Recuerdos de mi Nana Lacha

August 21, 2003; 18:40

 

Cada vez que he ido a Nicaragua, recuerdo a mi nana, la Lacha.  La veo como una mujer guapa, delgada; morena; no se si en mi memoria la tengo confundida con alguien mas, o en las fotografías que he visto de cuando estaba pequeñita ella aparece.  Tendría que revisar las fotos. Tengo vagos recuerdos de ella, pero se por mi mami que ella fue la primera persona que me cuido.

Lacha no es su verdadero nombre, sino Esperanza, pero como no lo podía balbucear bien, me ha de haber sonado a Lacha, y así se quedo para toda la vida. Lacha.

Ahora que fui a Nicaragua en Junio-Julio 2003, estaba ocupadísima, y es mi primo hermano Carlos José, quien me lleva a hacer algún mandado o aprovecho sus viajes para ir a alguna parte, o simplemente pasear y gozar el país.

Al día siguiente estábamos los dos camino a Chichigalpa.  La carretera esta bellísima.  No lo podía creer, recién construida.  Hay unos pocos tramos que aun no han terminado, pero es como un 0.001% de la carretera.  Bromeaba a Carlos José, con quien me llevo súper bien (platicamos referente a asuntos con los que no estamos de acuerdo, pero nunca una discusión) que debería estarme agradecido que le servía de compañía en tan largo viaje, que si no, iría aburridísimo, y así bromeábamos todo el camino.

Llegamos a Chichigalpa y mientras el daba sus vueltas yo pregunté donde quedaba la alcaldía.  La gente me preguntó que para que, y les dije que iba a sacar mi partida de nacimiento.  Ud. es de aquí, me preguntó la señora, si, le conteste, nací en el Ingenio San Antonio; pero aun así como que no la convencí de mi aseveración.

La alcaldía queda en la calle principal de Chichigalpa, con una bandera de Nicaragua ondeando al aire libre; en el Registro Civil habían 3 muchachas uniformadas de verde (mi primo las bromeo si eran conservadoras por el color de su traje), una de ellas me atendió y escribí mi nombre, le pronuncie el apellido, se acerco otra de las muchachas y me preguntó y le dije cual era mi nombre completo, mientras le ayudaba a la primera a hojear los restos de paginas de lo que fueron los registros de las partidas de nacimiento de hace cincuenta anos. Estaba preocupada de si mi partida de nacimiento podría ser leída, ya que solo había restos de páginas, y me asevero la segunda de ellas que se había acercado, que las partidas de nacimiento estaban en microfilm.  Respiré confortada, que mi viaje no había sido en vano e iba a obtener mi partida de nacimiento.  Del fondo del Registro se levanto una muchacha y me pregunto, ‘cual es su nombre?’, le repetí, ‘Melba María O’Reardon’, ‘hija de Dona Melba’, me pregunto, ‘si’ le conteste, y me dijo, ‘mi mama fue su Nana’. ‘Si’, le interrogue, y quien es tu mama?’, ‘Esperanza Poveda de Velásquez’ me contesto, ‘la Lacha’ le intercepte, ‘si’, me dijo, ‘la Lacha’.  ‘Y donde esta’, insistí; ‘aquí’, me dijo.  ‘Aquí vive en Chichigalpa?’ le pregunte de nuevo, ‘si’, me dijo, ‘a pocas cuadras de aquí’.  Le insistí que la quería ver; – hace muchísimos anos que no veo a la Lacha – no sabia que estaba viva.  Les tengo que aclarar que soy una persona sentimental, estaba emocionada, iba a ver a la Lacha, la nana que siempre cuido de mí.

La muchacha que me pregunto por mi nombre es la jefa del Registro e hija de Lacha.  Me contó que la otra hermana es terapeuta y así todas ellas sacaron una profesión.  Me alegro muchísimo  Ma. Haydee es su nombre y es ahijada de mi mami.  Me contaba como su hermana vivió en nuestra casa también y era traviesa y media.  Tomada de la mano de mi hermano Ignatius, agarraba todos los adornitos que encontraba a su paso y Lacha viéndola con los adornos le decía que los dejara en su lugar, y ella automáticamente los soltaba, cayendo al suelo y haciéndose añicos!

Así que mientras sacaban mi partida de nacimiento (decidí sacar 3 originales) Ma. Haydee y yo caminamos hacia su casa.  Ella momentáneamente vive con sus papas, ya que esta construyendo casa frente a la de ellos.  Mientras caminábamos le pregunte por la salud de Lacha. Primera vez que viajo a Nicaragua y no llevo cámara. Le comento lo triste que es que no tenga cámara.

Llegamos a la casa.  Tienen una casa construida de bloques y atienden una pequeña venta.  Cuando entro hay dos personas detrás del gran mostrador, un señor y una señora, por sus facciones denoto que es Lacha, camino hacia ella y le pregunto si conoce estos ojos.  Me queda viendo sorprendida y sonriéndose, no sabe que decir.  Se toma el delantal y lo apretuja entre sus manos. Lacha es una mujer robusta, guapa, morena, baja. Le digo viéndola a los ojos, ‘soy Melba María’; sus ojos se agrandan, no lo puede creer, ‘Melba María?’ me pregunta, ‘si’, le digo, y la abrazo emocionada.  No le pasa que me tenga frente a ella, que me este viendo, ‘yo pensé que nunca te iba a volver a ver’, me dice.  Nos abrazamos de nuevo, todo el cariño de una vida en ese abrazo. ‘Yo no sabia que estabas viva’, le digo. Nos sentamos, y Lacha me agarra de la mano, mi Lacha, esta emocionada.  Yo también.  Me comienza a platicar.  ‘Yo quería ser tu nana’, me dice, ‘porque eras linda, parecías una muñeca!’

Le pregunto como llego a la casa a trabajar y Lacha me traslada mentalmente a la casa de mis abuelitos, mi Papa Nacho,  mi Meme, de mi Tete;  llego a esa casa a los 14 anos, y cuando Papa Nacho murió, Meme y Tete se fueron a vivir a Managua  ‘Todos los días te llevaban a la casa por las tardes a ver a tus abuelitos’, me dice ‘y siempre te veía’.   ‘Eras linda’.  ‘Parecías una muñeca’, insiste.  ‘Y yo me decía que quería trabajar en tu casa para cuidarte, así que cuando Dona Josefina se fue a Managua, me quede de nana tuya. Yo tenia entonces 16 anos’ me dice.

Lacha es aun una mujer guapa; aun se le nota en sus rasgos que debió haber sido muy guapa. Tiene 73 anos, sonriente, recia, amable, sencilla, llena de cariño.  Mientras platica me tiene agarrada de la mano; me ofrecen un refresco, el tiempo pasa y continuamos platicando.  Me despido, le dejo el dinero que llevo conmigo, son solo unos pocos cienes, afirmando que nos volveremos a ver.  Se niega a aceptarlos. Dice que no.  Yo insisto.  Si, para  que cuando regrese con mis hijos en Septiembre nos llegue a ver, le digo.  Le hablo de ellos, que tiene que llegar a la boda.  Quiero que los conozca.  Me despiden ella y Napoleón, su fiel y guapo esposo, en la puerta. Me alejo por la calle adoquinada y allí veo a Lacha, en la acera, diciéndome adiós..

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *