La Puerta Mágica

La Puerta Mágica

Los niños que viven al final de la calle, llegan de visita a la casa. Dos niños vivísimos de siete y cinco años aproximadamente.

Estaba yo en la cocina cuando los escuche hablar entre ellos sobre la puerta mágica.  No me percate en ese momento de que hablaban; cuando regresaron del comedor y empujaron la puerta a la cocina, me di cuenta que hablaban de la puerta que, como ellos mismos dicen, se abre sola ya que no tiene agarradera, ni llave.  Es pues, una puerta mágica.  Me causó tanta gracia

Y cuando entran a la casa por la puerta de la lavandería y llegan a la cocina, su locura es pasar al comedor. Pasemos, le dice el mayor, el niño, a su hermanita menor, pasemos por la ‘Puerta Mágica’. Y al pasar la puerta de vaivén que lleva de la cocina hacia el comedor, la puerta se regresa a su posición original; y se voltea diciéndole, ‘es una Puerta Mágica’, mira Lucia. Y ambos, a la vez se regresan para pasar otra vez por la ‘Puerta Mágica’.  Me dice el niño, el mayor, ‘me gusta esta Puerta Mágica!’

La puerta de acceso del comedor a mi cocina o viceversa, es una puerta de vaivén, que gira sobre un eje pivotal.  Tiene un enorme y grueso vidrio en la parte superior para ver si alguien está del otro lado y así no golpear a la persona.

Uno de estos días vino Eduardo el niño mayor con el vecinito, Joaquín, de solo cinco años y con permiso de sus papás, llegaron a comer Popsicles que hacemos de fruta natural. Entraron por la lavandería y por supuesto le hizo el tour por la Puerta Mágica y al pasar a la sala, Joaquín exclamó en medio de su trabalenguas, ‘¡Que linda su casa!’ y yo, que adormilada descansaba en una mecedora en la terraza, al escucharlo, me sonreí. Me agradó que un niño tan pequeño admirase así mi casa.

 Como apreciaba la belleza de mis cuadros, pienso yo, ya que es lo más visible; sus paredes están cuajadas de pinturas. Me gusta que les guste mi casa. ¡A mí, me encanta también!

18 de Octubre del 2018

11:16

Dátiles y Nueces

Hace poco visité un Pulguero en la ciudad de Scarborough.  En realidad no es un pulguero.  Son ventas pequeñas y más que todo de gente del Medio Oriente. Allí venden de todo tipo de chucherías.  Pero es un espacio pequeño y con productos también fabricados a mano en África y muchos otros artículos que son hechos por la gente de países árabes, iraníes, etc.

Venden jugo de caña, que lo exprimen frente a uno. Me recuerda nuestros viajes al mar en Honduras, cuando los niños estaban pequeños y en la carretera nos deteníamos a tomar jugo de caña, exprimido allí frente a nosotros.  Esa misma rudimentaria maquinaria es la usan aquí en la ciudad.

Decidí caminar en los pasillos y me di cuenta que era mucho más grande de lo que yo pensaba. Allí vendían también comida y nueces.  No se me olvida lo ricas que eran todas las semillas que vende.

Me ayudó un muchacho afgano, con el aspecto físico muy parecido a Nick, nuestro amigo libanés en Paris, quien nos invitaba a las más ricas comidas en su apartamento.  Aceite de olivas, traído por un amigo piloto, directamente de su casa, donde lo habían hecho, las nueces, quesos.  Era un banquete libanés que nos acariciaban todos los sentidos.  Los olores de su comida eran especial y nos envolvían completamente.  Hecho en casa.  ¡Y qué delicia.  Éramos amigas muy queridas de Nick.  Nos mimaba. Nos cuidaba y nos ofrecía de lo mejor en su esmerada atención.

Pues el muchacho afgano – bueno, en realidad no es muchacho, es un hombre de unos cuarenta y seis años, bajo, delgado – es un encanto.  Amable, cortés, educado. Cuando llegamos a su puesto de frutas secas, nueces, etc. nos explicó de donde procedía cada producto en el que yo estaba interesada. Me recomendó las nueces afganas. Que eran las mejores del mundo ya que crecían en un clima fabuloso en las montañas.  Y cuanta razón tiene.  Y cada quince o veinte días voy ahora a su tienda – tiene una tienda grande en el lado este de la ciudad – y le compro nueces.  Pero, no son cualquier nuez.  Al morderlas saborea uno su riquísimo aceite, son grandes, frescas.  Uh, que diferencia con las nueces que venden en los supermercados.  ¡Estas si son nueces! ¡Qué sabor!

