29 de septiembre del 2012
1:17am
Al salir de la casa noté unos enormes nubarrones negros que cubrían el cielo. Venían del lado este – del lago Cocibolca – y se dirigían hacia el imponente Mombacho. Pícaramente, entre ellos, se asomaban unas brillantes y pequeñas nubes blancas que aclaraban el celeste cielo, haciendo resaltar lo obscuro de los nubarrones, y produciendo un contraste maravilloso.
En el ambiente se sentía la humedad y el frescor del viento y los pajaritos volaban en bandadas buscando refugio. Unas cuantas gotas de lluvia cayeron al suelo dejando ese olor característico a tierra mojada. A tierra fértil.
Pero son solo eso, nubarrones.
Y aunque momentáneamente obscurecen el firmamento, el viento sopla llevándoselos y vuelve el cielo a brillar.