Los cerezos en flor

Viernes, 08 de octubre de 2004; 09:45:59

 Como me gustan los cerezos en flor, – son bellísimos – pero, más que todo, es comer esa deliciosa fruta, la cereza.

 Hace anos fui a la casa de una señora quien tenia un cerezo lleno de frutas, tantas que el suelo parecía una alfombra de cerezas y decidí comprarme un árbol yo también.  Así que me fui a un vivero y pregunte por un árbol de cerezo, el que diera la fruta más dulce, más obscura, y sobre todo, que diera frutos pronto.

 Así que con la ayuda del experto, creí yo, vine a la casa con mi bello árbol.  Con cariño y amor lo regué; lo sembramos detrás del garaje, mis hijos abrieron un hoyo en la tierra, mucho más grande que las raíces del árbol, le puse tierra negra, lo aboné, regué y esperé por mis cerezas.  Pasaron dos años y yo siempre esperando, ya que al tercero iba a dar frutos.

 Un día estaba en la casa de una amiga bañándome en su piscina y nos sentamos a tomar un jugo y al admirar su jardín bellísimo, note un árbol florecido todito con bellísimas flores rosadas; le pregunte que era y me dijo que era un cerezo, ‘ah’, le dije, ‘así que tendrás cerezas muy pronto’, ‘no’, me dijo, ‘solo florece, no da fruto’.

Al regresar a casa, lo primero que hice fue ver el nombre del tipo de cerezo que había comprado, nombre que todavía estaba alrededor del tronco de mi árbol, y horror, que leo, ¡cerezo floreciente! El mismo nombre que Julia me había dicho.  Tres años esperando por mis cerezas.  Fui enojada al vivero y les conté toda la historia..  Nada, no había nada que hacer.  ¡Esos expertos que tienen!  Expertos en nada, pensé para mis adentros.  Me compre otro cerezo, pero esta vez me afirmaron que si daría fruto.  ¡Que iba a saber yo que hay variedad de cerezos!  ¡Y que los que florecen bellísimos y se cubren todos de rosado, no dan fruto!

Lo sembré cerca del otro cerezo; el primer año no dio flores, el segundo año dio cuatro, ya el tercer año dio tres cerezas, que se comieron los pájaros antes de que yo las saboreara.  Este año dio flores pero no fruto. Lo podo, abono, pero no veo que mejore.

 Ambos cerezos tienen el mismo tipo de hojas y su flor rosada, bellísima, es delicada.  Este año se llenaron de flores ambos árboles, y mis frutas, ¡solo dos cerezas!  Tampoco las probé.

 La calidad de la tierra es pésima, por lo que he decidido regalarle mi cerezo, el que da frutos, a Gabry y Susy, para su nueva casa.  La próxima primavera cavaremos alrededor del tronco, para sacarlo con mucha tierra y no tocarle sus raíces, y lo sembraremos en su patio.  ¡Allá si que dará cerezas!

La memoria

Jueves, 05 de Enero de 2006; 17:44

Hoy que fui a mi terapia diaria para recobrar la movilidad de mi brazo quebrado, y para colmo, el derecho, le decía a la terapeuta que el brazo aun me duele – desde anteayer cuando me hizo tracción.  Y al tratar ella de girarme un poco la mano, di un grito de dolor; ‘si’, me dijo, ‘su resistencia al dolor es casi nula’.  ‘Si’, le contesté, ‘ya llené mi cuota de dolor, y ahora no aguanto nada’.

‘Hace unos 13 anos’, le dije, ‘estuve muy enferma y me hicieron unos exámenes, donde después de inflarme el estomago, me insertaban unas agujas larguísimas, y todo esto sin poder moverme o respirar, cuando me  hacían el CT Scan.  Era dolorosísimo’.

De pronto me detuve en mi relato – no podía continuar – un nudo en la garganta me lo impedía y mis ojos comenzaron a llenarse de lagrimas y se desbordaron, sin control, por mis mejillas. Varias veces respiré profundamente hasta sentirme un poco mas tranquila.  Respiraba a fondo, lentamente, al mismo tiempo que me limpiaba las lágrimas.

Me percaté del silencio en la habitación.  Solo mis sollozos callados lo interrumpían.  ‘El doctor’, logré continuar, ‘me había dicho que le dijera cuando ya no aguantara más dolor y aun cuando se lo dije repetidas veces,  no me hizo caso.

