12 de septiembre del 2013
6:23
Cuando hoy por la mañana me senté a escribir en mi computador frente a la enorme ventana por donde veo el árbol, que orgulloso se levanta erguido, robusto, lleno de follaje que se está tornando amarillento y ramas frondosas y secas también, con el rabo del ojo noté un leve movimiento, pero como estaba enfrascada en mi escrito lo pasaba desapercibido.
Y como el movimiento continuase, levanté la vista y entre las hojas logré distinguir dos ardillas bebés que correteaban juguetonas una tras la otra saltando de rama en rama. Están jugando al escondite, dije yo, y al mismo tiempo que caminaban sobre las ramas, movían su cola alegremente;
Las ardillas nacen alrededor de junio en estas latitudes, así que ellas han de tener lo más tres meses de vida. Están pequeñas todavía, son de color café claro y sus tupidas colas de color gris se yerguen como abanicos. Las dos son iguales en tono y en tamaño y a veces son las hojas las que las esconden un poco, pero su correteo es alegre, vibrante, lleno de vida. Después comenzaron a bajar agarrándose al grueso tronco del árbol y volvieron a subir saltando a la rama de otro árbol.
Me fijé en el cielo aun sombrío. Pero ya comienza a clarear y logro ver por la esquina de la ventana, el cielo celeste y las blancas nubes -si, de ese color celeste bellísimo de mi Nicaragua- que empujan a los pequeños nubarrones que habían antes. Y me sonrío al ver ese cielo tan lindo y doy gracias de que puedo gozarlo. ¡Que felicidad! ¡Es que me encanta el cielo celeste! Y las nubes blancas son brillantes, tan, pero tan brillante su blancura que tienen un toque amarillento, por el sol que comienza a asomarse entre ellas.
El contraste de las ramas oscuras y las verdes hojas contra el cielo azul, es más fuerte. Bandadas de pájaros vuelan rítmicamente y todos a la vez. Desaparecen para regresar de nuevo. Pienso, que no hay halcón a la vista, porque siguen volando. Ya comienzan los ruidos de la ciudad, pero a pesar de eso, sigo gozando el árbol frente a mi ventana y a las ardillas que lo visitan en el marco de un cielo celeste que brilla con todo su esplendor. ¡Que lindo día!