Los Nubarrones

29 de septiembre del 2012  

1:17am

Al salir de la casa noté unos  enormes nubarrones negros que cubrían el cielo. Venían del lado este – del lago Cocibolca – y se dirigían hacia el imponente Mombacho. Pícaramente, entre ellos, se asomaban unas brillantes y pequeñas nubes blancas que aclaraban el celeste cielo, haciendo resaltar  lo obscuro de los nubarrones, y produciendo un contraste maravilloso.

En el ambiente se sentía la humedad y el frescor del viento y los pajaritos volaban en bandadas buscando refugio. Unas cuantas gotas de lluvia cayeron al suelo dejando ese olor característico a tierra mojada. A tierra fértil.

Pero son solo eso, nubarrones.  

Y aunque momentáneamente obscurecen el firmamento, el viento sopla llevándoselos y vuelve el cielo a brillar.

La música del chagüite

21 de noviembre del 2012  

22:20

Ya me ha pasado varias veces.  Escucho como si estuviese lloviendo. 

Y es tan similar ese sonido a la música que produce la caída de la lluvia, que vuelvo a ver hacia el patio y busco las gotas de lluvia en la tierra y al no verlas, levanto la vista hacia el techo y allá, por arriba, detrás del alto tejado de barro que cubre las gruesas paredes de adobe, avisto las raídas hojas del chagüite del vecino, mecidas por el viento; y es entonces que me percato que el sonido que escucho, ese sonido como si estuviese lloviendo, es la música del viento al pasar a través de las raídas hojas del chagüite.

La música que semeja la caída de la lluvia.

¡MIS 65 PRIMAVERAS!

‘Que linda que sos’, le escribí a una vieja amiga; ‘¡te acordaste!’, le dije, al felicitarme ella por mi cumpleaños venidero.  No tanto vieja, por la edad, aunque ya tiene más de ochenta y cinco años, sino por el tiempo que tengo de conocerla.  Y le digo, ‘te acordaste de La Gata’, ya que me llama ‘Gata’ todo el tiempo y cuando me escribe, así se refiere a mí y yo, por supuesto, al escribirle, me firmo, ‘La Gata’.

Aunque me parezca mentira, ¡cumpliré 65 años!  Como es posible que tenga esta edad, yo, quien me siento tan joven todavía; es hasta que me veo en el espejo que enfrento la realidad; pero esto no es todos los días, ya que aunque me ponga frente al espejo todos los días, en realidad, en realidad, no me veo.  Me lavo los dientes y me pongo crema en la cara, casi automáticamente.  Y es, solamente, a veces, que le pongo atención a mi cara y veo las arrugas que la marcan.

Las llamo el recorrido de mi vida, la historia que cuenta mi piel y estoy muy orgullosa de ellas; aunque hace unos pocos años no me veía tantas arrugas como ahora; hoy si las noto.

Pero ahora, tranquila en mi piel, nada me preocupa. Ahora pinto al óleo, escribo, declamo mis poesías, canto, bailo, siembro mis plantas, monto a caballo, aprecio hasta el más mínimo detalle en la naturaleza, amo el campo y siempre contenta con lo que hago. Ya no me preocupa ‘el que dirán’, ahora me visto como quiero – bueno, siempre lo he hecho – siempre he sido yo; ahora lo que hago, esta bien.  También me he vuelto reservada.  Ya no exploto en enojos – eso, ya paso.  Ahora pienso bien lo que digo y tranquila escucho la opinión de otras personas.  Pero, . . . lo que importa . . . es lo que yo pienso. Yo, soy yo.  ¡Contenta con mis 65 primaveras!

6 de mayo del 2013

15:33 hrs.