La coneja y su familia que viven en el patio de mi casa

 31 de Julio del 2007

 

Con la enfermedad de Marlene descuidé mi jardín y las moras salvajes han crecido sobre las flores, abrumándolas con sus espinas y hojas y moras, por lo que solo unas pocas flores lograron crecer.  Pero, es una montaña de moras salvajes, hay miles de miles; tantas que hasta guardé en el congelador y refresco hice.

Todos los días salgo al  patio por la mañana y por la tarde.  Uno de esos días, Lala, nuestra chihuahua, se asomaba entre las moras y movía su cola de alegría.  Pensé, algo vio.  Y pocos días después vimos un conejo café en el patio; no se movía al vernos y con mucha calma seguía comiendo las hojas/florcitas de monte que encontraba.  Supuse que dormía bajo la maraña impenetrable que formaban las miles de plantas que han crecido.  Y así fue.

Un día, estando Nequito sentado en la perezosa en la terraza, vio salir de debajo de las moras, dos conejitos bebes de color cafés.  Me llamo rápidamente y logre ver a uno de ellos que a una velocidad vertiginosa corría hacia los cedros al final del patio, escondiéndose entre el monte.

Ahora, los alimentamos. Si, les ponemos zanahorias y hojas de las verduras para que coman.  Y todos los días veo que ya no están las zanahorias, así que siguen allí.

Parece increíble que en medio de esta gran ciudad, tenga, en el patio de mi casa, una coneja con sus conejitos.

Una Navidad sin Marlene

 26 de diciembre del 2007; 13:59

Me solté en llanto, incontenible.

Lloraba con sollozos fuertes y profundos, que me desgarraban el alma.

Todo mi dolor en ese estallido en llanto.

Diez mil recuerdos me vinieron a la mente.

Caminando por la playa en La Boquita y Tito diciéndome que ya iba a regresar,

que no me preocupara por ella;

montando a caballo en la finca cuando estábamos pequeñas,

– nos encantan los caballos-

el verla después de cuatro anos, cuando yo regrese de Berkeley

y que se había convertido en una belleza, exótica

con sus ojos un poco rasgados,

elegante, sencilla,

su pelo corto peinado detrás de la oreja

y la observaba cómo aquel patito feo era ahora un lindo cisne;

se sintió feliz de que regresase,

que la iba a apoyar en su espíritu libre,

y el conocernos de nuevo ya adolescentes

y olvidarnos de nuestras desavenencias cuando ella se ponía mis brassieres,

nuestros pleitos de niñas cuando la llamábamos Malinche sin saber que significaba,

solo para que mi papi le trajera una linda flor y le preguntara: te gusta? es linda verdad? se llama Malinche

y fue así como después no le hizo mella nuestro apodo,

de que servia si era una linda flor;

nuestros fines de semana nadando en la piscina de los Handler;

y cuando nos cruzábamos el jardín de Casa Hacienda,

embrujadas con nuestras toallas para que los capachos no nos saltaran encima,

y pudiéramos nadar en esa honda piscina;

y cuando mi papi nos explicaba de los murciélagos en Casa Hacienda

y los experimentos para comprobar que no se guiaban por la vista sino por el oído al volar,

y nuestros paseos a caballo todos los domingos,

allá por los mangos

y los lavábamos en las taujiíllas;

y nuestros viajes inolvidables al mar,

dos semanas completamente solos,

aislados del mundo,

y para poder llegar al mar viajábamos en canoa,

toda una aventura!

nuestra enramada de palmas y durmiendo en hamacas,

rezando el Vía Crucis por la playa,

recogiendo conchas,

cazando cangrejos

y los miles de cangrejos caminando por doquier,

construyendo castillos en la arena;

y nuestras enjuagadas en el estero – a solo una cuadra del mar,

y nuestros viajes en canoa por el estero con Julio, el hijo de Braulio, remando

nos llevaba a recoger conchas negras,

y cortando icacos en la playa que crecían salvajes

y caminando por la playa anchísima,

esa inmensa playa de Los Brasiles,

solo nosotros

entre  el cielo y el mar.

Que días más felices!

La felicidad

29 de enero del 2011; 19:20

He observado que cada vez que escribo algo, termino mi escrito con una nota optimista. No me había percatado de ello, hasta que un día releyendo uno y después otro de mis escritos, lo noté.

Y cuando escribo a mis amistades, casi siempre les digo que soy feliz, que eso es lo más importante en la vida. Que por eso estamos aquí. Para ser feliz. Y mis escritos, hablan de mi felicidad.  Y cuando hablo por teléfono, bromeo, me río, soy feliz. Pase lo que pase, soy feliz.  A veces es natural que esté triste, pero en general, soy feliz.

Un día que platicaba con un yugoslavo y hablábamos sobre la importancia de tener una niñez feliz, me decía que no tenia que anécdota feliz recordar de su niñez, ya que habían viajado mucho, y nunca estaban en un mismo lugar por mucho tiempo, y le dije, ‘pensa en algo que te hizo feliz, no importa donde hayas estado, ni cuan pequeña haya sido’.  Y le di como ejemplo, que yo cuando quería recordar algo que me hacia feliz, pensaba en el mar, las vacaciones de un mes que pasábamos allí cuando yo estaba chavala.  Y al solo recordarlo, asomó una sonrisa en mi cara.  Vi la extensa playa de Los Brasiles, extensa de fondo y de ancho, caminando, recogiendo conchas, piedritas, siguiendo cangrejos, escuchando el sonido de las olas al reventar y esos bellos atardeceres y amaneceres.

Yo pienso que soy feliz.  Es algo innato en mi,  mi felicidad. Estudios dicen que hay personas que nacen con un 50% de felicidad, que un 40% lo adquirimos durante el curso de nuestra vida, y el 10% restante, no recuerdo que dijeron.

Cuando escuchaba televisión y hablaban sobre la felicidad y de lo que se necesita para ser feliz, le dije a mi marito, ‘yo, soy feliz’.  Me respondió, ‘como podes ser feliz con tanta hambre en el mundo’.  ‘Es que’, le contesté, ‘yo no estoy diciendo que no hay hambre en el mundo, simplemente te estoy diciendo que soy feliz’. Y volvió a repetirme lo mismo, y le dije de nuevo, que no era eso lo que le estaba diciendo, ni que no hay problemas, que le estaba diciendo que yo era feliz. Y volvió a protestar.  Lo quedé viendo y me dije a mi misma, ‘esta es la gran diferencia entre los dos.  El, es una persona sombría.  Yo, soy feliz’.

Yo soy bien optimista, alegre, chispeante, bromista, con sentido del humor.  Creo que me viene por el lado de mi papi, pero también por mi mami.  Ella también era así y de espíritu aventurero, el cual también heredé. Y también me parezco a mi tía Nelly, ocurrente, creativa, hábil, algo que también heredé de mi papi.

Y como todo mundo, a veces estoy triste, bien triste, pero, . . .  yo, . . . soy feliz.