NUESTRA ALMA ES ENERGIA POSITIVA

En este universo, poblado por todo tipo de seres, nosotros, los humanos somos seres privilegiados. Si, privilegiados, ya que tenemos alma.

Otros seres no la tienen, por lo tanto, esto nos hace ‘únicos’. Somos seres especiales. Tenemos eso que otros seres desean tener. Ellos, no lo tienen.

Alma es la esencia inmaterial que define nuestra individualidad y humanidad. El alma es considerada el principio que da vida.

Proviene del latín ánima y del griego psyché, que significa ‘alma humana’, y, en ese sentido, alma es sinónimo de psique, ‘soplo vital’ y self (el sí-mismo), pero también es sinónimo de individuo, persona o habitante.

En teología (el estudio de Dios), el alma es una parte del individuo que contiene una porción divina.

Nuestra alma, es lo que nos hace ser lo mejor que podemos ser.

El alma es la vida humana e incluye nuestras emociones y sentimientos, nuestro pensamiento, nuestra vida interior, nuestros deseos, nuestra voluntad. Es algo diferente al cuerpo, y según algunas creencias, es eterna, imperecedera, (tanto en personas como en plantas y en animales).

Por tener alma, es que nuestras vibraciones son altas.  Si, vibramos con lo mejor que hay. Y el mantenernos con esas altas vibraciones, nos hace ser mejores seres humanos. Con más sabiduría, bondad, pureza, amabilidad, cariño, compasión y empatía.

Esas emociones y sentimientos nos alejan del mal. Por lo tanto, el mal no nos rondara porque la maldad no tiene cabida cuando existen esos buenos sentimientos.

Hay entidades inter dimensionales negativas que flotan en el ambiente, adheriéndose a nosotros los humanos y alimentándose de nosotros, manipulándonos con pensamientos negativos.

Utilizan a los humanos, cuya vibración ha decaído, para llevar a cabo su propia agenda en el planeta, influenciando nuestros pensamientos y actos.

Por eso la importancia de mantenernos con nuestra frecuencia en alto.  Con un buen sistema inmunológico.  No te preocupes innecesariamente, alimentándote del miedo que infunden los sistemas de comunicación, o que te enfermaras u otros pensamientos negativos.

Nuestro primer pensamiento debe ser de agradecimiento; todos los días. Eso hará que tu espíritu, tu cuerpo, tus emociones, así como tu condición medica se balanceen, cambiando tus emociones en el camino de la vida.

Nuestra alma es la vida humana. Es energía positiva.

            2 de febrero del 2022

16:45

 

 

La Energía Positiva

La Energía Positiva

En este mundo estamos para ser felices.

 Al ser felices, emanamos energía positiva. La cual compartimos. Y esa energía positiva es la que nos beneficia a todos, ya que cada uno de nosotros con el universo, somos UNO.

Todos y cada uno de nosotros, formamos parte del TODO, somos UNO. Y al ser todos UNO, los actos de cada uno de nosotros nos afectan a TODOS.

 Por eso, a dar amor, energía positiva y no hacer daño a nuestros semejantes, dar gracias por todo lo que tenemos y por lo que no tenemos.

 Al pensar todos positivamente, el universo nos regresará esa energía positiva y seremos TODOS mejores.

Te deseo un buen día.  

 Noviembre 8, 2018    13:29

Todos somos culpables

Ahora que estamos en medio de un genocidio, perpetrado por el gobernante que sin haber ganado elecciones, se mantiene con artimañas aun en el poder, no puedo más que recriminarme los acontecimientos. Acontecimientos donde todos somos culpables.  Si, culpables de que este genocida nos esté acribillando.  Porque de una manera o de otra, todos, todos ayudamos.  Pasando papelitos, donando gasolina, escondiéndoles cuando corrían por las calles, trabajando por ellos, llenos de un ideal que nos cegó, al no comprender sus verdaderas intenciones, hablando y escribiendo a favor de ellos, sin razonar, sin ver lo que nos acontecería en el futuro.