Y el domingo pasado que fuimos a comprar nueces, le pregunté si tenía dátiles.  Me contestó que sí. Que eran de Jordania. ¡Qué maravilla!  Son enormes, con mucha comida.  Son una miel de dulces.  Son tan grandes sus dátiles que no me lo puedo comer de un solo bocado. Suaves, frescos, deliciosos. Qué maravilla de dátiles.  Así que ahora cuando quiero comer nueces, dátiles, voy donde el afgano.  No importa que sean más caros si el sabor es exquisito.  Valen diez mil veces más que esos dátiles, secos, diminutos, duros que venden por todas partes.

 Que suerte haber encontrado al afgano.

Diciembre 11, 2018

19:49

 

La Energía Positiva

La Energía Positiva

En este mundo estamos para ser felices.

 Al ser felices, emanamos energía positiva. La cual compartimos. Y esa energía positiva es la que nos beneficia a todos, ya que cada uno de nosotros con el universo, somos UNO.

Todos y cada uno de nosotros, formamos parte del TODO, somos UNO. Y al ser todos UNO, los actos de cada uno de nosotros nos afectan a TODOS.

 Por eso, a dar amor, energía positiva y no hacer daño a nuestros semejantes, dar gracias por todo lo que tenemos y por lo que no tenemos.

 Al pensar todos positivamente, el universo nos regresará esa energía positiva y seremos TODOS mejores.

Te deseo un buen día.  

 Noviembre 8, 2018    13:29

Todos somos culpables

Ahora que estamos en medio de un genocidio, perpetrado por el gobernante que sin haber ganado elecciones, se mantiene con artimañas aun en el poder, no puedo más que recriminarme los acontecimientos. Acontecimientos donde todos somos culpables.  Si, culpables de que este genocida nos esté acribillando.  Porque de una manera o de otra, todos, todos ayudamos.  Pasando papelitos, donando gasolina, escondiéndoles cuando corrían por las calles, trabajando por ellos, llenos de un ideal que nos cegó, al no comprender sus verdaderas intenciones, hablando y escribiendo a favor de ellos, sin razonar, sin ver lo que nos acontecería en el futuro.

 Se dice que cuando uno está en el meollo del asunto, uno no ve la verdad.  Uno forma parte de ese círculo vicioso. Es hasta que uno se separa, está lejos, que uno analiza la situación.  Y es hasta entonces que nos percatamos de lo ciegos que estábamos.

 Es la deshonestidad encarnada en nuestro ser que nos hace volver la cara hacia el otro lado y hacernos de la vista gorda ante tanto robo, estafa.  Traicionaron los ideales de Sandino por una Nicaragua mejor.  Y tras treinta y nueve largos años, donde la niñez creció acostumbrada a tomar lo ajeno y verlo lo más normal del mundo, que se roban casas, propiedades, donaciones, medicinas, cuadernos, lápices, que finalmente el pueblo, ese pueblo despertó de tanta ignominia. Ese pueblo al que habían mantenido en la ignorancia.

 Y despertó el campesinado al ver que quemaban la naturaleza, la que nos proporciona el aire que respiramos, los animales y plantas que nos alimentan.  Gloriosos campesinos que montados en sus caballos galoparon para reclamar ante tanta destrucción.

 También fueron los abuelitos contándoles a sus hijos y nietos, que ellos pelearon en la revolución anterior y que ahora el estado les quería quitar el poco dinero al que tienen derecho para sobrevivir.  Nietos que escucharon de sus abuelos como habían defendido con su sangre ese ideal y que ahora una pareja y sus sátrapas, les querían quitar su modus vivendi. Que venían escuchando de sus labios todas las vicisitudes que habían pasado y como aun vivian en extrema pobreza, mientras los otros, esos secuaces que gobiernan, acumulaban riqueza tras riqueza.  De cómo los engañaban contentándolos con unas láminas de zinc y unas gallinas, mientras ellos se apropiaban de todas las riquezas a las que tiene derecho Nicaragua y por ende, el pueblo.

 Y esos nietos levantaron su voz.  Voz que se escuchó en las entrañas de la tierra y Nicaragua entera despertó.  Ese gigante adormecido, se lanzó a las calles pidiendo justicia.  Y ante la vil opresión, se levantó aún más y no le importó inmolarse por sus derechos. ! Piden que se vayan!  Porque ya no tienen nada que hacer en este país.

