Crecí en un mundo feliz. Algunos dirían que irreal. Nunca me di cuenta de maldades, ni intrigas, ni odios, ni ninguna cosa negativa. Sera que mis papas nos protegieron del mal y yo crecí hasta cierto punto ‘ingenua’.
Algo a lo que siempre le di importancia, fue a la belleza. Belleza, no importa qué tipo de belleza, si física, si espiritual. Belleza en todo el sentido de la palabra. Y esa belleza incluye un rasgo, una sonrisa, una expresión en el rostro, un sentimiento noble, una puesta de sol, las pisadas en la arena, el canto de un pájaro, así como el trote de un caballo o el ágil salto de un ocelote.
Y aunque le oigo decir a parientes y amigos de mis papis que yo de pequeña era linda, mis papis nunca me lo dijeron. Nunca. Y tuve unos papas fabulosos. Tal vez no querían que me volviese engreída. Y crecí tímida, que no le dirigía la palabra a nadie. Nunca bailé, aunque me encanta el baile, sobre todo el merengue, el cual lo encuentro muy sensual. Me gusta cantar y canto a todo pulmón, aunque no tengo buena voz, y como me gustaría saber cantar.
Y cuando por primera vez escuché mi voz en un programa de radio donde pedía ayuda para los damnificados al deslave del volcán, me percaté, al escucharme, que el tono de mi voz era bajo, y me sorprendí, yo quien siempre pensé que tenía voz aguda. Y me encanta la música, y aprendí solfeo en la universidad para poder leer las partituras de música y entonar cualquier melodía.
Y aunque crecí en un ambiente muy sano e ingenua, mi sexto sentido y ‘alguien ’ que me protege, está siempre allí por mí. Y me digo que tengo una estrella, aunque bromeo también que nací ‘estrellada’ con todos los problemas de salud que he heredado. Y como me dice mi amiga Ilse, ‘pero Mimiya, si el día que vos naciste nació toda una constelación’ y me sonrío y le agradezco ese cariño incondicional de amiga.
Y aunque me vea al espejo todos los días para ponerme crema o peinarme, nunca, casi nunca me ‘veo ’ a fondo. Y es muy pocas veces, pero poquísimas que yo me detengo frente al espejo a observarme el rostro. Y hoy que me pintaba una rayita en el párpado, vi en mis ojos a mi papi. Si, al verme fijamente en el espejo, vi a mi papi que me regresaba su mirada. Y me sorprendí al ver sus ojos, y me quedé viendo en el espejo y me dije, ‘si son los ojos de mi papi’. Y aunque muchas veces la gente me lo ha dicho, y yo veo el tono de mis ojos, fue hasta hoy que me percaté que sí, tengo el mismo color de ojos que mi papi. Y me sonreí de felicidad. Y aunque con el tono de mi ropa, mis ojos cambien de color, que si son celestes, que si verdes, que si azules, que si lilas, que si grises, fue hasta hoy que vi a mi papi en mis ojos. Fue como si mi papi, desde el espejo, me regresase su mirada.
Salí muy contenta de mi habitación. Mi papi siempre está conmigo.
29 de marzo del 2014
20:34