 Se dice que cuando uno está en el meollo del asunto, uno no ve la verdad.  Uno forma parte de ese círculo vicioso. Es hasta que uno se separa, está lejos, que uno analiza la situación.  Y es hasta entonces que nos percatamos de lo ciegos que estábamos.

 Es la deshonestidad encarnada en nuestro ser que nos hace volver la cara hacia el otro lado y hacernos de la vista gorda ante tanto robo, estafa.  Traicionaron los ideales de Sandino por una Nicaragua mejor.  Y tras treinta y nueve largos años, donde la niñez creció acostumbrada a tomar lo ajeno y verlo lo más normal del mundo, que se roban casas, propiedades, donaciones, medicinas, cuadernos, lápices, que finalmente el pueblo, ese pueblo despertó de tanta ignominia. Ese pueblo al que habían mantenido en la ignorancia.

 Y despertó el campesinado al ver que quemaban la naturaleza, la que nos proporciona el aire que respiramos, los animales y plantas que nos alimentan.  Gloriosos campesinos que montados en sus caballos galoparon para reclamar ante tanta destrucción.

 También fueron los abuelitos contándoles a sus hijos y nietos, que ellos pelearon en la revolución anterior y que ahora el estado les quería quitar el poco dinero al que tienen derecho para sobrevivir.  Nietos que escucharon de sus abuelos como habían defendido con su sangre ese ideal y que ahora una pareja y sus sátrapas, les querían quitar su modus vivendi. Que venían escuchando de sus labios todas las vicisitudes que habían pasado y como aun vivian en extrema pobreza, mientras los otros, esos secuaces que gobiernan, acumulaban riqueza tras riqueza.  De cómo los engañaban contentándolos con unas láminas de zinc y unas gallinas, mientras ellos se apropiaban de todas las riquezas a las que tiene derecho Nicaragua y por ende, el pueblo.

 Y esos nietos levantaron su voz.  Voz que se escuchó en las entrañas de la tierra y Nicaragua entera despertó.  Ese gigante adormecido, se lanzó a las calles pidiendo justicia.  Y ante la vil opresión, se levantó aún más y no le importó inmolarse por sus derechos. ! Piden que se vayan!  Porque ya no tienen nada que hacer en este país.

 Así que ahora, para lavar nuestras culpas, unámonos todos a levantar esos tranques lo más alto que podamos, esos tranques que tanto les molestan porque ya no puede circular libremente la droga ni la madera de nuestros bosques. Esos benditos tranques donde se ha derramado tanta sangre noble y joven.  Donde se ha inmolado el futuro de Nicaragua.

 Unámonos todos poniendo nuestro granito de arena, porque solo unidos venceremos. Nuestra Nicaragua nos necesita hoy, mas que nunca.

14 de junio del 2018 

22:33

 

 

El Camioncito Toyota

28 de junio del 2016

20:03

Hoy que fui a Masaya, necesitaba transportar un poco de material hacia la construcción, cuando se me acercó un señor ofreciéndome transporte en una pequeña camioneta o camioncito, como me aclaró después; era en realidad un camioncito. Ofreció llevarme donde vendían madera, donde comprar sacos para la arena de playa que necesitaba, donde vendían los bloques pequeños de buena calidad y no los ‘garroteados’ que venden en Masaya.

Reí cuestionándome la expresión de ‘bloque garroteado’ la primera vez que la escuche.  Que lo hacían a puro garrote, o sea, golpeándolo para que se compactase el cemento y arena y no a máquina, como se hacen los buenos bloques.

El señor insistía en acompañarme por dondequiera que iba; molesta yo un poco ante su insistencia, de que no me dejase en paz y quisiese ayudarme en todos mis menesteres.

