5 de diciembre del 2006
7:29am
Y así, inconscientemente y sin detenerse, una y otra vez se toca el rostro; lo escudriña con sus dedos buscando alguna imperfección, la más mínima que su tacto detecte, y una y otra vez recorre levemente su piel.
Absorta en sus pensamientos, continua tocándose el rostro. Una y otra vez, incansablemente, tanto que su esposo le dice que pare; y aunque se detiene por un momento, inconscientemente sus dedos vuelven a escudriñarle el rostro, en un movimiento automático, sin pensarlo.
Su preocupación es tal que no puede estarse tranquila un momento. Su mente, viaja a velocidad increíble, ocupada, ensimismada en sus pensamientos y el tocarse el rostro, es un movimiento inconsciente. Esta preocupada, se le nota en su rostro, y aunque luce tranquilo, tiene a veces un leve tic en su boca, le tiembla leve, pero muy levemente. Es casi imperceptible.
Entonces deja de tocarse el rostro, se levanta y hace algo en la casa para luego, al sentarse, continuar tocándose inconscientemente, el rostro.
Y así, absorta en sus pensamientos, su mente vaga en el vacio, y aunque este físicamente sentada, allí y platicando con todos, ella, . . . ella no esta allí. La consume el dolor, la preocupación; su mirada perdida en un mar infinito de tristeza, lo delata.
Esa, . . .esa . . soy yo.