 Así que ahora, para lavar nuestras culpas, unámonos todos a levantar esos tranques lo más alto que podamos, esos tranques que tanto les molestan porque ya no puede circular libremente la droga ni la madera de nuestros bosques. Esos benditos tranques donde se ha derramado tanta sangre noble y joven.  Donde se ha inmolado el futuro de Nicaragua.

 Unámonos todos poniendo nuestro granito de arena, porque solo unidos venceremos. Nuestra Nicaragua nos necesita hoy, mas que nunca.

14 de junio del 2018 

22:33

 

 

QUIERO GRITAR DESDE LOS TEJADOS

 Ante esta promiscua y pervertida sociedad que es permisiva en todos sus sentidos, no puedo quedarme callada y grito desde los tejados que abramos nuestros ojos y no nos dejemos guiar como ciegos borregos, ya que siguiendo al falso ‘lider’ caeremos en el despeñadero. Y con mi espiritu independiente, basandome siempre en no mentir y decir lo que pienso, pero sin ofender a nadie, he decidido plasmar mis pensamientos.

 ¿Donde esta nuestro sentido comun?  Que ha hecho que hayamos perdido eso tan esencial para actuar con raciocinio. Este sistema capitalista y consumista liderado por la media, es el que nos tiene controlados.  Si, controlados mentalmente.  Ya la verdad es . . . relativa.  La vemos según como la presentan los medios de comunicación. Sin analizar, como seres pensantes que somos, si lo que nos dicen es la real verdad.  Lo que dice la media es lo ‘normal’. Ya no pensamos.  La lógica se ha perdido.  ‘La verdad’ presentada por los medios nos ha vueltos ciegos.  Y es tan cegadora esta información, que por mas que uno la explique, no la queremos ver.  No queremos. Tan indoctrinados estamos que eso, . . . . eso es lo normal.

Me ha indignado escuchar y leer que al nacer un bebé aqui en Canadá, su certificado de nacimiento no muestra su sexo.  ¿Que?  O sea que nacio . . . ¿ agenero? una persona que tiene una identidad de género ubicada como nula.  іEs inaudito!  Es tal la ignorancia, que el pueblo lo acepta.  ¿Sus papas?  Que puedo decir, nada más que tienen aserrín en el cerebro, como nos decía una monja en el colegio, cuando no pensábamos.  Es conocimiento básico en biología que hay dos sexos.  No hay tres, ni cinco.  Que la gente que tiene otra tendencia sexual haga lo que quiera, es otra cosa, pero a un bebé, no designarle un sexo, es irracional. O criarlo como del sexo opuesto.

Y es debido a estos padres con aserrín en el cerebro, que criaron a sus hijos ‘a la bulla y a la cabulla’ sin preocuparse de inculcarles valores morales, que supieran que ellos eran seres especiales, que eran lo mejor que dió el universo, -porque al nacer se quebró su molde- ser amados, abrazados, acurrucados, inculcandoles seguridad en ellos mismos; ahora estos hijos son facilmente convencidos por cualquier tontera que escuchan o leen.  Ahora no saben quienes son ellos en este universo, no piensan y les lavan el cerebro tan, pero tan facilmente. Y les han convencido que . . іno se tienen que definir sexualmente!  іQue pueden ser ambos sexos a la vez! O no sexo. O criarlos con un sexo diferente con el que nacieron. Eso, es un ritual satanico. Cuantos no vemos caminando vestidos de mujer, habiendo nacido hombres y a base de hormonas y operaciones lucen en las portadas de famosas revistas, como la mujer mas linda. ¿Mujer? No, no es el traje lo que la hace mujer. Porque nacemos, u hombre, o mujer, nada más. Y los desfiles de homosexuales son lo mas communes en todas las sociedades. Y las fuerzas militares desfilan con ellos. Y los encargados del orden, tambien. Y las madres llevan a sus hijos a verlos desfilar, porque esta sociedad permisiva, lo ve ‘normal’. No hay nada mas dañino para una mente infantil que crecer sin la figura paterna o materna.  Se ve en los orfanatos. Niños dañados para toda la vida. Y ahora los jueces permiten que personas del mismo sexo crien hijos. Hijos que crecerán dañados sicológicamente.  Que les hacen creer a estos niños que son una familia ‘normal’.  No, no lo son.

Y son estos niños desorientados, faltos de cariño por unos padres que solo se dedicaron a hacer dinero y no a criar a sus hijos -porque esta sociedad consumista les lava el cerebro veinte y cuatro horas al día, con publicidad de comprar, comprar, comprar- los que han caido en las garras de la pedofilia.  O los que crecieron en hogares anormales – que se salen de la regla de la normalidad. El más vergonzoso crimen contra nuestros niños. Crimen de lesa humanidad.

