9 de noviembre del 2004; 3:33:42
El árbol frondoso del vecino, el catalpa, desnudo esta.
Sus hojas todas, desparramadas por el jardín veo
y a merced del viento se levantan revoloteando
contra los cipreses en una esquina del patio.
Todas sus grandes hojas café-amarillentas
cayeron ayer, casi a la vez
y hoy, tostadas por el frío,
se resquebrajan en el suelo,
así como las hojas del arce. Ya casi no tiene ninguna.
Pero las hojas de los cerezos,
alargadas y finas,
se han tornado rojizas,
y erguidas, continúan en los árboles,
aun cuando el viento las arremete con fuerza en las frías noches,
y las soleadas mañanas
con escarchas tintineantes que luego,
aun antes de llegar al suelo,
se evaporan.
El crujiente sonido de las hojas al caminar,
es música otoñal,
melodía de esta época,
transeúnte, vibrante
de tonos rojos, naranjas, café, amarillos.
Que maravilla!
Y entre esos árboles rojizos,
los verdes entremezclados,
de los pinos canadienses,
contra un contrastante, limpio cielo azul.