Cuando finalmente me sacaron de la capsula del CT Scan, entré en shock.  Temblaba  incontrolablemente y cuando pude hablar, viéndolo a los ojos le susurré entre dientes: ‘Le dije que ya no aguantaba el dolor.  Usted, tiene que escuchar a sus pacientes’. Me miro asustado.  Pude ver el miedo y angustia en sus ojos – yo no dejaba de temblar.  Oí que le decía algo a las enfermeras del hospital, inyectarme algo, pero me negué.  Les dije que pronto estaría bien.  Que había sobrepasado mi límite al dolor y mi cuerpo no lo aguantaba mas, que pronto estaría bien’.

Me quedé callada al terminar mi relato, limpiándome siempre las lágrimas.  ‘Y como se llamaba el doctor’, me preguntó la terapeuta. ‘No sé, no recuerdo’, le contesté.  ‘Ah’, me dijo, ‘lo borró de su memoria’.

Mi memoria me transportó e hizo revivir esos momentos tan dolorosos, pero borró la imagen de ese doctor que no me escuchó como paciente.

Mis Moras Salvajes

14 de julio del 2004

 Por las mañanas camino por mi jardín en el patio trasero de la casa.  Mi extenso jardín lleno de flores salvajes hacia el lado izquierdo y al fondo una pared de cipreses altísimos, dando la impresión que estoy fuera de la ciudad, aun cuando vivo dentro de ella.  Los pájaros cantan, se bañan en la pilita que siempre lleno de agua, y comen en el comedero que esta por las flores.  Camino detrás del garaje donde están las rosas salvajes; se cubre toda la malla con cascadas de rosas blancas, pequeñas y olorosas; puños y puños de ella, tanto, que casi llegan al suelo.

Huelo mi hierbabuena –ha perdido el olor tan conocido – me pregunto si será la sombra de los rosales – veo mis flores, cuales han floreado y entre los rosales, escondidas entre sus espinas, crecen mis moras salvajes.  Aunque esté ocupada haciendo algo más, siempre me detengo a comer las moras.  Han crecido solas – algún pájaro que boto la semilla digo yo – y la rama al tocar tierra, se enraíza y forma otra planta.  Toda la malla está cubierta de moras y rosales salvajes, así que me detengo y arranco una, dos, cinco, diez, no me puedo detener; continúo cortándolas y al agacharme un poco veo que escondidas debajo de las hojas, hay más moras – negras de tan maduras, deliciosas; al comerlas las saboreo y continúo cortando y cortando más, a bocanadas me las como, de diez en diez y así introduciendo mi brazo entre las espinas de las moras – espinas finas y delicadas protectoras de su fruto – encuentro otra mora más y otra y otra, y continúo encontrando más.  Me empino sobre la malla y veo que hay montones del otro lado, así que introduzco mi brazo entre la malla, espinas, ramas, rosales y flores y alcanzo la mora furtiva que se quiere escapar de mis dedos; algunas se caen al suelo – que pesar me da – una menos pienso, una menos para saborear. Hay unas tan maduras que se desbaratan al tomarlas en mis dedos y se hacen jugo en mi boca. Me las como de a montón.  Cada racimo tiene 5–6 moras, casi todas maduras, y se han tornado negras de lo madura que están, ya que el rojo vivo de su color ha desaparecido,

Comparto mis moras con Edoardo mi hijo, y le digo, ‘comételas de a montón, de diez en diez’,  – ‘no’, me dice, ‘no las desperdicies, comételas de una en una’.

 

La caida de las hojas

9 de noviembre del 2004; 3:33:42

El árbol frondoso del vecino, el catalpa, desnudo esta.

Sus hojas todas, desparramadas por el jardín veo

y a merced del viento se levantan revoloteando

contra los cipreses en una esquina del patio.

Todas sus grandes hojas café-amarillentas

cayeron ayer, casi a la vez

y hoy, tostadas por el frío,

se resquebrajan en el suelo,

así como las hojas del arce.  Ya casi no tiene ninguna.

Pero las hojas de los cerezos,

alargadas y finas,

se han tornado rojizas,

y erguidas, continúan en los árboles,

aun cuando el viento las arremete con fuerza en las frías noches,

y las soleadas mañanas

con escarchas tintineantes que luego,

aun antes de llegar al suelo,

se evaporan.