Y como es ‘don dinero’ el que rige el mundo, todo el que tiene alguna influencia, ha sido ‘comprado’.  Los sobornos están a la hora del día. Ya nada se mueve honestamente, comenzando desde lo más alto, hasta lo más bajo en la escala social. Es el poder detrás del trono el que quiere controlar a la humanidad financieramente. Y por eso hay tantas guerras, tratando de aniquilar al país que no está bajo su control financiero y sus ansias de poder económico.  Eso quieren hacer con Siria y ahora con Corea del Norte.  Lo hicieron con Grecia cuando lo obligaron a declararse en bancarrota y caer bajo sus redes.  Han destruido Afganistan, Irak, Libia, además de querer reducir la población mundial.  Los poderosos, con dinero, están donándolo para controlar con vacunas, la población en Africa y Asia. La droga circula impunemente, acabando con la juventud. Ahora, el colmo de los colmos, los drogadictos tienen centros donde se pueden inyectar, gratuitamente, supervisados para que continuen drogandose y no reciban una sobre dosis.  Y . . . lo ven como lo mas normal. Los sembríos de opio en Afganistan los cuida el ejercito gringo.  En America Latina, los gringos castigan a los que producen la droga, . . . pero el que la compra y la distribuye ¿que?  Si no hubiera comprador, no hubiese droga. Es la ley de la oferta y la demanda.

No nos queda mas que al despertarnos, abrir nuestros brazos al universo y pedirle que nos de paz, que nos llene de amor el corazón, porque al tener amor, podemos prodigar amor.  No se puede dar . . . lo que no se tiene. Esa ola de amor cubrirá al mundo y nos hará mejores seres humanos. Está comprobado que la mente es poderosísima, lo vemos al cambiar el agua limpia en sucia, con pensamientos negativos solamente.  Entonces, . . .  cambiemos el mal por el bien, pensando y actuando todos, positivamente.

19 agosto 2017

16:34

El Camioncito Toyota

28 de junio del 2016

20:03

Hoy que fui a Masaya, necesitaba transportar un poco de material hacia la construcción, cuando se me acercó un señor ofreciéndome transporte en una pequeña camioneta o camioncito, como me aclaró después; era en realidad un camioncito. Ofreció llevarme donde vendían madera, donde comprar sacos para la arena de playa que necesitaba, donde vendían los bloques pequeños de buena calidad y no los ‘garroteados’ que venden en Masaya.

Reí cuestionándome la expresión de ‘bloque garroteado’ la primera vez que la escuche.  Que lo hacían a puro garrote, o sea, golpeándolo para que se compactase el cemento y arena y no a máquina, como se hacen los buenos bloques.

El señor insistía en acompañarme por dondequiera que iba; molesta yo un poco ante su insistencia, de que no me dejase en paz y quisiese ayudarme en todos mis menesteres.

Después de hacer unas compras, volvió a insistir que el sabia donde yo podría comprar mis materiales.  Así que decidí acompañarlo.  Caminé hacia la venta de madera y mientras regateaba los precios de tablas, reglas de diferentes medidas, le pedí al señor que buscase a José, mi trabajador quien había ido a buscar los bloques de buena calidad, los que no se quiebran al tirarlos al suelo y no los famosos ‘garroteados’. Dejé pagada la madera y caminé a comprar la arena y los sacos.   Y todo esto con la ayuda del señor.

Llegó el camioncito y me subí en el para ir a buscar los bloques buenos. Pero la subida al camioncito, fue toda una odisea.  Agarrándome de la puerta y del marco de la cabina, agarré impulso para poder subirme.  Ya arriba, hice malabares para sentarme, mientras el señor me ayudaba deteniendo la puerta que no se abriese más. Su dueño se sentó al volante y lo encendió haciendo contacto con los dos alambres pelados debajo de lo que debía ser el tablero, movió la palanca del cambio ‘hechizo’ y arrancó. Como era que caminaba el camioncito, me preguntaba yo. Y también se me vino a la mente, ¿le funcionaban los breques?  Como me había subido en ese camioncito, pensé! Un accidente, me dije, y ni cómo salvarse, si la cabina estaba hecha de pedazos de metal. El cacaste del camioncito, . . .  daba pena.

