El agua y como la desperdiciamos

                   30 de agosto del 2013            17:56

Hoy que regresé de trabajar y para sorpresa mía, no había agua en las llaves – me preocupé ya que no tenia ni un solo recipiente con agua; porque cuando entro a la casa, lo primero que hago es lavarme las manos; si, para evitar todos los micro. . y todos los bios . .  que encuentro en mi camino.

Abrí el refrigerador y vi una botella pequeñita de agua helada.  La saqué, tomé dos sorbos para calmar la sed, le di un poquito de agua a Lala nuestra Chihuahua y con otro poquito me enjuagué las manos y todavía me sobró un sorbo más.

Me maravillé de todo lo que pude hacer con ese poquito de agua y que todavía me sobrasen unos dos sorbos y me puse a pensar, en como desperdiciamos el agua.  Que triste, pensé.  !Fue hasta cuando me vi en la necesidad del vital líquido, que comencé a economizarlo!

Y eso que yo soy comedida en mis gastos de agua.  Lo he sido desde pequeña, ya que mi papi nos enseñó a no desperdiciarla.  Nos enseñó que cuando nos lavásemos los dientes, llenásemos un vaso de agua para enjuagarnos y así cerrar la llave para que el líquido no corriera inútilmente, desperdiciándose.  Algo tan sencillo como eso, y lo importante que es el practicarlo. Toda el agua que economizamos.

Y cuando veo en la televisión, esos niños y mujeres que caminan kilómetros para ir a sacar un balde de agua de un lejanísimo pozo, me repito lo irresponsables que somos con el vital líquido.  Millones de personas muertas de sed y aquí, nosotros, desperdiciándolo vilmente.

¡Que insensatez! pensé y me pregunté si es que no pensamos lo que hacemos a diario, que hacemos las cosas automáticamente y sin percatarnos de nuestros actos.  Que no utilizamos nuestros cinco sentidos, y nosotras, las mujeres, hasta el sexto, podríamos usar.

He estado leyendo que la cantidad de agua en el mundo para el número de personas que somos, pues, no va a dar a basto para nuestras diarias necesidades.  ¿Y que de las plantas?  Nuestras cosechas se vendrán al suelo sin agua. Y si nos ponemos a pensar, podemos aguantar hambre, pero,  . . . sed?  Entre las recomendaciones que debemos seguir es lavar el carro con un balde y no con la manguera; bañarnos en el menor tiempo posible, 5-10 minutos lo más; revisar que las tuberías estén en buen estado y por supuesto, la que he venido practicando desde que era una niña, lavarse los dientes con un vaso de agua.

Y no es tanto el tomar agua, es el tomar agua limpia. Esos documentales en televisión si que nos muestran otra perspectiva. Esos niños que se ven obligados a tomar agua de un charco.  Si, sacan el agua de la superficie de un mugroso charco, ya que es lo único disponible.  Así que de ahora en adelante, para no llegar a esos extremos, a economizar el agua se ha dicho. 

San Pascual Baylon

7 de marzo del 2013 

4:24 am

Fray Pascual Baylón, de Alicante, España. Fraternidad de Hnos. Menores Capuchinos

¿Han oido ustedes hablar de San Pascual Baylon?  Yo, desde pequeña lo conozco, ya que mi mami le rezaba cuando habia traspapelado algo.  Y es tan prodigioso, que al rato, aparecía lo perdido.  Asi que yo le rezo a San Pascual Baylon cada vez que pierdo algo. O necesito encontrar algo.   іY cada vez que encontramos algo, le bailamos a San Pascual Baylon!

Cuando estaba pequeña, talvez de trece años, perdí mis aretes de perlas que mis papis me habían regalado. Estaba preocupadísima, ya que seguro me iban a regañar por haberlas perdido.  Así que las busque por toda la casa, por donde recordaba haber caminado.  Después crucé el jardin y llegué a la acera, y allí en la esquinita que formaba el borde de la acera, estaban mis chapas de perlas. Le bailé calladito a San Pascual Baylon.

Hace como unos quince años, mi hijo Eugenio me despertó como a la una de la madrugada, diciéndome que había salido con Mark – un italiano, amigo desde que estaban pequeños – y que al salir de la discoteca, y caminar hacia el carro de Mark, ya no estaba,  se lo habian robado. Llegó la policia, declararon, pero . .