El crujiente sonido de las hojas al caminar,

es música otoñal,

melodía de esta época,

transeúnte, vibrante

de tonos rojos, naranjas, café, amarillos.

Que maravilla!

Y entre esos árboles rojizos,

los verdes entremezclados,

de los pinos canadienses,

contra un contrastante, limpio cielo azul.

El otoño está a la vuelta de la esquina

28 de Julio del 2005; 04:58

La conversación en Canadá siempre gira alrededor del clima, si hace frío, si está nevando, y por supuesto mi escrito de hoy es . . . . sobre el clima, que más podría ser.

Desde mediados de julio la temperatura comenzó a cambiar.  Cuando nos sentamos en la terraza por las noches, a gozar de nuestro jardín, el amplio patio, los cipreses que tanto cuido, ver a los pajaritos bañarse en la pilita, o a cenar, ya se siente el aire fresco.  El calor del verano ya no existe.  Y cuando salgo por las mañanas al porche de la casa a regar mis plantas, ahora si respiro aire fresco.  Ya no se siente el calor del verano.   Es tan corto el verano!

Este verano ha sido cortísimo. Tan corto, que siento que casi no hemos tenido verano.  Si tuvimos unos días calientes y los aprovechamos para ir a la playa, broncearnos, trabajar en el jardín, pero, decir que tuvimos un buen verano, pues no.  Estamos a fines de julio y el aire que respiramos ya está fresco.  ¿A fines de julio, me dirán, pero como, si el verano llega hasta agosto?  Si, llegaba hasta agosto para ser mas precisa, porque según veo hasta acá llegó nuestro verano.

Me siento un poco triste cuando pienso en lo corto que ha sido este verano.  Ya no gozaremos del patio donde Nequito y yo nos sentamos por las noches, desde como a las 7 y entramos a la casa como a las 9, cuando ya está refrescando o los mosquitos nos corren.

A veces ensimismada trabajo en el jardín,  arranco el monte, podo plantas, las transplanto, resiembro grama – la semilla toma mucho tiempo para crecer, así que también resiembro la grama que corto de las orillas – y Nequito en la terraza me observa.

Al terminar un día y sentarme en la terraza con el, me comentó, ‘que harás en Nicaragua si no tenes un patio como este’.  Y que hará el también, me digo yo.  Goza de su terraza, cocinando a la barbacoa – es un excelente cocinero, sin lugar a dudas – observando con sus binoculares a los pájaros, regando sus verduras, o simplemente gozando de la tarde.

Hace una semana acompañé a una amiga a un hospital en la ciudad de Markham al norte de Toronto y cual no seria mi horror al llegar al estacionamiento con sus amplios jardines con grama y árboles y ver las hojas de unos árboles en el suelo. ¡Que horror’, le comenté, ‘ya se están cayendo las hojas de los árboles’! Si, que horror, porque eso es señal de que el otoño está a la vuelta de la esquina.

Cuanto vale una sonrisa

Lunes, 1º. de mayo del 2006; 9:00

Desde hace varios días estoy triste.  La enfermedad de Marlene me preocupa tanto, que lo único que hago es llorar al verme imposibilitada – esa sensación de inutilidad que me embarga,  que le busco solución y no la encuentro. Entonces las lágrimas me corren por las mejillas incontrolablemente.  ¿Que hago?  Rezar.  Me tranquiliza, me produce una calma espiritual intensa y rezo por un milagro y al final digo que se haga la voluntad de Dios.  Pero este dolor es casi inaguantable. Ante semejante caos, soy nada y nada puedo hacer.

Pero después pienso que si hay mucho que puedo hacer y lo estoy haciendo.  Le levanto el espíritu, le hago bromas ante su temor de la radiación, que no sentira nada le digo y de que le pondrán un pequeño catete x las venas; ‘caramba’, le bromeo, ‘si pudiste tener tus hijos y pasaron x un huequito pequeño, este catete  no es nada’.   Y se ríe y deja de llorar.  Y abrazadas la reconforto diciendole ‘que no le va a doler, que es una tontera lo que le harán’. Pero sus temores están allí, los veo en su mirada.  Me habla como una niña, ignorante de todo y tan frágil, dependiendo tanto de mí.