Buscamos los bloques en varios locales, hice llamadas telefónicas tratando de encontrar los de buena calidad y José me dijo que en la Ferretería allá en La Barranca, había encontrado de los buenos bloques de concreto que yo buscaba.

En el trayecto, le pregunté a don Freddy Mercado, su dueño, un señor ñajo de unos cincuenta y tantos años, quien parecía seguir las instrucciones del señor que me había ofrecido el transporte, cuantos cilindros tenía su vehículo, que marca era, ya que no tenía nombre por ninguna parte, solo la armazón de metal viejo formando lo que debía ser el tablero; volví mi vista hacia el volante, hecho con una varilla gruesa de metal al cual le atravesaba de lado a lado, otro pedazo de metal. Nada le funcionaba en las puertas. La del conductor la prensaba en la parte superior con una varilla, y mi puerta, solo se podía abrir por la parte externa.

Era un Toyota como del año 1976-1980, que lo encontró como chatarra en un predio, sin el piso de la cabina, el cual re-hizo de pedazos de hierro, le puso un vidrio, que ahora solo se sostenía con la pega en la parte superior y la inferior, se movía al compás del golpe de los baches del camino.  Le dije que cuando tuviese un poco de dinero, le pegase el vidrio en la parte inferior, ya que con los continuos golpes, se le podía quebrar.

Volví mi vista hacia el piso de la cabina y había huecos por doquier. Le pregunte si la puerta cerraba o me iba a salir de la cabina con el movimiento. Me habló entusiasmado de su camioncito, que le había costado mil quinientos dólares hace unos tres años y unos quinientos dólares más que le había invertido en ciertas piezas. Como había transportado productos, trescientos kilómetros de ida y otros trescientos de vuelta y el camioncito, no había fallado.  Lo único, me dijo es que no va muy rápido. Y me produce, me dijo, orgulloso. Lo felicite por su vehículo.

Al llegar hasta mi casa, les ofrecí una bebida refrescante con mucho hielo.  Le tomé fotos a la cabina y las veo ahora y me sorprendo del ingenio de Don Freddy, para hacer funcionar su camioncito Toyota. Qué bueno que es.

El Guardabarranco

El Guardabarranco

22 de mayo del 2016

23:36

Cuando buscamos un lugar tranquilo donde vivir, sin el bullicio del turismo, ni restaurantes, ni hoteles, ni bares con su estruendosa música sonando a todo pulmón hasta altas horas de la madrugada, ni el trafico continuo de vehículos particulares, ni de buses, ni ventas ambulantes, visitamos un pueblito que hace como veinte años habíamos visto, solo de pasada.  Esa vez no nos detuvimos.  Lo que si nos llamó la atención, fue su limpieza.  El pueblo brillaba, no había basura por las calles, todo estaba limpio.  Nos causó muy buena impresión.

Y cuando decidimos construir, yo visité nuevamente el pueblito.  Había crecido y ahora los terrenos costaban miles de dólares; me sorprendí del valor inconcebible que habían adquirido las propiedades.  Les bromeaba, si el terreno tenía oro en sus entrañas.  Y cuando nos miraban, creyendo que éramos extranjeros y no nicaragüenses, nos cobraban el triple.

Caminamos por todo el pueblito donde vivimos. Literalmente lo aplanamos de palmo a palmo. Es en realidad una ciudad, pero a mí me gusta verla como . . . un pueblito. Pequeña, con su antigua plaza central con un hermoso parque con un quiosco en el centro y una iglesia bellísima.

Me enamoré de su antigua parroquia construida en 1822, con un pequeño campanario.  Sus doce sólidos y altísimos y gruesos pilares de pura madera, se yerguen altivos representando los doce apóstoles y su altar de madera es tallado a mano.  A un costado tiene el altar a San Sebastián tallado en madera y pintado a colores.  No he visto altar más lindo y con tantos detalles. Su atrio con antiguos ladrillos cuadrados de barro, le da vuelta a toda la iglesia.

Y sus grandes terrenos estaban llenos de árboles. Árboles gigantescos que tenían muchos años de sembrados, y se escuchaba continuamente la algarabía del trino de los pájaros. Me cautivó el pueblo y por supuesto,  . . . sus pájaros.

Alquilé una quinta, con una casa en un terreno grandísimo, con enormes árboles de mangos, aguacates, guanábanas, jocotes, chagüite, melocotón, cocos, e interminable cosecha de limones, pero sobre todo, era visitado por pájaros de todos los colores, tamaños y estilos.