Después de hacer unas compras, volvió a insistir que el sabia donde yo podría comprar mis materiales.  Así que decidí acompañarlo.  Caminé hacia la venta de madera y mientras regateaba los precios de tablas, reglas de diferentes medidas, le pedí al señor que buscase a José, mi trabajador quien había ido a buscar los bloques de buena calidad, los que no se quiebran al tirarlos al suelo y no los famosos ‘garroteados’. Dejé pagada la madera y caminé a comprar la arena y los sacos.   Y todo esto con la ayuda del señor.

Llegó el camioncito y me subí en el para ir a buscar los bloques buenos. Pero la subida al camioncito, fue toda una odisea.  Agarrándome de la puerta y del marco de la cabina, agarré impulso para poder subirme.  Ya arriba, hice malabares para sentarme, mientras el señor me ayudaba deteniendo la puerta que no se abriese más. Su dueño se sentó al volante y lo encendió haciendo contacto con los dos alambres pelados debajo de lo que debía ser el tablero, movió la palanca del cambio ‘hechizo’ y arrancó. Como era que caminaba el camioncito, me preguntaba yo. Y también se me vino a la mente, ¿le funcionaban los breques?  Como me había subido en ese camioncito, pensé! Un accidente, me dije, y ni cómo salvarse, si la cabina estaba hecha de pedazos de metal. El cacaste del camioncito, . . .  daba pena.

Buscamos los bloques en varios locales, hice llamadas telefónicas tratando de encontrar los de buena calidad y José me dijo que en la Ferretería allá en La Barranca, había encontrado de los buenos bloques de concreto que yo buscaba.

En el trayecto, le pregunté a don Freddy Mercado, su dueño, un señor ñajo de unos cincuenta y tantos años, quien parecía seguir las instrucciones del señor que me había ofrecido el transporte, cuantos cilindros tenía su vehículo, que marca era, ya que no tenía nombre por ninguna parte, solo la armazón de metal viejo formando lo que debía ser el tablero; volví mi vista hacia el volante, hecho con una varilla gruesa de metal al cual le atravesaba de lado a lado, otro pedazo de metal. Nada le funcionaba en las puertas. La del conductor la prensaba en la parte superior con una varilla, y mi puerta, solo se podía abrir por la parte externa.

Era un Toyota como del año 1976-1980, que lo encontró como chatarra en un predio, sin el piso de la cabina, el cual re-hizo de pedazos de hierro, le puso un vidrio, que ahora solo se sostenía con la pega en la parte superior y la inferior, se movía al compás del golpe de los baches del camino.  Le dije que cuando tuviese un poco de dinero, le pegase el vidrio en la parte inferior, ya que con los continuos golpes, se le podía quebrar.

Volví mi vista hacia el piso de la cabina y había huecos por doquier. Le pregunte si la puerta cerraba o me iba a salir de la cabina con el movimiento. Me habló entusiasmado de su camioncito, que le había costado mil quinientos dólares hace unos tres años y unos quinientos dólares más que le había invertido en ciertas piezas. Como había transportado productos, trescientos kilómetros de ida y otros trescientos de vuelta y el camioncito, no había fallado.  Lo único, me dijo es que no va muy rápido. Y me produce, me dijo, orgulloso. Lo felicite por su vehículo.

Al llegar hasta mi casa, les ofrecí una bebida refrescante con mucho hielo.  Le tomé fotos a la cabina y las veo ahora y me sorprendo del ingenio de Don Freddy, para hacer funcionar su camioncito Toyota. Qué bueno que es.

El Herrero

El Herrero

27 de septiembre del 2012                11:54

Se llama Luis, pero le dicen El Dulce.  El mismo apodo que llevaba su papa, quien también era herrero y de quien aprendió el oficio.

De joven yo escuchaba a mi mami decirle a mi hermano que fuera donde El Dulce para que le reparara algo, pero nunca supe donde vivía, ni que era lo que en realidad hacía, ya que no tenía necesidad de sus servicios.

Pero al desempacar mi escritorio antiguo y buscar la llavecita de bronce que guardé en su gaveta, esta se había perdido. Pero hoy al regresar del mercado y caminar por otra calle, pasé justo por el local donde trabaja El Dulce.  Así que me fui donde él con las cuatro cerraduras y le pedí que me le hiciera la llave maestra que las abre todas.  Dos días después llegué a buscarla y que sorpresa la mía, la había hecho de bronce.  De bronce, como las agarraderas de las gavetas.

Pero, no le hizo una llave cualquiera, le hizo una llave estilo antiguo, con su parte superior formando varios círculos entrelazados, y ahorita, mientras escribo, veo la llave en mi escritorio antiguo y sonrío de felicidad.

Una de las bisagras necesitaba cambiarse, pero, como conseguir una bisagra antigua, pequeña, ya que anteriormente eran más anchas y más cortas, con tres tornillos de cada lado y no las estrechas y debiluchas que hacen hoy en día. La busqué en los pueblos que visitaba – tal vez alguien tiene una tirada por allí, me decía; ninguna ferretería la tenía tampoco.

En un papel calqué el tamaño y forma del espacio donde van las bisagras, con los espacios donde van los tres tornillos y se lo llevé de muestra. Y el Dulce hizo las dos bisagras pequeñas.

Y me digo yo, que suerte de tener un herrero que puede hacer todos estos tipos de trabajo.  Es una bendición El Dulce en la ciudad.

Los Nubarrones

Los Nubarrones

29 de septiembre del 2012  

1:17am

Al salir de la casa noté

unos enormes nubarrones negros

que cubrían el cielo.

Venían del lado este, del lago Cocibolca

y se dirigían hacia el imponente Volcán Mombacho.

 

Pícaramente, entre ellos,

se asomaban unas brillantes y pequeñas nubes blancas

aclarando el celeste cielo,

haciendo resaltar lo obscuro de los nubarrones

y produciendo un contraste maravilloso.

 

En el ambiente se sentía la humedad y el frescor del viento

y los pajaritos volaban en bandadas buscando refugio.

Unas cuantas gotas de lluvia cayeron al suelo

dejando ese olor característico a tierra mojada. A tierra fértil.

 

Pero son solo eso,  . . . . . nubarrones.

Y aunque momentáneamente obscurecen el firmamento,

el viento sopla llevándoselos lejos

y el celeste azul del cielo vuelve a brillar.

 

 

 

El Mal

El Mal

10 de febrero del 2015

21:41

Siempre me ha intrigado cuando la gente habla del mal.  El mal per se.  Crecí en un ambiente completamente distinto. En un ambiente bueno, lleno de amor e imagino que es debido a eso, que cuando escuchaba sobre ‘el mal’ me era difícil creer que existía.  Pero, me he convencido de que el mal . . .el mal si existe.

Hace varios años escuché de una mujer ya mayor que vivía atemorizada de que le estaban haciendo ‘mal’. Yo no comprendía eso. No lo comprendía en absoluto.  Hasta que un día llamó a un hombre a la casa, hombre que sacaba ‘entierros’, ‘hechizos’, de esos relacionados con el mal. Y ante mis ojos vi cuando el desenterraba un ‘hechizo’ que le estaban haciendo a esta mujer.  Y sin quererlo, fui participe de esta experiencia. El hombre me pidió que vigilase una botella de vidrio a la que le puso una moneda encima, en el brocal, mientras el con una vara, recorría despacio el jardín de la casa, rezando, al mismo tiempo que iba tocando la tierra por doquier.  Me pidió que cuando la moneda sobre la botella saltase, le avisara, porque allí donde tocase con la vara y saltase la moneda, estaba el ‘entierro del mal’.  Ya se imaginan mi escepticismo; nunca creí que la moneda se moviese. Yo, ¿vería saltar esa moneda?  Inconcebible, esos son cuentos, pensé para mis adentros, pero ante mi asombro e incredulidad, la moneda saltó.  Si, saltó la moneda que estaba sobre la boca de la botella.

Y siempre rezando, delante de mí escarbó el jardín sacando un entierro o hechizo. Yo, con mi curiosidad innata, quise verlo, abrir ese paquetito, pero el hombre no me lo permitió.  Insistió que no lo debería tocar y con cuidado desamarró alas de murciélago, poquitos de cabello de dicha mala mujer, en suma, una muñequita con alfileres enterrados en los ojos. Y quemó a la figura que encontró en el jardín.  Y mientras escribo sobre esto aún me parece increíble que lo haya presenciado.

Yo, horrorizada, le pedí a un sacerdote amigo que llegara a la casa y el regó agua bendita por cada esquina, puerta y rincón, al mismo tiempo que rezaba bendiciendo cada espacio  para que ya no hubiese tanto mal, y yo, caminaba a la par del sacerdote.  Tan impresionada estaba que a esa casa la llamé, ‘la casa maldita’.  Si, tanto mal era terrible.  Tanto mal había hecho a la que le hicieron el hechizo enterrado en el jardín, con la muñeca con alfileres en los ojos, que perdió la vista esa perversa mujer.

Y comencé a darme cuenta de su maldad. Convivía con el marido de la hermana.  Cuentos que yo había escuchado, pero nunca les puse atención, ya que la gente sin oficio ni vida propia se dedica a murmurar.  Y entonces, alguien muy cercano a mí me confirmó la maldad de dicha mujer; si, era cierto que convivía con el cuñado y que lo había hecho de por vida.  Que varias veces los había visto cuando se citaban en Masaya. Me invadió una tristeza grandísima por la hermana agraviada.  ‘Pobrecita’, me decía, ‘cuanto ha de haber sufrido; que horror, que maldad, que clase de persona le hace eso a una hermana’. Tiene que haber mucha maldad de por medio para ser ‘la otra’, y ser ‘la otra’ del marido de la hermana’. Y fue hasta entonces que comprendí el miedo de esta mujer a que le hicieran ‘mal’.  De pronto me percaté y vi con claridad todo lo que no había logrado comprender con anterioridad. Tenía razón de tener miedo.

Y cuando después continuó con sus andadas, no me asombré de ello.  Que se podía esperar de un ser así tan ruin.  Que se podía esperar de una traición de tal calaña. Cuando se ha  llegado tan, pero tan bajo, que se puede esperar. ¿Que? Y el mal, llama al mal.  Es esa misma ley de atracción de que el bien atrae al bien.  Y esa mala mujer se alió con sus sobrinas para continuar haciendo mal. Pobrecitas.  Dignas de lástima.

Y en una de mis visitas vespertinas, dos señoras desconocidas platicaban en esa casa donde fui de visita. No ponía atención a su plática.  De pronto me percaté que hablaban del mal.  Si, del mal. Demonios.  Que los demonios las insultaban, les decían frases obscenas, que les quitaban la paz.  Entonces, les pregunté, ¿demonios?  ‘Sí’, me contestaron, ‘nos gritan todo el tiempo y no nos dejan en paz, ni un segundo de calma’.  Todavía me costó trabajo creerles. 

Y el hombre este de los hechizos me confirmó que sí, los demonios que poseen a la gente, dan gritos horripilantes.  Y me preguntó, “¿viste la película ‘El Exorcista’?  Así de espeluznantes son los gritos de los poseídos”; y me recordó lo que dice la Biblia, que Jesús ‘sacó los demonios de la gente’.  “Y le conminó diciendo: ‘Cállate y sal de él’. Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él”. Y entonces, fue hasta entonces que comprendí.

Y el domingo que el sacerdote hablaba del mal en el sermón de la misa, confirmaba que el mal existe. Y de que el Obispo de Roma asevera de la existencia del demonio y que debemos tener cuidado. Y rezar. “Debemos temer al maligno . . . recemos diciendo ‘protégenos del mal’ ”.

