Mancha y su Carretón
18 de Agosto del 2015
20:15
Mancha es el caballo que hala ell carretón de Manuel, quien me transporta pequeñas cantidades de material al sitio de la construcción.
Cuando llega al sitio, Manuel lo viene increpando, “Ah no Mancha, arrea, no te vayas a quedar alli parado, ya llegamos, anda Mancha, ideay, no te dejes’. Mancha, su caballo, despues de halar 200 ladrillos cuarterones, viene cansado.
Bajaron los ladrillos de barro y los acomodaron en orden y Payo, el hijo analfabeta de Manuel, barre el polvo de barro del maltrecho carretón. Manuel lo gira hacia la salida, pero antes de salir del terreno, se detiene y le dice: “Mancha, despedite de la señora” y Mancha, increiblemente, baja y sube la cabeza en señal de despedida. ‘Es que Mancha es educado’, me dice Manuel.
Cuando regresa al siguiente día, le pregunto si lo puedo tocar y le acaricio su frente a Mancha y le hablo suavemente. Le digo a Manuel que lo deje descansar un rato ya que se ve cansado y que lo deje comer, del monte que crece a la entrada. Mancha con todo y carretón, se dirige hacia el camino y finalmente se decide a comer, pero no se come cualquier tipo de monte, no, lo escoge.
Manuel me cuenta que compró a Mancha hace unos cinco años, lo alimenta bien, le compra forraje y veo por el fornido cuerpo de Mancha, que ha de ser cierto. ‘Y tambien come gallo pinto’, me dice Manuel. ¿De verdad? le pregunto, ‘Claro que si, preguntele al Chico me dice, yo le doy arroz, guineo, de todo lo que comemos nosotros’.
Es tan simpatico y chispeante Manuel, que da gusto platicar con el. Bromea, hace chiste de todo. Al verlo, su tremenda pobreza salta a la vista. Viste una maltrecha camiseta, sucia y rota, sin mangas. Ha de haber sido blanca en un tiempo, pero ahora tiene un tono crema. La lleva puesta al reves.
Me dice que peleó con los del Frente, y le dieron un pedacito de tierra donde tiene su casa, pero el techo es un colador, las tablas que hacen de puerta no cierran, asi que levanta y empuja las tablas para que pueda cerrar. Que a esos bandidos, no los quiere, esos no tienen nuestros ideales, me dice. Le comenté por que no pedía las láminas de zinc que tanto alardean que le dan al pueblo y me dijo que está aburrido de estar yendo a pedir el mentado zinc, y siempre le salen con un cuento distinto, que llegó tarde, que no tiene suficientes personas que lo apoyen, que esto, que lo otro, asi que decidió no regresar nunca más a pedir las tales láminas de zinc.
‘Y yo peleé’, me dice, ‘yo andaba armado con una metralleta, allá en el norte; pero, a mi no me gustan’. ‘Mireme aqui la seña que tengo de los charneles, cuando me hirieron’, me dice, mostrandome arriba del hombro donde tiene varias cicatrices; ‘tengo uno en la base del cerebro, allí lo tengo todavia. Me dijeron que si me operaban o quedaría tieso, o si no me moriría, pues, que me lo dejen allí. A mi no me molesta’.
Y continua en voz alta, el pensamiento que le preocupa, ‘pero en cuanto salga un grupo a pelear contra ellos, yo voy a la cabeza’, me dice. Analfabeta es Manuel, y nunca ha aprendido a leer, pero pelear, eso si hizo. Pelear.