Hacia mi siesta en la hamaca que colgué en el patio, la cual amarré entre el mango y el aguacate. Siestas renovantes, en la tranquilidad del campo y amenizada por el canto de los pájaros Cenzontles, el ruidoso Saltapiñuela y cienes de pájaros me distraían. De todos los tamaños y colores. Allí llegaba el pájaro Carpintero y llegué a reconocer su constante picoteo tratando de sacar insectos o gusanos de la corteza del árbol de mango.  El Guardabarranco, nuestro pájaro nacional, era asiduo visitante y avisté hasta tres a la vez.  Mientras hacia mi siesta en la hamaca, que después colgué de su armazón de hierro, porque me podían caer los mangos encima, me deleitaba viendo esta belleza de pájaro.  Es increíblemente lindo. Su pecho amarillento verdoso, contrasta con su cuerpo y cola azul pavo.  Tiene su ojo pintado de negro cual si fuese una esfinge del Nilo y esa larga cola termina en dos pequeñas plumas. Me he convertido en admiradora del Guardabarranco. Lo veo y no me canso de hacerlo.  Si el sol le ilumina su pecho, se le ve verde amarillento. Si está en la sombra, ese pecho se torna de un tono verde musgo. Y cuando lo veo entrando a su nido, su cuerpo y cola son de un azul pavo intenso.

Ahora, en mi casa, los tengo de huéspedes. Si, han hecho su nido en la pared que forma el hueco donde será la piscina. Por eso se llama Guardabarranco, porque habita y hace sus nidos en los barrancos – esos acantilados de tierra que se forman en los caminos de tanto transitarlos – y el costado de la piscina semeja un barranco. Los patios aledaños tienen árboles enormes de mango, aguacate, jocotes, naranjas, chagüites, así que hay vegetación por doquier. Me despierto por las mañanas entre el canto de cienes de pájaros, me quedo pereceando en la cama y sonrío para mí misma al escuchar su serenata. Después, me siento en la terraza a gozar de ellos. Y temprano a las cinco y media de la mañana ya ha salido el Guardabarranco de su nido y regresa, ahora, con comida en su pico. Los dos alimentan a los polluelos, con insectos que cazan en el vuelo. Ayer vi a tres Guardabarrancos en la serpentina del muro de mi casa y espero que pronto los bebes alcen el vuelo, ya que no puedo comenzar la piscina mientras ellos estén allí.

Hoy logré tomarle fotos a la entrada del nido.  Se han acostumbrado a mi presencia y llegan hasta a dos metros de distancia.  Trato de no hacer movimientos bruscos para no asustarlos, pero no me quitan la vista de encima. Recelosos. Y tienen razón.  Hay tanta gente que les hace daño a estos pájaros, que su instinto no le permite descuidarse, ni siquiera por un segundo, de la extraña que lo observa.  Llegó la pareja a posarse en la serpentina del muro que rodea la casa. El macho saltó a un barril en el patio cerca de mí, distrayéndome, mientras que la hembra volaba hacia el nido para darle de comer a sus polluelos. Hay una leve diferencia de tamaño entre el macho y la hembra pero ambos tienen el mismo plumaje bellísimo.

Otras veces salta del muro a los hierros que están al fondo del patio y desde allí, por un largo tiempo, me observa, no confiando en mí completamente y finalmente, ya tranquilo de que no soy una amenaza, vuela hacia el nido.  Entra justo el tamaño de su cuerpo y cola, a alimentar al polluelo que de seguro está muy cerca de la entrada.  Escucho su sonido pidiendo comida.  Y cuando los padres están cerca, le avisan con su canto, de su cercanía y finalmente, después de mucho observarme, vuelan a darle de comer y salir inmediatamente a buscar más insectos.  Solo escucho un sonido, como que es solo un bebe, aunque a veces pienso que son dos bebes los que están alimentando, ya que vuelan tan seguido al nido a alimentarlos.

Ayer le traje gusanos enormes que el muchacho encontró en el tronco podrido de un árbol en la finca; él muchacho bajó al hueco de la piscina y se los puso en la entrada del nido. Al volar hacia el nido, el Guardabarranco dudó un instante, mirando hacia ambos lados, le dio el insecto a su bebe y agarró uno de los gusanos, y voló al muro donde se lo comió. Después voló hacia el fondo de la piscina y recogió de uno en uno los que se habían caído, regresando cada vez a la serpentina del muro.  ¡Que festín resultaron esa gran cantidad de chogotes, esos enormes gusanos! Dudaba cada vez que entraba al nido – como tener comida allí, a su alcance, sin tener que cazarla al vuelo.