Ese día en la mañana le dije a Edoardo mi hijo menor que rezaramos para que apareciera el carro, pero que apareciera intacto. Porque podía aparecer solo el cacaste, sin llantas, ni timón, ni nada.  Le dije a Eugenio que regresaran al parque que estaba cerca de donde había desaparecido el carro y buscaran sus tarjetas de identidad,de crédito, billetera, papeles del carro, etc.  Encontraron todo eso tirado por doquier, menos el dinero. Antes de bajarse del carro y entrar a la discoteca, habían dejado todos sus papeles guardados en la guantera del carro. Era el primer carro de Mark. Que habia sido del abuelito

La policía mantenía informado a Mark de la investigación del robo, pero en una ciudad como Toronto, era como encontrar una aguja en un pajar.  Pero yo, siempre rezandole a San Pascual Baylon.

Como a los ocho días Eugenio me dijo que había aparecido el carro de Mark.  ¿Y como esta le pregunte, le falta algo? Y me contestó que el carro estaba intacto, igual a como lo habían dejado. En perfectas condiciones.

іMe puse a bailarle a San Pascual Baylon! Y como de que no.  Por la tarde llegó Mark a la casa y al entrar le dije de mi rezo a San Pascual Baylon y lo agarré de las manos y bailé con el, allí mismo en la cocina.  Me vió como loca por supuesto.  іPero es que Mark no sabe cuan milagroso es San Pascual Baylon!

Y ayer antes de cruzar la calle y arreglarme la bufanda para protegerme del tremendo frio que hace y sentir que la bufanda me rozaba los aretes, me toqué ambas orejas para constatar que siempre los tenía puestos.  Me subí al carro de Eugenio, le dí un beso en la mejilla y mientras platicaba con el, me quité la bufanda, acomodé mi bolso y me revisé las orejas de nuevo.  ¿Y qué?  Había perdido un arete.  Ya estábamos en la carretera – su casa está a una hora de Toronto – y empecé a buscar mi arete en mi ropa, dentro de mi camisa, dentro de mi chaqueta de plumas, la bufanda, el piso del carro.  Lo busqué y lo busqué sin encontrarlo.  Le dije a Eugenio que me acababa de revisar las orejas y tenía los dos aretes puestos. Me bromeaba que llamáramos al departamento de objetos perdidos, y le contesté, ‘Crees vos que van a entregar un arete de oro’ . Que tristeza me dió.  Tengo muchos años de tener estos aretes; me los hizo mi joyero con un diseño que yo le dí hace unas cuantas lunas. Y de nuevo, varias veces busqué el arete entre mi ropa y dentro del carro.

Apesadumbrada por la perdida de mi arete, al bajarme del carro, todavia con la esperanza de encontrarlo ya que San Pascual Baylon nunca me falla, me sacudí la chaqueta y la bufanda en la acera. Y no encontré nada. Mas triste aún, al entrar a la casa me quité la chaqueta y al volverme, allí sobre las gradas, estaba mi arete de oro. і No lo podia creer!  Le pregunté a mi hijo si él lo habia encontrado y adonde y me contestó que no. Pero, allí estaba el arete sobre la grada.  ¿Y que hice?  іPues bailarle a San Pascual Baylon!

El Limón Dulce

28 Octubre del 2012

15:03

Hoy me comí un limón dulce, de los que crecen allá en el terrenito que tengo allí por delante del platanal. . . . Lo traje a la casa hace una semana, cuando lo encontré caído, aunque no estaba muy grande y todavía estaba verduzco. Lo partí en dos mitades y ¡que delicia! Como seria si hubiese estado en su punto de madurez.

Al saborearlo me remonte a la Gritería en el Ingenio San Antonio, ya que es una de las frutas que reparten durante las celebraciones de la Gritería.

