El otoño está a la vuelta de la esquina

28 de Julio del 2005; 04:58

La conversación en Canadá siempre gira alrededor del clima, si hace frío, si está nevando, y por supuesto mi escrito de hoy es . . . . sobre el clima, que más podría ser.

Desde mediados de julio la temperatura comenzó a cambiar.  Cuando nos sentamos en la terraza por las noches, a gozar de nuestro jardín, el amplio patio, los cipreses que tanto cuido, ver a los pajaritos bañarse en la pilita, o a cenar, ya se siente el aire fresco.  El calor del verano ya no existe.  Y cuando salgo por las mañanas al porche de la casa a regar mis plantas, ahora si respiro aire fresco.  Ya no se siente el calor del verano.   Es tan corto el verano!

Este verano ha sido cortísimo. Tan corto, que siento que casi no hemos tenido verano.  Si tuvimos unos días calientes y los aprovechamos para ir a la playa, broncearnos, trabajar en el jardín, pero, decir que tuvimos un buen verano, pues no.  Estamos a fines de julio y el aire que respiramos ya está fresco.  ¿A fines de julio, me dirán, pero como, si el verano llega hasta agosto?  Si, llegaba hasta agosto para ser mas precisa, porque según veo hasta acá llegó nuestro verano.

Me siento un poco triste cuando pienso en lo corto que ha sido este verano.  Ya no gozaremos del patio donde Nequito y yo nos sentamos por las noches, desde como a las 7 y entramos a la casa como a las 9, cuando ya está refrescando o los mosquitos nos corren.

A veces ensimismada trabajo en el jardín,  arranco el monte, podo plantas, las transplanto, resiembro grama – la semilla toma mucho tiempo para crecer, así que también resiembro la grama que corto de las orillas – y Nequito en la terraza me observa.

Al terminar un día y sentarme en la terraza con el, me comentó, ‘que harás en Nicaragua si no tenes un patio como este’.  Y que hará el también, me digo yo.  Goza de su terraza, cocinando a la barbacoa – es un excelente cocinero, sin lugar a dudas – observando con sus binoculares a los pájaros, regando sus verduras, o simplemente gozando de la tarde.

Hace una semana acompañé a una amiga a un hospital en la ciudad de Markham al norte de Toronto y cual no seria mi horror al llegar al estacionamiento con sus amplios jardines con grama y árboles y ver las hojas de unos árboles en el suelo. ¡Que horror’, le comenté, ‘ya se están cayendo las hojas de los árboles’! Si, que horror, porque eso es señal de que el otoño está a la vuelta de la esquina.

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