el patio cerca de mí, distrayéndome, mientras que la hembra volaba hacia el nido para darle de comer a sus polluelos. Hay una leve diferencia de tamaño entre el macho y la hembra pero ambos tienen el mismo plumaje bellísimo.

Otras veces salta del muro a los hierros que están al fondo del patio y desde allí, por un largo tiempo, me observa, no confiando en mí completamente y finalmente, ya tranquilo de que no soy una amenaza, vuela hacia el nido.  Entra justo el tamaño de su cuerpo y cola, a alimentar al polluelo que de seguro está muy cerca de la entrada.  Escucho su sonido pidiendo comida.  Y cuando los padres están cerca, le avisan con su canto, de su cercanía y finalmente, después de mucho observarme, vuelan a darle de comer y salir inmediatamente a buscar más insectos.  Solo escucho un sonido, como que es solo un bebe, aunque a veces pienso que son dos bebes los que están alimentando, ya que vuelan tan seguido al nido a alimentarlos.

Ayer le traje gusanos enormes que el muchacho encontró en el tronco podrido de un árbol en la finca; él muchacho bajó al hueco de la piscina y se los puso en la entrada del nido. Al volar hacia el nido, el Guardabarranco dudó un instante, mirando hacia ambos lados, le dio el insecto a su bebe y agarró uno de los gusanos, y voló al muro donde se lo comió. Después voló hacia el fondo de la piscina y recogió de uno en uno los que se habían caído, regresando cada vez a la serpentina del muro.  ¡Que festín resultaron esa gran cantidad de chogotes, esos enormes gusanos! Dudaba cada vez que entraba al nido – como tener comida allí, a su alcance, sin tener que cazarla al vuelo.

Y hoy al despertarme en la madrugada, me asomo por la ventana y veo hacia el nido del guardabarranco y me da un vuelco el corazón al discernir en la oscuridad de la madrugada, la figura de un gato acechando el nido. Corro hacia la terraza al mismo tiempo que busco una piedra en el patio, y se la lanzo vociferando ‘gato bandido, salí de aquí’, y me esquiva saltando felinamente hacia el muro, y yo detrás tirándole piedras que no lo logran alcanzar. Y allá arriba en el muro me reta echado, lejos de mis pedradas. Me siento en la terraza cuidando el nido, preocupada por los bebes. Poco tiempo después veo al guardabarranco saltar del techo en picada, volando cerca del nido pero no se detiene allí, sino en el muro.  Regresa volando en dirección contraria, siempre por el nido, pero tampoco se detiene; finalmente, ya seguro de que no hay peligro, salta del árbol de jocote a la serpentina del muro, después a la escalera, me ve sentada, a escasos dos metros y tranquilamente me da la espalda! Finalmente brilla la confianza.

Y el bebito, solo uno, todo emplumado, se asoma en el nido.  Esperando yo que vuele pronto.

Que mayor bendición que tener de huéspedes, una pareja de Guardabarrancos y su bebito. Mis primeros visitantes. Todos los días y a todas horas tengo el placer de verlos y como los gozo.  

Las Anécdotas de Toño

Las Anécdotas de Toño

12 de noviembre del 2013

19:27

Toño fue el ‘hijo de casa’ de mi suegra, la Julita. Hoy Toño tiene alrededor de cincuenta y siete años y me dice, ‘cada año, en el mes de mayo cumplo un año más’, y me asegura, pero dudoso, ‘como que es el primer día del mes de mayo, pero no estoy seguro.  Mi mama me decía, “vos cumplís años cada año del mes de mayo”, pero nunca le pregunte a mi mama el día’. 

Toño es analfabeta, de buen corazón, honrado y fiel a la familia.  Ahora le he dado albergue y se siente el cuidador de la casa. Pero el sale a trabajar todos los días.

Toño nació en Chontales y fue criado aquí en Granada. Toda la familia se vino aquí a Granada cuando estaban pequeñitos. Su papa Ventura Gonzalo Castillo y su mama Luisa Dávila; ‘y estoy reconocido´, me asegura, ´pero me gusta más el apellido de mi mama así que yo soy Dávila Castillo´.

Tiene dos hijos, analfabetas también, que se ganan la vida vendiendo dulces en las calles y el otro, quien es menos inteligente, vende guineos en un carretón que empuja por las calles de la ciudad. Moncho, este hijo, pues no recuerda cuando nació.

Toño tiene un modo peculiar de hablar. Me gusta su idiosincrasia. Su sinceridad y su estilo de hablar. Pero es terco como el mismo. Le había dicho que si quería, regara cada bolsita de mi almacigo pero que el agua no sea muy fuerte y que no tirara la manguera al patio, que la dejara al borde donde está la hamaca ya que quiebra las estacas sembradas. Le quité el oficio de regar, algo que a mí me gusta hacer, por que . . .  bueno, no entendía.  Un día que regresé a la casa por la tarde me dijo que había regado las plantitas; le dí las gracias como siempre pero al ver más tarde que había de nuevo tirado el pico de la manguera al patio, le dije que mejor no las regara, que a mí me gusta hacerlo y que no debe tirar la manguera al patio.  Me contestó enojado, que ‘él nunca quedaba bien’. ‘Yo por hacerle el favor’, me dijo.  Di media vuelta.