Desde muy temprano en la tarde nos alistábamos para ir a cantarle a la Virgen de la Concepción, a celebrar la alegre Purísima.  Mi mamá nos daba una funda a cada uno de nosotros y salíamos juntos, toda la familia, a visitar cada uno de los altares donde se celebraba la Purísima.  Íbamos con nuestros cantos y al llegar al altar, gritábamos “¿Quien causa tanta alegría?” y el público ya en el altar cantandole a la Virgen, contestaba, “La Concepción de María”. Cantábamos varios cantos y escuchaba decir a la dueña del altar,  allí están Don William y Doña Melba con su familia, y comenzaba la repartición en grande, ya que éramos de los ‘privilegiados’ del Ingenio. Nos daban chicha, bananos, dulces, ayote en miel, manzana, galletas, el rico gofio (dulce de pinol) y el riquísimo limón dulce adornado con una banderita de papelillo con caladitos, enrollada en un palito metido dentro del limón dulce.

Y así recorríamos el Ingenio, roncos de tanto cantar ya que visitábamos muchos altares, y cuando la funda estaba medio llena, como a la mitad, regresábamos a casa a desenguaracar todo lo que traíamos; la rica chicha, a intercambiar los dulces y las golosinas especiales que recibíamos.   A ver quien había recibido más, si nos habían repartido de todo, y yo por supuesto, intercambiaba mis manzanas por los limones dulces.

El limón dulce tiene la cascara bien lisa, la comida de un color pálido y sabe a naranja simple, pero con un sabor muy rico.

Somos tan dichosos de poder gozar de un limón dulce, fruta que se da para los primeros días de Diciembre, y ahora lo gocé en esta época del año. ¡Se deberá a la fertilidad de la tierra! Así que a gozar los limones dulces que son tan escasos ahora en Nicaragua.

La casa solariega

5 de noviembre del 2012             8:03

Y en la vieja casa solariega de mis antepasados, Daniel Sacasa y Mary Martin Kane, esa enorme propiedad que aun se mantiene en la familia, allí por la Iglesia de La Merced en Granada, voy al enorme patio trasero a trasplantar en bolsas las plantitas que crecieron de las semillas de limón indio que sembré hace algunos meses y que no han prosperado, podo unas plantas – me gusta que tengan un follaje tupido – y a hacer varios menesteres. 

Estas casas solariegas tienen enormes y anchas paredes de adobe de un metro de espesor, que nos separan de la casa del vecino, aunque el techo altísimo casi tiene la misma altura.

Y mientras exprimo unas naranjas y corto unas verduras, escucho la plática mañanera de las vecinas. Conversación que se escucha por los respiraderos/ventanitas que tienen estas paredes en la parte superior y que el viento trae en las tempranas horas.

Son dos hermanas y platican entre ellas de sus recuerdos de niñez, ‘te acordas’, le dice una de ellas, ‘que a mí me gustaba andar en triciclo’. Algo le contesta la hermana, a quien no logro escuchar bien, y la hermana, la que es alegre, le reprime, ‘no, era yo la que andaba en el triciclo.  A mí era que me gustaba andar en los corredores’ y después se ríen gozando los recuerdos.  Y así continua su mañana recordando y riéndose de sus aventuras de niñez. Un sobrino llega a la habitación y entra en la conversación y se ríen a carcajadas.

Sonrío al escucharlas y añoro esa camaradería, el tener una hermana con quien compartir risas y tristezas.  Reconozco la voz de la hermana que le gustaba andar en triciclo.  Una persona alegre y jovial, tranquila, alma libre.  Bromea mucho, se ríe. Se le escucha la alegría en su voz, es una persona enérgica, con muchos bríos aun. La voz de la hermana que ha llegado de visita me es menos familiar. Es ronca y baja. Pausada.  No se ríe a carcajadas.

Pero es la hermana con voz alegre la que entabla conversación con el sobrino, quien es hijo de la hermana que llego de visita.  Es ella quien le habla con cariño, lo bromea, le hace preguntas, se interesa por él.  A la otra, a la madre, no la escucho dirigirse a él.  A veces se escucha la voz de él, suave, pausada,  muy tranquila – no toma parte en la conversación – aunque a veces regresa y hace algún comentario.

Es la desventaja de vivir en las casas de Granada, donde una pared divide ambas casas y no existe la total privacidad.  ¡ Cuantos esqueletos se esconderán entre esas anchas paredes de adobe !