Los Columpios

Los Columpios 

25 de Agosto del 2015   

22:18

Hoy que caminaba por el bellísimo pueblo donde vivo, los adolescentes salían de clases vespertinas.  Caminé de regreso a mi casa y al pasar por el parque vi a estos muchachos columpiarse, otros caminaban, otros platicaban, así que crucé el arborizado parque y en un impulso busqué un columpio.  Al caminar hacia el columpio recordé la última vez que me mecí en uno.

Fue hace dos años que fuimos a un parque boscoso con un pequeño riachuelo y al caminar de regreso hacia el carro, le dije a mi Neco que me iba a mecer en el columpio.  Me senté en él y empecé a mecerme. Me empujaba con los pies y al estar en el aire, estiraba mis piernas hacia arriba para agarrar impulso y me columpiaba más y más alto.  Me sentía feliz, y me reía a carcajadas, cuando mi Neco se sonreía al verme la expresión de felicidad en mi rostro; yo feliz con ese sentimiento de libertad que me daba al columpiarme así tan alto.

Así que recordando esa columpiada, caminé hacia uno de ellos.  Los muchachos en los columpios se sonrieron al verme, me senté en el columpio, revisé que estuviese bien la cadena que lo sostenía y comencé a mecerme.

Agarré impulso, extendiendo las piernas hacia lo alto y cuando ya había agarrado altura, extendí mis brazos e hice mi cabeza hacia atrás.  Las copas de los frondosos árboles del parque no me permitían ver mucho el cielo.  Me maree un poco así que decidí no ver hacia lo alto.  Me columpié por un buen rato.  Volaba alto.  De pronto pensé que tal vez no era tan fuerte y seguro el columpio, así que me detuve poco a poco.  Tal vez los niños que lo usan, como son pequeños, no pesan tanto y que mejor me detuviese. Me bajé del columpio, crucé el parque y caminé feliz hacia mi casa. Tan feliz que iba sonriéndome.

Siempre me han gustado los columpios.  Desde niña.  En el enorme corredor del frente de nuestra casa, teníamos un columpio de madera en forma de avión.  Estaba pintado de rojo y azul, con espacio pequeño formando el asiento en el centro, su pequeña hélice al frente, sus alas extendidas y su cola. De esa época seguramente, proviene mi  amor por los columpios.  Tanto me han gustado que de pequeña, mi nana por las tardes nos llevaba a caminar en La Calzada hacia la oficina donde trabajaba mi papi.  En el frente de la oficina había en el centro una rueda de piedra gigantesca que se usó en un tiempo para triturar caña.  Era yo tan pequeña que recuerdo que quería meterme en el enorme hueco en el centro de la redonda y enorme piedra.

A esa hora ha de haber pasado don Max Cutillas camino a su casa y no sé ni cómo, ni cuándo, ni porqué, le pedí unos columpios.  Don Max era un señor mayor, vestía de color caqui, y siempre portaba un casco tipo safari del mismo color.  Un hombre afable que me mantuvo la ilusión por años de años.  Cuando a veces lo veía, le preguntaba yo por mis columpios y el me respondía, que sí, que ya los había ordenado, que venían por barco, que la travesía era larga ya que venían desde Europa y tenían que cruzar todo el océano, pero que ya estaban por llegar los columpios, que el barco estaba cerca del Puerto de Corinto, que ya habían llegado a Esparta, que estaban desembarcando los columpios.  Y así, durante mi niñez, soñé con los columpios que pronto llegarían.  Y él me los describía, y me mantenía al tanto de la travesía de los columpios, los esperados columpios y por años, me mantuvo la ilusión. 

Yo entré interna al colegio de La Asunción a la edad de ocho años y nunca comenté de los columpios tan deseados.  Los que con tanta ilusión, deseé en mi niñez. Y nunca más recordé los columpios.