William Jay me dice que lloremos juntas, pero no puedo flaquear frente a ella, porque entonces ella flaquearía y no puedo permitir que dude que al final todo estará bien.  Así que todo se lo hago bromas, nos reímos  muchísimo; gozamos de tonterías que me ocurren, como en mi fisioterapia que los electrodos impulsivamente me levantan un dedo y no puedo regresarlo a su posición.  Que tal, le digo, si subiera la energía del electrodo, estuviera como con una descarga eléctrica y le demuestro como se me verían las manos. Ja, ja, ja, nos reímos a carcajadas. Tanto, que la gente nos ve en el Sunnybrook, donde todos los que nos rodean tienen cáncer, y sonríen y nosotras riéndonos, yo disipando sus temores con una sonrisa.  Cuanto vale una sonrisa que se transforma en carcajada.

Por un momento sus preocupaciones se disipan.  Le hablo de mis ejercicios diarios, y como temerosa puse la maquina a que caminara a 1.7 de velocidad.  La muchacha asustada de la lentitud me pregunto si estaba bien (estaba súper lento) y yo le conteste que si, como una gran atleta que esta corriendo su maratón, y cuando ahora pongo la maquina a 3.7 que es todavía lenta en comparación con lo que debería estar caminando de rápido, yo termino con la lengua de fuera, le digo.  Ja, ja, ja.

¡Cuanto nos reímos!

Y con esa sonrisa

se disipan sus preocupaciones

y aunque sea por un momento,

se olvida de ellas.

Recuerdos de mi Nana Lacha

August 21, 2003; 18:40

 

Cada vez que he ido a Nicaragua, recuerdo a mi nana, la Lacha.  La veo como una mujer guapa, delgada; morena; no se si en mi memoria la tengo confundida con alguien mas, o en las fotografías que he visto de cuando estaba pequeñita ella aparece.  Tendría que revisar las fotos. Tengo vagos recuerdos de ella, pero se por mi mami que ella fue la primera persona que me cuido.

Lacha no es su verdadero nombre, sino Esperanza, pero como no lo podía balbucear bien, me ha de haber sonado a Lacha, y así se quedo para toda la vida. Lacha.

Ahora que fui a Nicaragua en Junio-Julio 2003, estaba ocupadísima, y es mi primo hermano Carlos José, quien me lleva a hacer algún mandado o aprovecho sus viajes para ir a alguna parte, o simplemente pasear y gozar el país.

Al día siguiente estábamos los dos camino a Chichigalpa.  La carretera esta bellísima.  No lo podía creer, recién construida.  Hay unos pocos tramos que aun no han terminado, pero es como un 0.001% de la carretera.  Bromeaba a Carlos José, con quien me llevo súper bien (platicamos referente a asuntos con los que no estamos de acuerdo, pero nunca una discusión) que debería estarme agradecido que le servía de compañía en tan largo viaje, que si no, iría aburridísimo, y así bromeábamos todo el camino.

Llegamos a Chichigalpa y mientras el daba sus vueltas yo pregunté donde quedaba la alcaldía.  La gente me preguntó que para que, y les dije que iba a sacar mi partida de nacimiento.  Ud. es de aquí, me preguntó la señora, si, le conteste, nací en el Ingenio San Antonio; pero aun así como que no la convencí de mi aseveración.

La alcaldía queda en la calle principal de Chichigalpa, con una bandera de Nicaragua ondeando al aire libre; en el Registro Civil habían 3 muchachas uniformadas de verde (mi primo las bromeo si eran conservadoras por el color de su traje), una de ellas me atendió y escribí mi nombre, le pronuncie el apellido, se acerco otra de las muchachas y me preguntó y le dije cual era mi nombre completo, mientras le ayudaba a la primera a hojear los restos de paginas de lo que fueron los registros de las partidas de nacimiento de hace cincuenta anos. Estaba preocupada de si mi partida de nacimiento podría ser leída, ya que solo había restos de páginas, y me asevero la segunda de ellas que se había acercado, que las partidas de nacimiento estaban en microfilm.  Respiré confortada, que mi viaje no había sido en vano e iba a obtener mi partida de nacimiento.  Del fondo del Registro se levanto una muchacha y me pregunto, ‘cual es su nombre?’, le repetí, ‘Melba María O’Reardon’, ‘hija de Dona Melba’, me pregunto, ‘si’ le conteste, y me dijo, ‘mi mama fue su Nana’. ‘Si’, le interrogue, y quien es tu mama?’, ‘Esperanza Poveda de Velásquez’ me contesto, ‘la Lacha’ le intercepte, ‘si’, me dijo, ‘la Lacha’.  ‘Y donde esta’, insistí; ‘aquí’, me dijo.  ‘Aquí vive en Chichigalpa?’ le pregunte de nuevo, ‘si’, me dijo, ‘a pocas cuadras de aquí’.  Le insistí que la quería ver; – hace muchísimos anos que no veo a la Lacha – no sabia que estaba viva.  Les tengo que aclarar que soy una persona sentimental, estaba emocionada, iba a ver a la Lacha, la nana que siempre cuido de mí.

La muchacha que me pregunto por mi nombre es la jefa del Registro e hija de Lacha.  Me contó que la otra hermana es terapeuta y así todas ellas sacaron una profesión.  Me alegro muchísimo  Ma. Haydee es su nombre y es ahijada de mi mami.  Me contaba como su hermana vivió en nuestra casa también y era traviesa y media.  Tomada de la mano de mi hermano Ignatius, agarraba todos los adornitos que encontraba a su paso y Lacha viéndola con los adornos le decía que los dejara en su lugar, y ella automáticamente los soltaba, cayendo al suelo y haciéndose añicos!

Así que mientras sacaban mi partida de nacimiento (decidí sacar 3 originales) Ma. Haydee y yo caminamos hacia su casa.  Ella momentáneamente vive con sus papas, ya que esta construyendo casa frente a la de ellos.  Mientras caminábamos le pregunte por la salud de Lacha. Primera vez que viajo a Nicaragua y no llevo cámara. Le comento lo triste que es que no tenga cámara.

Llegamos a la casa.  Tienen una casa construida de bloques y atienden una pequeña venta.  Cuando entro hay dos personas detrás del gran mostrador, un señor y una señora, por sus facciones denoto que es Lacha, camino hacia ella y le pregunto si conoce estos ojos.  Me queda viendo sorprendida y sonriéndose, no sabe que decir.  Se toma el delantal y lo apretuja entre sus manos. Lacha es una mujer robusta, guapa, morena, baja. Le digo viéndola a los ojos, ‘soy Melba María’; sus ojos se agrandan, no lo puede creer, ‘Melba María?’ me pregunta, ‘si’, le digo, y la abrazo emocionada.  No le pasa que me tenga frente a ella, que me este viendo, ‘yo pensé que nunca te iba a volver a ver’, me dice.  Nos abrazamos de nuevo, todo el cariño de una vida en ese abrazo. ‘Yo no sabia que estabas viva’, le digo. Nos sentamos, y Lacha me agarra de la mano, mi Lacha, esta emocionada.  Yo también.  Me comienza a platicar.  ‘Yo quería ser tu nana’, me dice, ‘porque eras linda, parecías una muñeca!’

Le pregunto como llego a la casa a trabajar y Lacha me traslada mentalmente a la casa de mis abuelitos, mi Papa Nacho,  mi Meme, de mi Tete;  llego a esa casa a los 14 anos, y cuando Papa Nacho murió, Meme y Tete se fueron a vivir a Managua  ‘Todos los días te llevaban a la casa por las tardes a ver a tus abuelitos’, me dice ‘y siempre te veía’.   ‘Eras linda’.  ‘Parecías una muñeca’, insiste.  ‘Y yo me decía que quería trabajar en tu casa para cuidarte, así que cuando Dona Josefina se fue a Managua, me quede de nana tuya. Yo tenia entonces 16 anos’ me dice.

Lacha es aun una mujer guapa; aun se le nota en sus rasgos que debió haber sido muy guapa. Tiene 73 anos, sonriente, recia, amable, sencilla, llena de cariño.  Mientras platica me tiene agarrada de la mano; me ofrecen un refresco, el tiempo pasa y continuamos platicando.  Me despido, le dejo el dinero que llevo conmigo, son solo unos pocos cienes, afirmando que nos volveremos a ver.  Se niega a aceptarlos. Dice que no.  Yo insisto.  Si, para  que cuando regrese con mis hijos en Septiembre nos llegue a ver, le digo.  Le hablo de ellos, que tiene que llegar a la boda.  Quiero que los conozca.  Me despiden ella y Napoleón, su fiel y guapo esposo, en la puerta. Me alejo por la calle adoquinada y allí veo a Lacha, en la acera, diciéndome adiós..

