El Viento

31 de julio del 2004

Se avecina la tormenta.

Con furia me golpea el viento.

Cierro los ojos, disfrutando el momento

y siento mi cabello flotar libremente.

 

¡Como me gusta el viento!

Fuerte, fresco, libre, sonoro.

Susurra al pasar entre las hojas de los árboles.

Un leve susurro opacado por el golpe de las olas.

 

Las hojas colgantes del sauce llorón vuelan horizontalmente.

Las ramas de los árboles se someten inclinadas

y las olas encrespadas revientan incesantemente.

 

Una y otra vez saltan sobre la gigantesca roca

bañándola y cayendo en cascada

para después. . . deslizarse en la pequeña playa.

 

Y en mi cara … … … siento el viento.

Con fuerza me envuelve toda.

Cierro los ojos.

No existe nada más que el viento.

 

Respiro profundo, lentamente.

Me lleno de paz. Soy feliz.

El viento continúa soplando con furia.

 

¡Como adoro el viento!

Como el viento, libre soy.

Sonrío de felicidad, …

respiro aires de libertad. 

 

Al ver el lago encrespado, revuelto,

pienso en mi Cocibolca,

mi lago sucio, en continuo movimiento

y ese sentimiento de paz me invade nuevamente.

 

El viento ha amainado su furia.

La espesa neblina en el horizonte

ya no me permite ver las formas de la playa;

se confunden con el agua gris

y un manto espeso cubre todo el lago.

 

Desde la terraza

veo un halcón planeando sobre el lago Erie.

Se deja llevar por el viento, aletea seguido

para después . . . planear a la merced del viento.

 

Vuela hacia la playa y regresa, planeando siempre. También,

como el viento y como yo, libre es.

 

 

 

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