01 de octubre del 2005
Los cardenales que llegan al patio de la casa ahora en octubre, son de un rojo fortísimo; rojo naranja es su pecho, así como sus alas y su pico es amarillo. El plumaje de sus alas y lomo ya comenzó a cambiar y se ha tornado café. Los lados de su cuerpo todavía están rojizos y su copete brilla al verlo de frente, de cara al sol. Que color mas lindo tiene y que llamativo es. La hembra, en tanto, es café.
Ayer había ocho cardenales en el patio. Saltaban del cerezo a la grama donde se alimentaban de la comida que se ha caído del comedero y así, entre los otros pájaros y una ardilla, todos comían amigablemente. Volaban continuamente del suelo al cerezo y después al comedero que se balancea en el medio del patio. Se paran sobre la casita que es el comedero y de allí saltan al borde a comer. El comedero tiene un borde pequeño para que se paren solo los pájaros pequeños y sean ellos los que puedan comer. Por supuesto que botan la mitad y es allí cuando las ardillas aprovechan y se dan una gran comilona en el suelo.
Ya en la tarde, al fondo del patio veo a tres urracas azules (Cyanocitta cristata) o Blue Jay, el pájaro de Canadá. Es mucho más grande que el cardenal, pero tiene el mismo tipo de copete. Se parece a nuestra Urraca con su mismo plumaje azul celeste bellísimo; y allí entre los otros pájaros, come tranquilamente del suelo. No se puede parar en la casita que es el comedero, ya que el es muy grande, pero eso no le importa. Come las semillas que han caído sobre la grama.
Antes gozábamos de los cardenales y Blue Jays por las tardes. Ahora que les hemos puesto comida especial solo para ellos, están en el patio cantando desde muy temprano y pasan allí casi todo el día. Ya le conozco el canto al cardenal. Tiene un sonido agudo y corto. Desde temprano, aun en mi cama, oigo su canto y me sonrío sola de felicidad. Pereceo un poco y después, me asomo a la ventana. Allí los veo comiendo en el patio. Casi todos los pájaros se bañan en la pilita. No el Cardenal. Nunca se baña en la pilita, sino que espera a que ponga el aspersor para regar mis cipreses y entonces salta a una rama y espera a que le caiga el agua. Así se pasa las horas saltando de una ramita a otra, bañándose alegremente.