Cada abril hago mi declaración de impuestos, algo obligatorio, aunque viva de mi pensión. O tal vez es que piensan que recibí una millonaria herencia o algún deshonesto decidió regresarme lo hurtado.
La señora que prepara nuestra declaración es morena, alta, robusta. Muy elegante. No se si es toda la ropa que lleva puesta lo que la hace ver robusta. Es muy amable. Siempre al punto. Pero, como tengo varios anos de ir donde ella, hay una cierta camaradería. La veo en su rostro de finas facciones, su mirada amable.
Viste de falda larga, así como las mangas. Nunca le he visto su traje ya que sobre su vestido lleva puesto algo como un abrigo de lluvia. Su cabeza esta cubierta por un velo que lo cruza bajo su mentón de uno a otro lado.
Sus manos están decoradas con mudras, usa varios anillos y lleva muchas pulseras de aro en ambos brazos. Pulseras de oro de 22 kilates.
Me comento lo contenta que estaba ya que su hija se había casado y me mostro su foto. Una muchacha muy linda, con ojos verdosos, piel morena, vestida muy elegantemente. Le pregunte si se había casado con alguien conocido de ellos en Toronto y me contesto que no, que los hombres en Toronto no se quieren casar.
Ah, se me olvidaba decir que ella es pakistaní. Así que les dijo a sus amistades en Pakistán que entre ellos buscasen un muchacho conocido, como futuro esposo para su hija. Cuando encontraron al candidato, ella viajo a Pakistán con su hija. Los presentaron, le gusto el muchacho y concertaron la boda. Por lo que después de un mes de conocerse, concertaron la elegante boda. Viajaron su esposo e hijo a la boda y a buscarle novia al hijo también.
Le pregunté sobre sus costumbres y le dije bromeando, aquí estoy siendo la abogada del diablo. ¿Su hija, tenía que presentar una dote? Y me contesto que no, el novio le regalo un juego de joyas, collar con piedras preciosas, brazaletes, pendientes.
Me explicaba que es mejor casarse con personas de su mismo círculo de amistades, con las mismas costumbres que pasarían a las generaciones venideras. Algo que también me comentaban hace muchos años en Nicaragua. Hay que casarse con el muchacho del pueblo, que todo mundo conoce y sabe cuáles son sus costumbres.
Como regalo de bodas les compro un hermoso apartamento en Toronto. Pero el novio ya había comprado otro. Mientras tanto ya habían comenzado el tramite de papeles para que el emigrase. Así que después de la boda regresaron los recién casados a Canadá.
El hijo comenzó el trámite de papeles para su prometida y mientras llegaban los papeles se quedo en Pakistán con su prometida. Que pronto saldrían los papeles de ella para ambos emigrar a Canadá.
Y mientras me comentaba todo esto, se levanto a buscar los papeles impresos, y con su suave modo, al deslizársele el velo que caía de su cabeza, lo recogió y se lo cruzo alrededor de su cuello.
Y me transporto hace treinta y pico de años en que yo viajaba en el Metro y mientras momentáneamente se detenía en una estación, una alta y delgada y guapa mujer camino rápidamente y entro al Metro al mismo tiempo que con ambas manos colocaba sobre su cabeza su bellísimo velo aqua de chiffon, le agarraba los extremos y con su mano derecha lo pasaba debajo de su cuello, hacia su espalda e instintivamente hacia lo mismo con su mano izquierda. Su cara quedo encuadrado entre su velo que le hacia juego con su largo traje hasta sus tobillos y se sentó.
Yo, quien crecí en otra cultura, era la primera vez que veía a alguien con un traje asi, ponerse un velo para cubrirse la cabellera, algo obligatorio para ellas, ya que la ocultaba de miradas extrañas; y aun es el día y en cámara lenta, en mi mente, la veo poniéndose su bellísimo velo aqua. Un poco como los cuentos de las Mil y Una Noches de mi niñez.

Mayo 22, 2023
18:05