Los aleros

7 de noviembre del 2012

18:57

Hoy cayó un fuerte aguacero.  Tan fuerte era que la ciudad entera se inundó, y eso que solo llovió por quince minutos. El agua corría por las calles llevándose todo cuando encontraba a su paso.  Allí iban papeles, hojas de platanos, plásticos, cajas, bolsas.  Era repugnante todo lo que se llevaba la corriente.  Y los arroyos rugían con toda esa agua y basura que desgraciadamente va a parar a nuestro lago Cocibolca.

Cuando escampó un poco, decidí regresar a casa y tratar de llegar sin remojarme, ya que me vine caminando. No había caminado ni diez pasos cuando comenzó a llover de nuevo; pero era una leve llovizna. Así que con mi rapidez habitual camine por la acera medio a oscuras; allí, por la esquina de la iglesia de San Francisco, donde era antes la Corte y me refugie en los aleros de las casas.  Sonreía mientras lo hacía, ya que eran los aleros los que me resguardaban de la constante brizna.

Esa parte de la ciudad constantemente esta medio a oscuras, y eso que es una de las mejores zonas,  de las más antiguas y una zona turística. Allí está la iglesia más antigua de América, San Francisco, con su convento. Y un túnel, hoy cerrado, que comunica con las costas del lago. Y aun así, la mayoría de las veces, está a oscuras, pero como las cuadras son pequeñas, no se ven tan oscuras después de todo.

Me crucé la calle y para sorpresa mía, ya que siempre caminaba bajo los aleros, llovía más fuerte.  Y así, de alero en alero, logre llegar a la Calzada.  Allí las mesas de los restaurantes/bares estaban arrimadas a la pared, protegidas por los aleros y me vi obligada a caminar bajo la leve lluvia.

Cuando llegué a mi casa, me había mojado un poco, pero no lo suficiente como para preocuparme. Y me puse a pensar que podemos caminar por toda la ciudad bajo la lluvia, resguardándonos de ella bajo los aleros de las casas.

Esos aleros que son la continuación del techo hacia la calle, cubren la acera y protegen las paredes de adobe de las casas.  Son pocas las ciudades en Nicaragua donde aún existen los aleros.

El Viento

31 de julio del 2004

Se avecina la tormenta.

Con furia me golpea el viento.

Cierro los ojos, disfrutando el momento

y siento mi cabello flotar libremente.

 

¡Como me gusta el viento!

Fuerte, fresco, libre, sonoro.

Susurra al pasar entre las hojas de los árboles.

Un leve susurro opacado por el golpe de las olas.

 

Las hojas colgantes del sauce llorón vuelan horizontalmente.

Las ramas de los árboles se someten inclinadas

y las olas encrespadas revientan incesantemente.

 

Una y otra vez saltan sobre la gigantesca roca

bañándola y cayendo en cascada

para después. . . deslizarse en la pequeña playa.

 

Y en mi cara … … … siento el viento.

Con fuerza me envuelve toda.

Cierro los ojos.

No existe nada más que el viento.

 

Respiro profundo, lentamente.

Me lleno de paz. Soy feliz.

El viento continúa soplando con furia.

 

¡Como adoro el viento!

Como el viento, libre soy.

Sonrío de felicidad, …

respiro aires de libertad. 

 

Al ver el lago encrespado, revuelto,

pienso en mi Cocibolca,

mi lago sucio, en continuo movimiento

y ese sentimiento de paz me invade nuevamente.

 

El viento ha amainado su furia.

La espesa neblina en el horizonte

ya no me permite ver las formas de la playa;

se confunden con el agua gris

y un manto espeso cubre todo el lago.

 

Desde la terraza

veo un halcón planeando sobre el lago Erie.

Se deja llevar por el viento, aletea seguido

para después . . . planear a la merced del viento.

 

Vuela hacia la playa y regresa, planeando siempre. También,

como el viento y como yo, libre es.

 

 

 

Está amaneciendo

Jueves, 07 de octubre del 2004

07:15:49

Está amaneciendo. En la oscuridad de la madrugada, en ese silencio profundo que embriaga, escucho un canto, un pío, pero no logro distinguir que es; suena como cu, cu. Apago la luz y abro la ventana para poder escuchar mejor; ahora además escucho un chirp, chirp.  Son más de las seis de la mañana y ya puedo apreciar el azul del cielo y en el horizonte un destello de luz amarillenta con tonos rojizos.

