Todos somos culpables

Ahora que estamos en medio de un genocidio, perpetrado por el gobernante que sin haber ganado elecciones, se mantiene con artimañas aun en el poder, no puedo más que recriminarme los acontecimientos. Acontecimientos donde todos somos culpables.  Si, culpables de que este genocida nos esté acribillando.  Porque de una manera o de otra, todos, todos ayudamos.  Pasando papelitos, donando gasolina, escondiéndoles cuando corrían por las calles, trabajando por ellos, llenos de un ideal que nos cegó, al no comprender sus verdaderas intenciones, hablando y escribiendo a favor de ellos, sin razonar, sin ver lo que nos acontecería en el futuro.

 Se dice que cuando uno está en el meollo del asunto, uno no ve la verdad.  Uno forma parte de ese círculo vicioso. Es hasta que uno se separa, está lejos, que uno analiza la situación.  Y es hasta entonces que nos percatamos de lo ciegos que estábamos.

 Es la deshonestidad encarnada en nuestro ser que nos hace volver la cara hacia el otro lado y hacernos de la vista gorda ante tanto robo, estafa.  Traicionaron los ideales de Sandino por una Nicaragua mejor.  Y tras treinta y nueve largos años, donde la niñez creció acostumbrada a tomar lo ajeno y verlo lo más normal del mundo, que se roban casas, propiedades, donaciones, medicinas, cuadernos, lápices, que finalmente el pueblo, ese pueblo despertó de tanta ignominia. Ese pueblo al que habían mantenido en la ignorancia.

 Y despertó el campesinado al ver que quemaban la naturaleza, la que nos proporciona el aire que respiramos, los animales y plantas que nos alimentan.  Gloriosos campesinos que montados en sus caballos galoparon para reclamar ante tanta destrucción.

 También fueron los abuelitos contándoles a sus hijos y nietos, que ellos pelearon en la revolución anterior y que ahora el estado les quería quitar el poco dinero al que tienen derecho para sobrevivir.  Nietos que escucharon de sus abuelos como habían defendido con su sangre ese ideal y que ahora una pareja y sus sátrapas, les querían quitar su modus vivendi. Que venían escuchando de sus labios todas las vicisitudes que habían pasado y como aun vivian en extrema pobreza, mientras los otros, esos secuaces que gobiernan, acumulaban riqueza tras riqueza.  De cómo los engañaban contentándolos con unas láminas de zinc y unas gallinas, mientras ellos se apropiaban de todas las riquezas a las que tiene derecho Nicaragua y por ende, el pueblo.

 Y esos nietos levantaron su voz.  Voz que se escuchó en las entrañas de la tierra y Nicaragua entera despertó.  Ese gigante adormecido, se lanzó a las calles pidiendo justicia.  Y ante la vil opresión, se levantó aún más y no le importó inmolarse por sus derechos. ! Piden que se vayan!  Porque ya no tienen nada que hacer en este país.

 Así que ahora, para lavar nuestras culpas, unámonos todos a levantar esos tranques lo más alto que podamos, esos tranques que tanto les molestan porque ya no puede circular libremente la droga ni la madera de nuestros bosques. Esos benditos tranques donde se ha derramado tanta sangre noble y joven.  Donde se ha inmolado el futuro de Nicaragua.

 Unámonos todos poniendo nuestro granito de arena, porque solo unidos venceremos. Nuestra Nicaragua nos necesita hoy, mas que nunca.

14 de junio del 2018 

22:33

 

 

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