Mi apellido

20 de julio del 2005; 08:44

La computadora escribe mi apellido así, con un montón de signos.  No puede descifrar el apóstrofo, así que ahora dice que me llamo Mimiya O'Reardon.

Esta computadora piensa por si sola, ya que también se atreve a corregir mis escritos.  ¡Habrase visto que osadía!  Me molesta y por supuesto, me hace perder el tiempo ya que cambia casi todo lo que escribo; no está de acuerdo con lo que escribo y decide ella sola, sin mi autorización,  corregir mis escritos.

Yo, que sepa, no la he contratado para hacer ninguna corrección.  ¿Que estará pensando? ¡Que le voy a pagar al final cuando haya desbaratado mi documento!  Porque eso es lo que hace, desbarata mi documento, ya que lo escrito no tiene sentido en absoluto.

No es que yo sea un genio al escribir, pero por lo menos escribo sobre ciertos asuntos que a mi me interesan; llámenlos sencillos, sin mucho vocabulario, etc. o como uds. quieran, pero, vamos, son MIS escritos y no veo yo el por qué esta computadora tenga que corregírmelos.  Yo no le he pedido que lo haga.

Así que cada vez que  me siento a escribir, allí estoy yo enojada, corrigiendo una y otra vez sus ‘supuestas’ correcciones.  Caramba, esto de que piense por si sola me aterra.  ¿Que será de mis nietos?  Ya que para esa época, ni siquiera tendrán que pensar, la computadora lo hará por ellos. Pobre su gramática, y ortografía! Principalmente su ortografía, ya que no podrán escribir su idioma.  La computadora lo hará por ellos.  ¡Que horror! No veo muy halagador el futuro gramatical de mis nietos.

I am all alone

November 25, 2007
17:50 pm

After Marlene’s death I was depressed, but I got better with anti-depressant pills, which level the unbalanced chemistry in the brain. Decided to take them before I hit rock bottom! I took them for 3 months only and I feel much better. And after all I have gone through, well, life is a bit sad. So many deaths in the family. And in only one year. So much suffering.

I find that if I pray I feel better, thus here I am praying every day.

I have felt so alone – Marlene with whom I laughed, I cried, I comforted – all our plans of aging together and going to the beach and having fun. They are all gone. And then my cousin Carlos Jose, who was like my brother, who hugged me and comforted me when I could not stand the pain of leaving Marlene in Nicaragua, who took me along in his working trips around Nicaragua, who walked me home late at night, gone also and at age 48. All our laughter together and our cries – all gone and forever.

I feel that I have been left alone, that I am the one left to take care of everybody else, and I am all alone.

Sometimes I am very sad, but Emma Christine our 18 month old granddaughter is the one who makes me laugh. You should see her standing on the piano bench and hitting the keys with such force and then she turns around, looks at us and waits for our praise and she claps also and then continues with her playing, so sure and proud of herself as if she has performed an amazing symphony!

La compania

La compañía

X Mimiya O’Reardon

22 de noviembre del 2010;   22:26

Ahora que he estado sola, ya que Nequito se fue a resolver asuntos desagradables de su familia, he estado tranquila, como con mucho tiempo libre.

El domingo fui de compras, y estaba consciente de que andaba de compras a solas; aunque la mayoría de las veces hago mis compras a solas, porque los hombres no tienen paciencia, me percaté que andaba sola.

Hoy que fui al supermercado, imagínense que no sabia donde estaba ni la leche, ni los frijoles, ni nada. Y me enojé conmigo misma al verme tan inútil.  Y me percaté de todo lo que hace Nequito y que no me agrada hacer a mí.  Y el me hizo falta.  Me sentí sola sin el.  Bueno, después de casi 37 anos, es lo menos que me puede suceder.

Me senté a ver una comedia en la televisión, tomándome una copa de vino tinto con queso, y me volví a sentir sola.  Y recordé una vez más, lo que yo decía de chavala, que nunca me hubiese hecho monja, ya que no me gusta la soledad.

Recordé a una amiga que vive sola.  Recordé a mi tía, quien vive sola también, en Francia, pero tiene la gran suerte de que le gusta leer.  Eso es fabuloso. Así que decidí escribir.  Eso es lo que hago la mayor parte del tiempo, cuando no estoy  pintando al oleo o trabajando.