Un día que platicaba con mi mami, yo, ya mayor como de cincuenta años, le conté de los columpios que le había pedido a Don Max y como él me mantuvo la ilusión durante mi niñez. Mi mami se sorprendió.  ‘Nunca me dijiste’, me dijo.  ‘Te los hubiesen hecho a tu gusto’.

Y cuando nacieron mis hijos, en su primera navidad, cuando tenían dos y un año, que ya podían columpiarse, ¿que les trajo el Nino Dios?  Un bellísimo juego de columpios en azul y rojo.

Y a mis nietos les he enseñado a mecerse en columpio, como impulsarse, como deben agarrarse de las cadenas que lo sostienen, que extiendan sus brazos y se dejen ir hacia atrás, que no se van a caer y que lindo es llegar hasta lo más alto.

Así que uno de mis placeres, es mecerme en un columpio.  No lo hago muy seguido, pero cuando los veo, y son fuertes, me siento en uno de ellos y comienzo a mecerme, agarrando impulso para mecerme lo más alto posible, y me encanta esa sensación de libertad que me proporciona lograr llegar hacia lo alto y sentir el aire y me impulso más y más.  Vuelvo a ser la niña feliz que fui toda mi vida.

Mancha y su Carretón

 

Mancha y su Carretón

18 de Agosto del 2015

20:15

 Mancha es el caballo que hala ell carretón de Manuel, quien me transporta pequeñas cantidades de material al sitio de la construcción.

Cuando llega al sitio, Manuel lo viene increpando, “Ah no Mancha, arrea, no te vayas a quedar alli parado, ya llegamos, anda Mancha, ideay, no te dejes’.  Mancha, su caballo, despues de halar 200 ladrillos cuarterones, viene cansado.

Bajaron los ladrillos de barro y los acomodaron en orden y Payo, el hijo analfabeta de Manuel, barre el polvo de barro del maltrecho carretón. Manuel lo gira hacia la salida, pero antes de salir del terreno, se detiene y le dice: “Mancha, despedite de la señora” y Mancha, increiblemente, baja y sube la cabeza en señal de despedida. ‘Es que Mancha es educado’, me dice Manuel.

Cuando regresa al siguiente día, le pregunto si lo puedo tocar y le acaricio su frente a Mancha y le hablo suavemente.  Le digo a Manuel que lo deje descansar un rato ya que se ve cansado y que lo deje comer, del monte que crece a la entrada.  Mancha con todo y carretón, se dirige hacia el camino y finalmente se decide a comer, pero no se come cualquier tipo de monte, no, lo escoge.

Manuel me cuenta que compró a Mancha hace unos cinco años, lo alimenta bien, le compra forraje y veo por el fornido cuerpo de Mancha, que ha de ser cierto.  ‘Y tambien come gallo pinto’, me dice Manuel.  ¿De verdad? le pregunto,  ‘Claro que si, preguntele al Chico me dice, yo le doy arroz, guineo, de todo lo que comemos nosotros’.

Es tan simpatico y chispeante Manuel, que da gusto platicar con el.  Bromea, hace chiste de todo.  Al verlo, su tremenda pobreza salta a la vista. Viste una maltrecha camiseta, sucia y rota, sin mangas. Ha de haber sido blanca en un tiempo, pero ahora tiene un tono crema.  La lleva puesta al reves.

Me dice que peleó con los del Frente, y le dieron un pedacito  de tierra donde tiene su casa, pero el techo es un colador, las tablas que hacen de puerta no cierran, asi que levanta y empuja las tablas para que pueda cerrar.  Que a esos bandidos, no los quiere, esos no tienen nuestros ideales, me dice.  Le comenté por que no pedía las láminas de zinc que tanto alardean que le dan al pueblo y me dijo que está aburrido de estar yendo a pedir el mentado zinc, y siempre le salen con un cuento distinto, que llegó tarde, que no tiene suficientes personas que lo apoyen, que esto, que lo otro, asi que decidió no regresar nunca más a pedir las tales láminas de zinc.

