Mi visita al centro de Toronto

Ayer que tome el Metro para viajar al centro, hacia el noroeste de la ciudad a que me hicieran un tratamiento para quemarme la grasa inmisericorde que se nos adhiere, sin permiso alguno, en el estómago, el Metro se detuvo. No creímos que fuera algo peligroso, pero cuando el segundo metro llego a la estación de Broadway y todos los pasajeros descendieron del tren, un señor nos dijo que había problemas de incendio en la línea, algunos cables pelados, así que subimos hacia la calle y tome el tranvía que viaja hacia el oeste de la ciudad

El día estaba precioso, soleado y un cielo azul maravilloso. Nos subimos en un tranvía nuevo, con sus colores rojo y blanco, de doble vagón, que lo conducía una encantadora señora, con sentido del humor, tan importante en esta vida. Le explique hacia donde quería ir y me contesto, después de muchos detalles que el tranvía viajaba hacia el sur de la ciudad, llegaría hacia la estación King y después hacia St. Andrews, que me llevaría hacia la estación que iba hacia el noroeste de Toronto, para llegar a mi destino. Mi cambio de metro era muy, muy al norte, pero que importaba si había gozado mi tour.

Desde hacía varios años que no viajaba en tranvía por esa zona.  Tiene enormes y bajas ventanas lo que permite ver toda la calle. Lo sentí como un tour, y a mi que me encanta visitar la ciudad, goce viendo los antiguos vecindarios, sus calles llenas de peatones, sus casas y edificios de construcción de 1890 y entre ellos el bellísimo y elegante Hall St. Lawrence, de tres y medio pisos, sitio histórico de Canadá construido a mediados del siglo XIX en el estilo italiano. Sus proporciones clásicas, la fina mampostería, la ornamentación del techo y la cúpula abovedada son características sobresalientes del paisaje urbano circundante y a pocos metros un imponente y estilizado edificio de diez pisos, con vidrios negros, en la calle King.

A la señora que conducía el tranvía, le iban dando instrucciones, a que calle ir, donde doblar ya que había menos tráfico, etc. Y ella en el altoparlante nos comunicaba a los pasajeros sus nuevas paradas.

En resumidas cuentas, mi viaje en el tranvía lo gocé muchísimo, tanto que al día siguiente fui con maridito a dar una vuelta por la ciudad, tomando siempre el mismo tranvía que esta vez viajo en la ruta que usualmente tomaba. El tranvía siempre viaja en la calle, no entra a túneles.

Mi viaje de una hora se convirtió en un tour de tres horas. Tres horas que las disfrute en cada momento. Viviendo y gozando conscientemente la maravilla del tour.

Agosto 19, 2022

14:21

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