Me encanta oírlo decir que ahora que ‘funigue´ los zancudos’.  Y no es solo él, es el pueblo entero quien dice ¡funigar! Y me cuenta que antes  ‘ganaba setenta pesos la semana y cuando ganaba cien trabajando el domingo, era más lo que ganaba’, me dice. Y como yo he estado resfriada, me recomienda que tome de esos ´mecamentos´ que me van a asentar bien para la salud´. Me cuenta también que José ‘Grabiel’ el vecino, lo recomendó para un trabajo. Y si ve al cielo por las noches me comenta, ‘ese lucero brillante “parparea y parparea” toda la noche’, y así, . . . . son interminables las expresiones de Toño.

‘Es que esta novela’, me comenta, ‘es como fea la música, es diferente, pero es como bonita’; ‘es algo como, quedadita’ y no sabe Toño como describirla. ‘Hermosa la muchacha’, comenta al ver la novela que está comenzando. Toño me recuenta la novela casi al mismo tiempo que está sucediendo; le repito que no me cuente la novela, porque yo también la estoy escuchando mientras escribo, pero como es terco, no pone atención a lo que le digo, y continua incansablemente, recontándome lo que sea que ve en televisión.

Dice que Don Marianito el vecino, le decía, ‘Jovero Toño, como que comiste lora, de tanto que hablas’.  Y cuan cierto es.  Habla interminablemente. Si va a hacer algo, como barrer la acera o el patio, me lo repite varias veces, como pensando en voz alta justo antes de hacerlo; como para que no se le olvide.

Sale todos los días a trabajar y trabaja incansablemente los siete días de la semana. El repella paredes, arregla tejas, pinta casas así como muebles, encaña los techos, lustra zapatos, etc.  Uds. pregunten un oficio y Toño lo hace. A veces lo escucho saludando a la gente en la calle, se detiene y les platica, en medio del mandado que le han encomendado, y como buen nica, habla en voz alta, por lo que me doy cuenta cuando se despide de la persona que encontró en la calle a casi una cuadra de aquí.

Con Toño he aprendido a tener más paciencia, porque no puedo exigirle mucho.  Es honesto y sincero y te dice las cosas de frente, sin pensarlo dos veces. Y no es solo el, es el pueblo entero que no sabe hablar.  Me choca que constantemente escucho ‘los juimos a ver’.  Juimos, pues es muy común, pero en vez de decir ‘Nos juimos,’ todo el mundo dice ‘los juimos’.

Me da tristeza que en mi tiempo aun haya gente analfabeta.

La pobreza es relativa

La pobreza es relativa

 1o. de agosto del 2012

17:49

Cuando en Canadá escucho hablar que van a donar algo a una familia pobre, algo como una tostadora, un cuchillo eléctrico, etc. me pongo a pensar en la pobreza en Nicaragua y que esa familia canadiense no es pobre.

Pero definitivamente la pobreza es relativa.  Entre más rico es el país, más pobre se siente el que no tiene los lujos de los ricos. ¿Pero ser pobres?  Definitivamente que no lo son. Pobreza es lo que existe en Nicaragua y los países con una mala economía, países con un mal gobierno, manejado por gente inescrupulosa que se llena las bolsas con las arcas del estado; países con condiciones de vida escalofriantes, sin sistema de salud, sin educación gratuita para la población, por lo que esta se mantiene analfabeta – la manera mas fácil de controlar un país.

Yo veo la pobreza desde otro punto de vista.  Yo veo pobreza en la gente que es pobre de espíritu.  Y no está relacionado con la situación económica o la educación – en absoluto. Es en su manera de ser, su condición mezquina, de malos sentimientos, sin respeto al ser humano, que utilizan la mentira y el chisme en sus actos, o se aprovechan de la ignorancia o necesidad de otros; no se percatan que esta vida es un circulo y todo lo que hacemos a nuestros semejantes, se nos cuadruplicará a nosotros.  Si hacemos el bien, imaginate que bendición, se nos cuadruplicará y a beneficio nuestro.  Pero, si hacemos el mal . .  – no, no estoy hablando de crímenes – hablo de algo tan sencillo como un simple comentario, el quitarles algo que no te pertenece o sea el robar, el no pagar lo justo, la envidia, calumnias, la humillación, la avaricia – no quiero ni pensar en la cuadruplicación de esos actos y que se nos regresarán.

Desde que estaba pequeña, me regí por ‘no hacerle a los demás, lo que no queres que los demás te hagan a vos’.  Simplemente así. Y es esa gente, los pobres de espíritu, quienes viven del chismorreo, los verdaderos pobres . .   Pobres de esa gente.

 Si, pobres de esa gente que van a la iglesia,

compungidamente se golpean el pecho,

rezan sus novenas, rezan el rosario

y después regresan a sus casas

o se reunen a hablar del vecino,

a mancillarles su honor y su honra.

Pobres de esa gente. . . .