Los muros ocultos – CUENTO

Cuento

Los muros ocultos

8 de febrero del 2014

20:12

El viejo chofer se sentó en el banco y como pensando en voz alta, como si continuase una conversación que había tenido con el mismo, dijo simplemente: ‘Lo llevé en su vehículo como todos los días. En las cuestas camino a la hacienda, el jeep resbalaba; varias veces estuvimos a punto de caer al barranco. Salimos temprano a ver el ordeño y la vaca recién parida.  ‘Que suerte patrón’, le dijo el mandador al llegar, ‘sus vacas solo hembras paren.  Que suerte tiene’, le repitió.  ‘A la señora le va a gustar que sea ternera la recién nacida. A ella le gusta el ganado, patrón.  Pregúntele que nombre le quiere poner’.  ‘Está bien’, le contestó. Él siempre amable, educado, sensato, agradable.

Y continuó. ‘Regresamos al medio día.  Ella, la esposa, le tenía preparado el almuerzo – es que ella prefería cocinarle especialmente a él.  Cuando el patrón subió a bañarse, yo le comenté a la señora, ‘Hubiera visto las veces que patinó el jeep, en esos caminos; están resbalosos con la lluvia, señora’, le dije.  ‘Me las vi de a palito’, le comenté.  Y allí fue cuando ella comenzó a planearlo más en serio; si, la idea del accidente.  Allí en esas cuestas lodosas  seria el lugar perfecto. Sí, eso era lo mejor – parecería un accidente.

La vieja casona de la hacienda, de anchas paredes y muros ocultos había sido el lugar perfecto.  Allí entre los muros,  esos anchos muros que ocultaban los muros ocultos, allí estaban los restos – esos restos que nunca se hallaron; como los iban a encontrar si estaban dentro de los muros ocultos.  Bañados de cal, sin nada por dentro.

Es que, no sé, se le hacía tan fácil el matar.  Gente que se vuelve inoportuna, pues, nada mejor que quitarla del camino.  Y así lo hacía.  Sin remordimiento, sin preocupación, sin . . . .  nada.  Y quien iba a sospechar de ella.  Ella, tan cristiana, tan buena gente, tan amable y dispuesta a ayudar a cualquiera. 

Vestía sus pantalones vaqueros y esas botas que tanto le gustaban; se miraba como la verdadera hacendada que era. Y además le gustaba cocinar, platos sencillos y delicados, con que atendía al marido. Él se babeaba por ella, y más al verla lo buena que era. Y sobre todo cristiana.  Lo que decía o planeaba, estaba bien.  Paseos al mar, a la ciudad a almorzar, lo que fuese, él feliz si estaba con ella.

Así que a diario, viendo sus movimientos, calculando la oportunidad, ella planeaba y planeaba.  Se fue un día con él en el jeep, los caminos resbalosos, usted sabe,  y, pues yo no la vi, pero ha  de haber enfilado el jeep hacia el barranco con él adentro – ella saltó antes – porque ella  salió ilesa.  Igual a como yo le había contado de los viajes a la hacienda, así fue el accidente. 

Pero esta vez, sí que hubo entierro, en una caja sencilla, sin lujos, a como era el patrón.  Esta vez sí que habría que hacerle los honores.  Allí todo el campesinado vestido de negro señora.  Si, les regaló camisas negras a todos los empleados y todos ellos asistieron al entierro del patrón.  Le llevaron flores, muchas. Pero le cerraron la tapa al ataúd, para que no lo vieran.  Yo fui el único que lo vi. Estaba todo morado señora, de los golpes que recibió en el barranco. Esa caída era segurísima muerte sabe.  Fue difícil sacarlo de allí.  Yo lo metí en una bolsa y todos los mozos ayudaron,  esperando encontrarlo con vida, pero que va, de esa caída no se salva nadie.

Nadie la cuestionó.  Lo que ella dijo es lo que todo el mundo creyó, pero, no señora, yo sé la verdad’. ‘Si, señora´, me dijo,  ‘para que se lo voy a negar, pero eso era antes, no me importaba, pero ahora no señora, ahora soy cristiano’. ‘No la agarraron nunca, sabe.  Allí está en su hacienda’,  me repitió.  ‘Vive con su hija, tranquila.  Pero usted sabe señora, ella va a caer, como que se lo estoy diciendo, porque ¿sabe qué? entre cielo y tierra no hay nada oculto’, terminó de contarme. 

 Así lo aseveró. Como queriendo confirmar en voz alta, lo que por dentro le corroía el alma. Se quedó pensativo.  Acaso pensaba en el muerto . . .  y en los muertos de los muros ocultos.

 

One thought on “Los muros ocultos – CUENTO”

  1. Hace muchas lunas vi una pelicula que me impresiono mucho. La he visto tres veces. Acerca de la maldad, si nacemos malos, o, que nos hace malos. Se llama ‘La Mala Semilla’. Por lo que decidi escribir este cuento. . . .

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