‘Y yo peleé’, me dice, ‘yo andaba armado con una metralleta, allá en el norte; pero, a mi no me gustan’.  ‘Mireme aqui la seña que tengo de los charneles, cuando me hirieron’, me dice, mostrandome arriba del hombro donde tiene varias cicatrices; ‘tengo uno en la base del cerebro, allí lo tengo todavia. Me dijeron que si me operaban o quedaría tieso, o si no me moriría, pues, que me lo dejen allí.  A mi no me molesta’.

Y continua en voz alta, el pensamiento que le preocupa, ‘pero en cuanto salga un grupo a pelear contra ellos, yo voy a la cabeza’, me dice. Analfabeta es Manuel, y nunca ha aprendido a leer, pero pelear, eso si hizo. Pelear.

Denle Circo al Pueblo

Denle Circo al Pueblo

19 de julio del 2015

18:37

Despues de estar trabajando en el diseño de la casa, revisando medidas, techo, encendí el televisor y se me erizo la piel al escuchar y ver a la juventud gritando consignas con su puño en alto. En cadena nacional. Y los simbolos del demonio, las gigantescas estructuras metalicas de los seis, el numero de la bestia, brillaban en el fondo en todos los colores del arcoiris, celeste, rojo, azul, amarillo, verde, lila, blanco, rosado.

Su sonrisa es de incredulidad y lo delata, ya que en su mirada leo, ‘increible como controlo estas masas’. Los juegos de polvora aturden y el pueblo canta repitiendo su nombre, el líder. Con el calor de Managua, viste una chaqueta café para proteger su debil organismo de los cambios de temperatura.

A las orillas de nuestro lago Xolotlán, se congrega el pueblo en una plaza. Son las diecinueve horas y continuan ondeando sus banderas y la juventud, quien ni siquiera había nacido con el cambio de gobierno, grita lanzando consignas y cantando al son de la música que apabulla los oidos con su fuerte sonido. Se me vinieron a la mente las imagines de la juventud nazi, imagines que he visto muchísimas veces en televisión, y que nos han repetido una y otra vez – que NO vuelva a suceder. Y lo estoy palpando y una sensación fea se apodera de mi.

Justamente el domingo pasado, el sacerdote en la misa comentaba lo que el Cesar decia: ‘denle circo al pueblo y no se dará cuenta de sus problemas’.  Me le acerqué sonriendo y lo felicité por lo bien que había predicado en su sermón sobre asuntos que nos atañen hoy en día, especialmente sobre el chisme, el plato del día en Nicaragua, pero bromeando lo precaví, ‘no me lo vayan a echar preso por decirle la verdad al pueblo’.

Y nada mejor para dominar al vulgo, que mantenerlo ignorante.  Hoy en dia los niños constantemente tienen libre, no tienen clases.  Por una razón u otra, no hay clase. Si hay un leve temblor, leve, que no es motivo de preocupacion en un pais azotado perennemente por leves temblores, entonces pierden clases por la semana entera.  Que si hay fiesta nacional – algo normal en el pais, cada mes- el fin de semana se vuelve un largo fin de semana y por ende, no hay clases en ninguna escuela – asueto nacional otra vez.

Cuando camine a la Venta, le hablaba a unos niños de la importancia de estudiar y aprender, para que el día de mañana sepan defenderse, aprender matematicas, leer, escribir, pero parece, les dije, que no quieren que ustedes aprendan porque siempre estan de vacaciones’.  Vacaciones que no se reponen en el aprendizaje y sumando todas las semanas sin clases, llevan mas de un mes sin aprender.  !Como va a ‘aprender’ el pueblo si esta sumido en la ignorancia! Pero eso si, circo, . . . circo si tienen . . .