Las botas indígenas de piel de oso blanco

17 de Enero del 2005

Nadine, es una indígena con sangre francesa en sus venas, que camina como en su elemento; sin preocuparse por el tiempo ni la gran tormenta de nieve que esta cayendo y que nos tiene casi enterrados en Toronto.

Cuando la vi caminaba con su enorme perro; su largo cabello azabache le llegaba a mitad de la espalda, llevaba unos aretes grandes como filigrana con piedritas de turquesa colgándole de las orejas, haciéndole juego con el collar que lograba avistar alrededor de su cuello.

Es una mujer alta, delgada, de finas facciones y piel morena; su familia es del área de Quebec – una ‘metis’ como dirian los Quebecois, si, una mestiza –  se le nota que es indígena y si vistiese el atuendo de su tribu, parecería una princesa de los cuentos de niños.  En mi mente la veo en su traje de piel de venado, plumas en el cabello y sus joyas de turquesa adornándole el cuello y orejas.

Y en semejante tormenta ha llegado caminando tan tranquila con su enorme perro; va vestida toda de blanco y lleva puestas unas botas indígenas en las que la planta de las mismas es de cuero blanco y completamente lisa, como los mocasines y la parte superior de sus botas, toda la pierna, tiene un pelaje exhuberante, el pelaje de la piel de un oso blanco. 

Al comentarle como puede caminar con ellas, ya que son completamente lisas, mientras nosotros usamos botas con suela como de ‘llanta de tractor’ para no resbalarnos entre tanto hielo y nieve, me dice que es lo mejor y lo mas seguro para caminar en la nieve – y ha de tener razón- quien mejor que un indígena canadiense para saber como caminar en un campo nevado y como protegerse del tiempo inclemente con unas botas de piel de oso blanco.

Y así, tan tranquila como cuando llegó y sin preocuparse por el tiempo ni la gran tormenta de nieve, se alejó con su enorme perro.

Está amaneciendo

Jueves, 07 de octubre del 2004

07:15:49

Está amaneciendo. En la oscuridad de la madrugada, en ese silencio profundo que embriaga, escucho un canto, un pío, pero no logro distinguir que es; suena como cu, cu. Apago la luz y abro la ventana para poder escuchar mejor; ahora además escucho un chirp, chirp.  Son más de las seis de la mañana y ya puedo apreciar el azul del cielo y en el horizonte un destello de luz amarillenta con tonos rojizos.

Al lado derecho del jardín veo la sombra del abeto del vecino que ha crecido muchísimo.  Entre sus tupidas hojas logro ver el cielo.  Al lado izquierdo el denso follaje del catalpa es una mancha negra en el cielo, formando una sola malla obscura junto con los cipreses de mi patio.  Solo logro ver la punta de ellos; pero no tienen siquiera la mitad de la altura de los otros árboles.  Al fondo, cerca del abeto y detrás de los cipreses, creció un manzano silvestre junto a un arbusto de rosas salvajes.  Este año no comí de sus manzanas – son riquísimas.  Saben al perote nuestro – será por eso que tanto me gustan.

Detrás del manzano hay mas árboles, uno altísimo, delgadito, no se que es, y más a lo lejos, más árboles, hasta varios sauces llorones gigantes. Ese árbol altísimo siempre está lleno de pajaritos. Después de la malla del patio hay un terreno baldío que no han logrando vender y más al fondo otros terrenos y edificios que no logro ver.  El manzano y el abeto tampoco me dejan ver el edificio que está en la otra calle, solo veo una esquinita.  Así que estoy como en el campo, sin edificios a la vista.

Ha aclarado y logro apreciar las flores de mi jardín y el color de la grama.  Veo que la pila de los pájaros está sin agua.  Hay flores amarillas en tres tonos diversos. No se sus nombres pero una de  las plantas está grandísima.

Los árboles de mi jardín todavía están pequeños.  Sembramos dos cerezos detrás del garaje.  Uno de ellos solamente florece – bellísimas sus flores –  y el otro como si fuera lo mismo, ya que no ha dado fruto.  Bueno, las tres cerezas que dio fueron para los pájaros.  Lo he fertilizado dos veces, así que esperamos cosechar el año próximo.

En medio de esta ciudad con altos rascacielos, hay árboles por todas partes y siempre se  escucha el canto de los pájaros.  Es lo lindo de Toronto.

 

La admiración por la mujer renacentista

Viernes, 04 de Febrero del 2005

01:27

Hoy que le leía a Nequito mis escritos sobre la temperatura y sobre Edoardo, se emocionó muchísimo. Tanto que me abrazó y plantándome un beso en la boca, por cada pieza que le leía, me dijo que estaba muy bueno lo que escribía.  Si, está impresionado de lo que escribo.

