Junio 2, 2013 10:29
En la casa bromeamos que Lala, nuestra Chihuahua, es muy inteligente y reconoce todo lo que oye. Cuando hablamos de ella ya no decimos su nombre, porque al escucharlo, inmediatamente para sus orejas atentamente. Así que decidimos que cuando fuésemos a hablar de Lala íbamos a decir ‘la perra’, sin mencionar su nombre.
Pero Lala, que de tonta no tiene ni un ápice, al escuchar ‘la perra’, levanta sus orejas en señal de atención. Ya no sabemos que decir para que ella no se percate que es el tema de nuestra conversación.
Cuando fui a Paris, el famosísimo arquitecto Gerard Grandval, me invitó a cenar a su casa. La conversación giró hacia la inteligencia de los animales que conviven con nosotros y como nos conocen. Tanto, me decía Grandval, a quien siempre lo he llamado así, por su apellido, que el gato que ellos tienen sabe cuando están hablando de él, así que para que no se dé por aludido, hablan en inglés. ¡Nos reíamos a carcajadas! Y cuando tenemos un viaje planeado, me decía, platicamos solamente en inglés para que no nos entienda.
Entonces les platiqué de nuestra Lala y que nosotros hacemos lo mismo, hablar de ella sin mencionar su nombre ya que siempre está pendiente de todo lo que platicamos. Se reían a carcajadas. Eran estallidos. Aquella carcajada espontánea, limpia, fresca, sonora. Nos salían lágrimas de tanto reírnos.
La risa de Grandval es contagiosa. Y su mirada inquisitiva. Un hombre galán, alto, delgado. Sus ojos claros te ven con la inocencia y curiosidad de un niño que todo quiere aprender. Una faz agradable, y tan, pero tan – como decirles – tan simpático, tan encantador. Siempre la sonrisa a flor de labio. Sin preocupaciones, ni enojos. Cuando lo conocí hace casi cuarenta años, me contaba que había sufrido tanto en su niñez que decidió, allí mismo, no sufrir más. Entonces los problemas pasaron a segundo plano. Y esa paz y tranquilidad es evidente a simple vista; tanto, que un extraño que iba en el metro le dijo: ‘Usted es la única persona normal aquí’. Y cuanta razón tenía al decir eso.
Grandval tiene ahora más de ochenta años.