Al lado derecho del jardín veo la sombra del abeto del vecino que ha crecido muchísimo.  Entre sus tupidas hojas logro ver el cielo.  Al lado izquierdo el denso follaje del catalpa es una mancha negra en el cielo, formando una sola malla obscura junto con los cipreses de mi patio.  Solo logro ver la punta de ellos; pero no tienen siquiera la mitad de la altura de los otros árboles.  Al fondo, cerca del abeto y detrás de los cipreses, creció un manzano silvestre junto a un arbusto de rosas salvajes.  Este año no comí de sus manzanas – son riquísimas.  Saben al perote nuestro – será por eso que tanto me gustan.

Detrás del manzano hay mas árboles, uno altísimo, delgadito, no se que es, y más a lo lejos, más árboles, hasta varios sauces llorones gigantes. Ese árbol altísimo siempre está lleno de pajaritos. Después de la malla del patio hay un terreno baldío que no han logrando vender y más al fondo otros terrenos y edificios que no logro ver.  El manzano y el abeto tampoco me dejan ver el edificio que está en la otra calle, solo veo una esquinita.  Así que estoy como en el campo, sin edificios a la vista.

Ha aclarado y logro apreciar las flores de mi jardín y el color de la grama.  Veo que la pila de los pájaros está sin agua.  Hay flores amarillas en tres tonos diversos. No se sus nombres pero una de  las plantas está grandísima.

Los árboles de mi jardín todavía están pequeños.  Sembramos dos cerezos detrás del garaje.  Uno de ellos solamente florece – bellísimas sus flores –  y el otro como si fuera lo mismo, ya que no ha dado fruto.  Bueno, las tres cerezas que dio fueron para los pájaros.  Lo he fertilizado dos veces, así que esperamos cosechar el año próximo.

En medio de esta ciudad con altos rascacielos, hay árboles por todas partes y siempre se  escucha el canto de los pájaros.  Es lo lindo de Toronto.

 

La admiración por la mujer renacentista

Viernes, 04 de Febrero del 2005

01:27

Hoy que le leía a Nequito mis escritos sobre la temperatura y sobre Edoardo, se emocionó muchísimo. Tanto que me abrazó y plantándome un beso en la boca, por cada pieza que le leía, me dijo que estaba muy bueno lo que escribía.  Si, está impresionado de lo que escribo.

Sentados los dos viendo televisión, de pronto me dijo que yo escribía sobre asuntos triviales, y que no todo mundo podría escribir sobre algo tan sin importancia y sencillo como es la temperatura y que estuviese tan bien escrito.

¡Ideay, me dijo, te me has vuelto escritora en la vejez!  Sonreí.  Siempre me ha gustado escribir,  pero es ahora que lo hago más a menudo.  Siempre he escrito.  Escribía poesías.  Sobre la injusticia.  Sobre los trabajadores del campo. Sobre mis enamoramientos.

Quiere compartir mis escritos. ¡Decirle a sus amistades que tiene una mujer escritora! ¡Ya me colocó en el pedestal de los grandes!

Solo recuerdo cuando yo estaba chavala, oír a Don José Coronel Urtecho leer sus escritos sobre Doña Maria Kautz, su infatigable alemana, en su diario quehacer. Lo veo sentado en el sillón del porche, con su camisa y pantalón blanco.  Orgulloso de ella.  Así veo a Nequito hoy.  Orgulloso de su irlandesa, mujer renacentista, como dice mi amiga Sharon.

 

Azahares

12 de junio del 2012

  22:25

Al caminar bajo la frondosa arboleda que cubre el camino, me llega el olor a azahares.  Perfume exquisito! Ese olor paradisíaco de los azahares; huelen a gloria, diría yo.  Y al adentrarme en el terreno, el olor se hace más fuerte.  Veo todos los cítricos cubiertos de azahares, hasta que blanquean de tantos en sus ramas y la suave brisa del campo me llega impregnada con el exquisito y maravilloso aroma de los azahares.

Así que, acerqué mi rostro a las ramas del cítrico e inhalé lenta y profundamente, y pensé, ‘aquí me podría quedar para siempre’ y me sentí como una niña, feliz, disfrutando al verme rodeada completamente de azahares; el tiempo se detuvo, cerré mis ojos y simplemente respiré hondo una y otra vez.