Sentados los dos viendo televisión, de pronto me dijo que yo escribía sobre asuntos triviales, y que no todo mundo podría escribir sobre algo tan sin importancia y sencillo como es la temperatura y que estuviese tan bien escrito.

¡Ideay, me dijo, te me has vuelto escritora en la vejez!  Sonreí.  Siempre me ha gustado escribir,  pero es ahora que lo hago más a menudo.  Siempre he escrito.  Escribía poesías.  Sobre la injusticia.  Sobre los trabajadores del campo. Sobre mis enamoramientos.

Quiere compartir mis escritos. ¡Decirle a sus amistades que tiene una mujer escritora! ¡Ya me colocó en el pedestal de los grandes!

Solo recuerdo cuando yo estaba chavala, oír a Don José Coronel Urtecho leer sus escritos sobre Doña Maria Kautz, su infatigable alemana, en su diario quehacer. Lo veo sentado en el sillón del porche, con su camisa y pantalón blanco.  Orgulloso de ella.  Así veo a Nequito hoy.  Orgulloso de su irlandesa, mujer renacentista, como dice mi amiga Sharon.

 

Azahares

12 de junio del 2012

  22:25

Al caminar bajo la frondosa arboleda que cubre el camino, me llega el olor a azahares.  Perfume exquisito! Ese olor paradisíaco de los azahares; huelen a gloria, diría yo.  Y al adentrarme en el terreno, el olor se hace más fuerte.  Veo todos los cítricos cubiertos de azahares, hasta que blanquean de tantos en sus ramas y la suave brisa del campo me llega impregnada con el exquisito y maravilloso aroma de los azahares.

Así que, acerqué mi rostro a las ramas del cítrico e inhalé lenta y profundamente, y pensé, ‘aquí me podría quedar para siempre’ y me sentí como una niña, feliz, disfrutando al verme rodeada completamente de azahares; el tiempo se detuvo, cerré mis ojos y simplemente respiré hondo una y otra vez.

Era tan agradable el olor a azahares que me sentí dichosa.  Dichosa de tener el privilegio de disfrutarlo; y caminando entre los árboles, notaba las flores del limón, copiosas, y las del naranjo, grandes y alargadas y les tomaba fotos, al mismo tiempo que recogía los azahares caídos en el monte, y me llevé la mano, la mano llena de azahares, me la llevé a la nariz y olfatee los azahares recogidos en la palma de mi mano.  Oh, azahares!

Demás esta decirles que mi estancia entre los cítricos y sus azahares se prolongó por tiempo indefinido – el tiempo formó parte del olvido – pero lo que si estaba presente, era el olor paradisíaco de los azahares de mis cítricos.

Sassy

12 de marzo del 2006

 

Cuando cosía las fundas del bebe de Gabry y Susy, Sassy, nuestra gata persa, saltó a la mesa donde tengo la maquina. Curiosa e inquisitiva, observaba cada uno de mis movimientos; si tomaba la tijera, si cambiaba el color del hilo, si ponía las hebras de hilo sobre la mesa. Sonreí al ver como observaba el girar del hilo y tanto le llamó la atención que quiso jugar con el y llevárselo a la boca.  Pero como es muy educada, le dije: ‘No, Sassy’ y eso bastó para que dejara el hilo en paz.

 

Nosotros nunca habíamos tenido un gato.  Y fue debido a que un amigo de Nequito le  pidió que la cuidara si el fallecía, que nosotros heredamos a Sassy.  No tenía corazón para enviarla a un centro de animales abandonados. Así que Sassy llegó a la casa y con toda confianza, mientras Lala, nuestra Chihuahua, dormía a mi lado en el sofá, Sassy salto sobre mis piernas.  Nequito no podía creer como Sassy había saltado a mis piernas y se había quedado dormida. Era un cuadro tierno, nuestros dos animalitos dormidos uno cerca del otro.

 

Sassy es una gata persa, blanca, de larga melena, ojos amarillentos, de unos nueve años y quien nunca ha salido a la calle, más que cuando la llevan al veterinario.  Se sienta en la ventana o la puerta de vidrio y pasa horas observando a los pajaritos. Los observa detenidamente, cada movimiento.

 

Cuando Sassy llegó a la casa, yo la observaba también.  Era una gata de facciones extrañas. ‘Es rara’, le decía a Nequito.  Su cara no parecía la de un gato y después de observarla y observarla, llegué a la conclusión que más que un gato parece un lince.  Si, un lince.  Su cara es redonda, nariz chata, orejas pequeñas, puntiagudas.  Ahora que ya me he acostumbrado a Sassy, veo que es bellísima; tanto que los otros gatos, feos me parecen ser.

