‘Que linda que sos’, le escribí a una vieja amiga; ‘¡te acordaste!’, le dije, al felicitarme ella por mi cumpleaños venidero. No tanto vieja, por la edad, aunque ya tiene más de ochenta y cinco años, sino por el tiempo que tengo de conocerla. Y le digo, ‘te acordaste de La Gata’, ya que me llama ‘Gata’ todo el tiempo y cuando me escribe, así se refiere a mí y yo, por supuesto, al escribirle, me firmo, ‘La Gata’.
Aunque me parezca mentira, ¡cumpliré 65 años! Como es posible que tenga esta edad, yo, quien me siento tan joven todavía; es hasta que me veo en el espejo que enfrento la realidad; pero esto no es todos los días, ya que aunque me ponga frente al espejo todos los días, en realidad, en realidad, no me veo. Me lavo los dientes y me pongo crema en la cara, casi automáticamente. Y es, solamente, a veces, que le pongo atención a mi cara y veo las arrugas que la marcan.
Las llamo el recorrido de mi vida, la historia que cuenta mi piel y estoy muy orgullosa de ellas; aunque hace unos pocos años no me veía tantas arrugas como ahora; hoy si las noto.
Pero ahora, tranquila en mi piel, nada me preocupa. Ahora pinto al óleo, escribo, declamo mis poesías, canto, bailo, siembro mis plantas, monto a caballo, aprecio hasta el más mínimo detalle en la naturaleza, amo el campo y siempre contenta con lo que hago. Ya no me preocupa ‘el que dirán’, ahora me visto como quiero – bueno, siempre lo he hecho – siempre he sido yo; ahora lo que hago, esta bien. También me he vuelto reservada. Ya no exploto en enojos – eso, ya paso. Ahora pienso bien lo que digo y tranquila escucho la opinión de otras personas. Pero, . . . lo que importa . . . es lo que yo pienso. Yo, soy yo. ¡Contenta con mis 65 primaveras!
6 de mayo del 2013
15:33 hrs.