El Halcón
29 diciembre 2012 14:12
Entre los arboles cubiertos de nieve, sin hojas, veo un halcón posado sobre una rama. Con los binoculares aprecio su ancho y blanco pecho. Se lo acicala y también debajo de sus alas. Lo veo otear el horizonte. Allí está, feliz sobre la rama y la nieve cayéndole como llovizna.
Sus patas amarillentas están cubiertas de plumas, las que aprecio al posarse el halcón en la rama. Estira su ala y pata derecha, desperezándose y puedo ver sus plumas blancas debajo del ala. La parte superior de su pico, cabeza y ojos son negros, su pecho blanco tiene plumas café y sus alas, en el vuelo, se ven rojizas en la parte inferior.
Su tamaño es grandísimo, tanto que diría que es una lechuza.
Ayer perdí las fotos que le había tomado, pero hoy está aquí desde las ocho de la mañana; se fue por un rato pero regresó y ahora está posado en la rama frente a mi ventana. ¡Mi halcón regresó! Tiene como una hora de estar allí. Es bellísimo.
Demás está decirles que ha hecho mi día. ¡Me encantan los halcones! Tengo un amor especial por ellos. Creo que es desde que leí un libro sobre halcones, hace mucho tiempo. Y si la televisión presenta un programa sobre halcones, allí estoy yo, viéndolo y aprendiendo lo más posible sobre ellos. Y si hay presentaciones de halcones de caza, que felicidad poderlos ver en su medio.
Siempre me han gustado los animales salvajes, pero hay algo sobre los halcones que me llama poderosamente la atención. Esa mirada fija, que cuando tienen un blanco, lo alcanzan a toda costa. Es su vuelo vertiginoso, y ahora su inteligencia para saberse acoplar al hábitat que les hemos robado. Porque allí está en el árbol, tranquilo, como un gran señor feudal, observando sus dominios.
¡Sí que soy feliz! ¡Que más podría desear, en un día que comenzó gris, que gozar de la visita de un bellísimo halcón!
Te felicito Mimiya, igual que yo buscando en que distraerme para no tener que hacer nada. Slds.
DaGa