31 de Julio del 2007
Con la enfermedad de Marlene descuidé mi jardín y las moras salvajes han crecido sobre las flores, abrumándolas con sus espinas y hojas y moras, por lo que solo unas pocas flores lograron crecer. Pero, es una montaña de moras salvajes, hay miles de miles; tantas que hasta guardé en el congelador y refresco hice.
Todos los días salgo al patio por la mañana y por la tarde. Uno de esos días, Lala, nuestra chihuahua, se asomaba entre las moras y movía su cola de alegría. Pensé, algo vio. Y pocos días después vimos un conejo café en el patio; no se movía al vernos y con mucha calma seguía comiendo las hojas/florcitas de monte que encontraba. Supuse que dormía bajo la maraña impenetrable que formaban las miles de plantas que han crecido. Y así fue.
Un día, estando Nequito sentado en la perezosa en la terraza, vio salir de debajo de las moras, dos conejitos bebes de color cafés. Me llamo rápidamente y logre ver a uno de ellos que a una velocidad vertiginosa corría hacia los cedros al final del patio, escondiéndose entre el monte.
Ahora, los alimentamos. Si, les ponemos zanahorias y hojas de las verduras para que coman. Y todos los días veo que ya no están las zanahorias, así que siguen allí.
Parece increíble que en medio de esta gran ciudad, tenga, en el patio de mi casa, una coneja con sus conejitos.