Era tan agradable el olor a azahares que me sentí dichosa.  Dichosa de tener el privilegio de disfrutarlo; y caminando entre los árboles, notaba las flores del limón, copiosas, y las del naranjo, grandes y alargadas y les tomaba fotos, al mismo tiempo que recogía los azahares caídos en el monte, y me llevé la mano, la mano llena de azahares, me la llevé a la nariz y olfatee los azahares recogidos en la palma de mi mano.  Oh, azahares!

Demás esta decirles que mi estancia entre los cítricos y sus azahares se prolongó por tiempo indefinido – el tiempo formó parte del olvido – pero lo que si estaba presente, era el olor paradisíaco de los azahares de mis cítricos.

Sassy

12 de marzo del 2006

 

Cuando cosía las fundas del bebe de Gabry y Susy, Sassy, nuestra gata persa, saltó a la mesa donde tengo la maquina. Curiosa e inquisitiva, observaba cada uno de mis movimientos; si tomaba la tijera, si cambiaba el color del hilo, si ponía las hebras de hilo sobre la mesa. Sonreí al ver como observaba el girar del hilo y tanto le llamó la atención que quiso jugar con el y llevárselo a la boca.  Pero como es muy educada, le dije: ‘No, Sassy’ y eso bastó para que dejara el hilo en paz.

 

Nosotros nunca habíamos tenido un gato.  Y fue debido a que un amigo de Nequito le  pidió que la cuidara si el fallecía, que nosotros heredamos a Sassy.  No tenía corazón para enviarla a un centro de animales abandonados. Así que Sassy llegó a la casa y con toda confianza, mientras Lala, nuestra Chihuahua, dormía a mi lado en el sofá, Sassy salto sobre mis piernas.  Nequito no podía creer como Sassy había saltado a mis piernas y se había quedado dormida. Era un cuadro tierno, nuestros dos animalitos dormidos uno cerca del otro.

 

Sassy es una gata persa, blanca, de larga melena, ojos amarillentos, de unos nueve años y quien nunca ha salido a la calle, más que cuando la llevan al veterinario.  Se sienta en la ventana o la puerta de vidrio y pasa horas observando a los pajaritos. Los observa detenidamente, cada movimiento.

 

Cuando Sassy llegó a la casa, yo la observaba también.  Era una gata de facciones extrañas. ‘Es rara’, le decía a Nequito.  Su cara no parecía la de un gato y después de observarla y observarla, llegué a la conclusión que más que un gato parece un lince.  Si, un lince.  Su cara es redonda, nariz chata, orejas pequeñas, puntiagudas.  Ahora que ya me he acostumbrado a Sassy, veo que es bellísima; tanto que los otros gatos, feos me parecen ser.

 

Los gatos son animales independientes, pero eso yo no lo sabía.  Un día la tomé en mis brazos y con una agilidad increíble me lanzó un zarpazo que me rasguñó la garganta.  Después de esa experiencia, quedé con miedo de tocar a Sassy.  Me palpitaba el corazón rápidamente cada vez que la quería tocar; aprendí que le debía dar a oler mi mano y si ella estaba de acuerdo, acercaba su cabeza a mi mano para que la acariciara, de caso contrario no la debía tocar, ya que seguro un zarpazo iba a recibir.  Con el tiempo se me fue quitando el miedo y aprendí a respetar su independencia y ahora somos grandes amigas, tanto que me hace compañía mientras coso a maquina.

 

Si necesita algo, Sassy maúlla, dulce, lenta, sexymente.  Y si tiene hambre maúlla y se sienta en el piso de la cocina, a esperar su comida.  La oigo maullar y la busco por la casa sin encontrarla, sigo su maullar hasta que la encuentro en el hall frente al baño, a la orilla de su otro recipiente para el agua, esperando para que se lo rellene.

 

Sassy necesita cariño y le gusta dejarse acariciar – más que todo su cuello.  Nos hemos dado cuenta que Sassy a veces como que no ve, ni oye bien, y hoy nos dijeron que Sassy ya tiene trece años.  Mientras tanto, la mimamos.