Una Navidad sin Marlene

 26 de diciembre del 2007; 13:59

Me solté en llanto, incontenible.

Lloraba con sollozos fuertes y profundos, que me desgarraban el alma.

Todo mi dolor en ese estallido en llanto.

Diez mil recuerdos me vinieron a la mente.

Caminando por la playa en La Boquita y Tito diciéndome que ya iba a regresar,

que no me preocupara por ella;

montando a caballo en la finca cuando estábamos pequeñas,

– nos encantan los caballos-

el verla después de cuatro anos, cuando yo regrese de Berkeley

y que se había convertido en una belleza, exótica

con sus ojos un poco rasgados,

elegante, sencilla,

su pelo corto peinado detrás de la oreja

y la observaba cómo aquel patito feo era ahora un lindo cisne;

se sintió feliz de que regresase,

que la iba a apoyar en su espíritu libre,

y el conocernos de nuevo ya adolescentes

y olvidarnos de nuestras desavenencias cuando ella se ponía mis brassieres,

nuestros pleitos de niñas cuando la llamábamos Malinche sin saber que significaba,

solo para que mi papi le trajera una linda flor y le preguntara: te gusta? es linda verdad? se llama Malinche

y fue así como después no le hizo mella nuestro apodo,

de que servia si era una linda flor;

nuestros fines de semana nadando en la piscina de los Handler;

y cuando nos cruzábamos el jardín de Casa Hacienda,

embrujadas con nuestras toallas para que los capachos no nos saltaran encima,

y pudiéramos nadar en esa honda piscina;

y cuando mi papi nos explicaba de los murciélagos en Casa Hacienda

y los experimentos para comprobar que no se guiaban por la vista sino por el oído al volar,

y nuestros paseos a caballo todos los domingos,

allá por los mangos

y los lavábamos en las taujiíllas;

y nuestros viajes inolvidables al mar,

dos semanas completamente solos,

aislados del mundo,

y para poder llegar al mar viajábamos en canoa,

toda una aventura!

nuestra enramada de palmas y durmiendo en hamacas,

rezando el Vía Crucis por la playa,

recogiendo conchas,

cazando cangrejos

y los miles de cangrejos caminando por doquier,

construyendo castillos en la arena;

y nuestras enjuagadas en el estero – a solo una cuadra del mar,

y nuestros viajes en canoa por el estero con Julio, el hijo de Braulio, remando

nos llevaba a recoger conchas negras,

y cortando icacos en la playa que crecían salvajes

y caminando por la playa anchísima,

esa inmensa playa de Los Brasiles,

solo nosotros

entre  el cielo y el mar.

Que días más felices!

2 thoughts on “Una Navidad sin Marlene”

  1. Me fui directamente a leer la historia que vivistes con Marlene, me dio un poco de nostalgia, pues se que ella ya se fue, y me puedo imaginar lo mucho que la querias, pues ella era una persona bella, yo personalmente la veia lo “maximo” una persona unica.
    Me encanta tu manera de escribir, me parece que estoy viendo la escena…que bonito poder poner por escrito los sentimientos y sensaciones. Excellente! Esperanza

  2. Me transportas, totalmente….es increible la cantidad de detalles, imposible no viajar contigo y con tu narracion! bellos tus escritos, sigue adelante que tienes un gran don.

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