El Cierto Güis

El Cierto Güis

29 de enero del 2014

22:01

En el diminuto patio que tiene la casa, sembré varias semillas de chile congo, ese chile redondo, pequeñito que le da tanto sabor a los encurtidos.  Solo una semilla germino – dicen que es difícil que retoñen.  Sin querer, limpiando el patio, lo arranqué y al percatarme de lo que había hecho, inmediatamente lo sembré en el mismo lugar, lo afirmé en la tierra, con piedras, para que no se torciera, lo regué con agua de lluvia constantemente y si miraba que se entristecían sus hojas, lo volvía a regar con agua de lluvia aunque estuviese haciendo un sol fortísimo – para que sus raíces estuviesen siempre húmedas y tuvieran suficiente agua de que alimentarse, hasta que ahora, seguro de su fortaleza, se yergue altivo en el patio, y da chiles verdes y verde oscuro que nunca llegan a madurar. Crece a la orilla de la enredadera de la Pasionaria, y de un hibiscus y de unas grandes hojas bellísimas, color rojo morado verdoso, que semejan a la hoja del quequisque.

Nunca llegan a madurar, porque tienen un cliente fijo, un pájaro oscuro, pecho amarillo que a ambos lados en la parte superior de su cabeza, tiene dos franjas blancas. Le llamamos Cierto Güis y su nombre científico es Pitangus Sulphuratus; habita en esta parte de nuestra América, la América que comienza desde el sur de Tejas hasta el centro de Argentina.

Desde que vivo acá, ha venido todos los días y varias veces, a posarse sobre la antena. Y a veces lo veo con una semilla en el pico que golpea contra la antena, tratando de quebrarla. Canta también y creemos escuchar que dice ‘Cierto Güis’, ‘Cierto Güis’.  Pasa largos ratos posado en la antena y de repente alza el vuelo vertiginosamente y con esa misma velocidad, regresa.  Está cazando insectos en el vuelo.

Desde mi hamaca en el patio, lo observo.  Me encanta el contraste de su cabeza y alas café oscuras con esas dos franjas blancas que se juntan al frente y atrás de su cabeza y ese pecho tan amarillo que tiene. Todo su cuerpo es amarillo y su cabeza es café oscura.

Y mientras escribo sentada en mi escritorio, lo veo que vuela al arco que forma el exceso del cable de la antena, salta en un giro de ciento ochenta grados, para ponerse del lado opuesto viendo hacia el patio y se posa allí por momentos.  Al ver con el rabo del ojo que ha llegado, yo me quedo inmóvil.  El, se asoma hacia la casa para confirmar que está seguro y no lo acecha ningún peligro.  Después vuela a la enredadera de la calala, pero siempre asegurándose que está a salvo y desde allí, entre las plantas de hibiscus se lanza sobre el chile congo, regresa a la seguridad de la calala o pasionaria y emprende el vuelo. Esto lo repite varias veces al día.

Cuando Toño el cuidador me escuchó decirle a Nequito de nuestro visitante, me comentó, ‘¡con razón nunca encuentro chiles para mi gallo pinto! ¡Es el Cierto Güis el que se los viene a comer!

 

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