El horror de la guerra

17 de febrero del 2012

8:37am

 Hace varios días bajé a la sección de la lavandería y esperaba, ya que las dos maquinas estaban por terminar de lavar, cuando una señora me habló al acercarse.   Hizo gestos referente a la lavadora, así que me fui a su maquina y le pregunté que necesitaba.  Me quedó viendo y me dijo ‘no work’; me fijé en la maquina, decía $0.25, y le expliqué que necesitaba ponerle $0.25 mas a la maquina, a las dos maquinas.  Entonces me dijo ‘No know ‘.  Le hice señas que trajera mas dinero cuando puso sus monedas sobre la maquina, ya que no tenia las necesarias para las lavadoras, al mismo tiempo que le decía, ‘more money’ y comprendió y se tocó la cabeza, como diciendo que no había entendido anteriormente.

Al rato llegó con su dinero y le expliqué con señas al mismo tiempo que se lo decía en inglés, pero hablándole lo mas sencillo posible, sin conjugaciones complicadas, solo en el presente.  Así que le puse el dinero faltante y cerré las tapas de las lavadoras.

Es una señora alta, delgada, morena, de uno 70 anos.  Entonces le pregunté, ‘Your country, Afganistán?, ya que por sus facciones pude deducir que era de allí, y me contesto ‘yes’.

Entonces me habló, ‘no English, alone. Four sons’, al mismo tiempo que me mostraba los cuatro dedos de su mano, para asegurarse que le entendía, e hizo como que empuñaba una metralleta e imitando el sonido de la misma, de pronto dijo, ’ra ta ta ta, four sons, husband, ra, ta, ta, ta’.

Me quedé muda, horrorizada, no sabia que decirle. Y continuo, ‘four daughters, husbands’, y nuevamente empuñó sus manos como agarrando una metralleta y dijo ‘ra ta ta ta, four daughters, husbands, all, sons, husband, ra ta ta ta’.  Hablaba sin detenerse, como queriendo desahogar tanto dolor.

Sentí un frío en mi cuerpo; la quedaba viendo sin saber que decir,  y señalándome en su pierna izquierda, la parte interna del muslo superior, al mismo tiempo que la levantaba un poco, volvió a decirme, ‘ra ta ta ta y sus brazos como empuñando una metralleta, me mostró donde le había herido la metralleta. ‘Alone’, me dijo, ‘no english’, e hizo un gesto, como diciendo, que voy a hacer.

Dije, ‘oh my God!’  Le quise preguntar donde vivía, pero no habla inglés y no comprendía lo que le trataba de preguntar, así que desistí para no confundirla.

Se fué y regresó al rato con jabón en un recipiente y vi que le ponía jabón a la maquina;  yo escuchaba que la maquina giraba terminando de lavar, y le dije, ‘no, soap no, finish’. ‘Oh’, me dijo, ‘finish?’ y al abrir la tapa, ya la maquina no tenia agua.  Entonces con gestos y palabras sencillas le expliqué que pusiera otra maquina, primero el jabón, después el agua, y cuando estuviese llena, que pusiera toda la ropa.  Así que eso hizo, siguiendo ella mis instrucciones.  E hizo un gesto, como diciendo, como voy a saber yo esto. Y me sonreí.

Me abrazó agradecida. ‘Thank you. Thank you. Thank you’, me repetía.

Regresé al apartamento con el estómago revuelto; lo que acababa de escuchar, no lo podía olvidar; pobre mujer, que dolor. En sus pocas palabras me contó el horror que ha vivido en la guerra de su país.

Y no he dejado de pensar en ella.

 

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