Y hoy al despertarme en la madrugada, me asomo por la ventana y veo hacia el nido del guardabarranco y me da un vuelco el corazón al discernir en la oscuridad de la madrugada, la figura de un gato acechando el nido. Corro hacia la terraza al mismo tiempo que busco una piedra en el patio, y se la lanzo vociferando ‘gato bandido, salí de aquí’, y me esquiva saltando felinamente hacia el muro, y yo detrás tirándole piedras que no lo logran alcanzar. Y allá arriba en el muro me reta echado, lejos de mis pedradas. Me siento en la terraza cuidando el nido, preocupada por los bebes. Poco tiempo después veo al guardabarranco saltar del techo en picada, volando cerca del nido pero no se detiene allí, sino en el muro.  Regresa volando en dirección contraria, siempre por el nido, pero tampoco se detiene; finalmente, ya seguro de que no hay peligro, salta del árbol de jocote a la serpentina del muro, después a la escalera, me ve sentada, a escasos dos metros y tranquilamente me da la espalda! Finalmente brilla la confianza.

Y el bebito, solo uno, todo emplumado, se asoma en el nido.  Esperando yo que vuele pronto.

Que mayor bendición que tener de huéspedes, una pareja de Guardabarrancos y su bebito. Mis primeros visitantes. Todos los días y a todas horas tengo el placer de verlos y como los gozo.  

El Herrero

El Herrero

27 de septiembre del 2012                11:54

Se llama Luis, pero le dicen El Dulce.  El mismo apodo que llevaba su papa, quien también era herrero y de quien aprendió el oficio.

De joven yo escuchaba a mi mami decirle a mi hermano que fuera donde El Dulce para que le reparara algo, pero nunca supe donde vivía, ni que era lo que en realidad hacía, ya que no tenía necesidad de sus servicios.

Pero al desempacar mi escritorio antiguo y buscar la llavecita de bronce que guardé en su gaveta, esta se había perdido. Pero hoy al regresar del mercado y caminar por otra calle, pasé justo por el local donde trabaja El Dulce.  Así que me fui donde él con las cuatro cerraduras y le pedí que me le hiciera la llave maestra que las abre todas.  Dos días después llegué a buscarla y que sorpresa la mía, la había hecho de bronce.  De bronce, como las agarraderas de las gavetas.

Pero, no le hizo una llave cualquiera, le hizo una llave estilo antiguo, con su parte superior formando varios círculos entrelazados, y ahorita, mientras escribo, veo la llave en mi escritorio antiguo y sonrío de felicidad.

Una de las bisagras necesitaba cambiarse, pero, como conseguir una bisagra antigua, pequeña, ya que anteriormente eran más anchas y más cortas, con tres tornillos de cada lado y no las estrechas y debiluchas que hacen hoy en día. La busqué en los pueblos que visitaba – tal vez alguien tiene una tirada por allí, me decía; ninguna ferretería la tenía tampoco.

En un papel calqué el tamaño y forma del espacio donde van las bisagras, con los espacios donde van los tres tornillos y se lo llevé de muestra. Y el Dulce hizo las dos bisagras pequeñas.

Y me digo yo, que suerte de tener un herrero que puede hacer todos estos tipos de trabajo.  Es una bendición El Dulce en la ciudad.

Las Anécdotas de Toño

Las Anécdotas de Toño

12 de noviembre del 2013

19:27

Toño fue el ‘hijo de casa’ de mi suegra, la Julita. Hoy Toño tiene alrededor de cincuenta y siete años y me dice, ‘cada año, en el mes de mayo cumplo un año más’, y me asegura, pero dudoso, ‘como que es el primer día del mes de mayo, pero no estoy seguro.  Mi mama me decía, “vos cumplís años cada año del mes de mayo”, pero nunca le pregunte a mi mama el día’. 

Toño es analfabeta, de buen corazón, honrado y fiel a la familia.  Ahora le he dado albergue y se siente el cuidador de la casa. Pero el sale a trabajar todos los días.

Toño nació en Chontales y fue criado aquí en Granada. Toda la familia se vino aquí a Granada cuando estaban pequeñitos. Su papa Ventura Gonzalo Castillo y su mama Luisa Dávila; ‘y estoy reconocido´, me asegura, ´pero me gusta más el apellido de mi mama así que yo soy Dávila Castillo´.

Tiene dos hijos, analfabetas también, que se ganan la vida vendiendo dulces en las calles y el otro, quien es menos inteligente, vende guineos en un carretón que empuja por las calles de la ciudad. Moncho, este hijo, pues no recuerda cuando nació.

Toño tiene un modo peculiar de hablar. Me gusta su idiosincrasia. Su sinceridad y su estilo de hablar. Pero es terco como el mismo. Le había dicho que si quería, regara cada bolsita de mi almacigo pero que el agua no sea muy fuerte y que no tirara la manguera al patio, que la dejara al borde donde está la hamaca ya que quiebra las estacas sembradas. Le quité el oficio de regar, algo que a mí me gusta hacer, por que . . .  bueno, no entendía.  Un día que regresé a la casa por la tarde me dijo que había regado las plantitas; le dí las gracias como siempre pero al ver más tarde que había de nuevo tirado el pico de la manguera al patio, le dije que mejor no las regara, que a mí me gusta hacerlo y que no debe tirar la manguera al patio.  Me contestó enojado, que ‘él nunca quedaba bien’. ‘Yo por hacerle el favor’, me dijo.  Di media vuelta.

Me encanta oírlo decir que ahora que ‘funigue´ los zancudos’.  Y no es solo él, es el pueblo entero quien dice ¡funigar! Y me cuenta que antes  ‘ganaba setenta pesos la semana y cuando ganaba cien trabajando el domingo, era más lo que ganaba’, me dice. Y como yo he estado resfriada, me recomienda que tome de esos ´mecamentos´ que me van a asentar bien para la salud´. Me cuenta también que José ‘Grabiel’ el vecino, lo recomendó para un trabajo. Y si ve al cielo por las noches me comenta, ‘ese lucero brillante “parparea y parparea” toda la noche’, y así, . . . . son interminables las expresiones de Toño.

‘Es que esta novela’, me comenta, ‘es como fea la música, es diferente, pero es como bonita’; ‘es algo como, quedadita’ y no sabe Toño como describirla. ‘Hermosa la muchacha’, comenta al ver la novela que está comenzando. Toño me recuenta la novela casi al mismo tiempo que está sucediendo; le repito que no me cuente la novela, porque yo también la estoy escuchando mientras escribo, pero como es terco, no pone atención a lo que le digo, y continua incansablemente, recontándome lo que sea que ve en televisión.

Dice que Don Marianito el vecino, le decía, ‘Jovero Toño, como que comiste lora, de tanto que hablas’.  Y cuan cierto es.  Habla interminablemente. Si va a hacer algo, como barrer la acera o el patio, me lo repite varias veces, como pensando en voz alta justo antes de hacerlo; como para que no se le olvide.

Sale todos los días a trabajar y trabaja incansablemente los siete días de la semana. El repella paredes, arregla tejas, pinta casas así como muebles, encaña los techos, lustra zapatos, etc.  Uds. pregunten un oficio y Toño lo hace. A veces lo escucho saludando a la gente en la calle, se detiene y les platica, en medio del mandado que le han encomendado, y como buen nica, habla en voz alta, por lo que me doy cuenta cuando se despide de la persona que encontró en la calle a casi una cuadra de aquí.

Con Toño he aprendido a tener más paciencia, porque no puedo exigirle mucho.  Es honesto y sincero y te dice las cosas de frente, sin pensarlo dos veces. Y no es solo el, es el pueblo entero que no sabe hablar.  Me choca que constantemente escucho ‘los juimos a ver’.  Juimos, pues es muy común, pero en vez de decir ‘Nos juimos,’ todo el mundo dice ‘los juimos’.

Me da tristeza que en mi tiempo aun haya gente analfabeta.

Los Nubarrones

Los Nubarrones

29 de septiembre del 2012  

1:17am

Al salir de la casa noté

unos enormes nubarrones negros

que cubrían el cielo.

Venían del lado este, del lago Cocibolca

y se dirigían hacia el imponente Volcán Mombacho.

 

Pícaramente, entre ellos,

se asomaban unas brillantes y pequeñas nubes blancas

aclarando el celeste cielo,

haciendo resaltar lo obscuro de los nubarrones

y produciendo un contraste maravilloso.

 

En el ambiente se sentía la humedad y el frescor del viento

y los pajaritos volaban en bandadas buscando refugio.

Unas cuantas gotas de lluvia cayeron al suelo

dejando ese olor característico a tierra mojada. A tierra fértil.

 

Pero son solo eso,  . . . . . nubarrones.

Y aunque momentáneamente obscurecen el firmamento,

el viento sopla llevándoselos lejos

y el celeste azul del cielo vuelve a brillar.