 

Los gatos son animales independientes, pero eso yo no lo sabía.  Un día la tomé en mis brazos y con una agilidad increíble me lanzó un zarpazo que me rasguñó la garganta.  Después de esa experiencia, quedé con miedo de tocar a Sassy.  Me palpitaba el corazón rápidamente cada vez que la quería tocar; aprendí que le debía dar a oler mi mano y si ella estaba de acuerdo, acercaba su cabeza a mi mano para que la acariciara, de caso contrario no la debía tocar, ya que seguro un zarpazo iba a recibir.  Con el tiempo se me fue quitando el miedo y aprendí a respetar su independencia y ahora somos grandes amigas, tanto que me hace compañía mientras coso a maquina.

 

Si necesita algo, Sassy maúlla, dulce, lenta, sexymente.  Y si tiene hambre maúlla y se sienta en el piso de la cocina, a esperar su comida.  La oigo maullar y la busco por la casa sin encontrarla, sigo su maullar hasta que la encuentro en el hall frente al baño, a la orilla de su otro recipiente para el agua, esperando para que se lo rellene.

 

Sassy necesita cariño y le gusta dejarse acariciar – más que todo su cuello.  Nos hemos dado cuenta que Sassy a veces como que no ve, ni oye bien, y hoy nos dijeron que Sassy ya tiene trece años.  Mientras tanto, la mimamos. 

La coneja y su familia que viven en el patio de mi casa

 31 de Julio del 2007

 

Con la enfermedad de Marlene descuidé mi jardín y las moras salvajes han crecido sobre las flores, abrumándolas con sus espinas y hojas y moras, por lo que solo unas pocas flores lograron crecer.  Pero, es una montaña de moras salvajes, hay miles de miles; tantas que hasta guardé en el congelador y refresco hice.

Todos los días salgo al  patio por la mañana y por la tarde.  Uno de esos días, Lala, nuestra chihuahua, se asomaba entre las moras y movía su cola de alegría.  Pensé, algo vio.  Y pocos días después vimos un conejo café en el patio; no se movía al vernos y con mucha calma seguía comiendo las hojas/florcitas de monte que encontraba.  Supuse que dormía bajo la maraña impenetrable que formaban las miles de plantas que han crecido.  Y así fue.

Un día, estando Nequito sentado en la perezosa en la terraza, vio salir de debajo de las moras, dos conejitos bebes de color cafés.  Me llamo rápidamente y logre ver a uno de ellos que a una velocidad vertiginosa corría hacia los cedros al final del patio, escondiéndose entre el monte.

Ahora, los alimentamos. Si, les ponemos zanahorias y hojas de las verduras para que coman.  Y todos los días veo que ya no están las zanahorias, así que siguen allí.

Parece increíble que en medio de esta gran ciudad, tenga, en el patio de mi casa, una coneja con sus conejitos.

I tell him that I love him. And it is true.

February 2, 2005; 22:03

Don’t you think for a moment, that because Edoardo lets me zip up his jacket when it is cold, he walks that way. It was only that morning that he stopped and waited for me on his way out.  It must have been very cold.

But as soon as he is out of my sight he must open his jacket and walk fearlessly into the cold, freezing morning. He listens to the music in his MP3 with the headphones and does not  zips up his jacket.

He has always walked with an open jacket and although skinny, he is very strong and can stand the freezing temperatures. He has grown in a cold climate, is used to the weather and besides, he is a teenager who loves the snow.  When he hears that it is going to snow, he yells YES! I see the happiness on his face; the same happiness I experience when I see the ocean.

But he is not feeling well today – has a sore throat- so I rub his chest with Vapor Rub, give him an aspirin, something warm to drink just before bed time and I tell him again, that this is the result of his walking with an open jacket.  Although he dismisses me with a gesture, I know that deep down he knows that I am right.  Children always listen to their parents.  No matter what one says to them.  So, everyday I tell him that I love him.  And it is true.

Una Navidad sin Marlene

 26 de diciembre del 2007; 13:59

Me solté en llanto, incontenible.

Lloraba con sollozos fuertes y profundos, que me desgarraban el alma.

Todo mi dolor en ese estallido en llanto.

Diez mil recuerdos me vinieron a la mente.

Caminando por la playa en La Boquita y Tito diciéndome que ya iba a regresar,

que no me preocupara por ella;

montando a caballo en la finca cuando estábamos pequeñas,

– nos encantan los caballos-

el verla después de cuatro anos, cuando yo regrese de Berkeley

y que se había convertido en una belleza, exótica

con sus ojos un poco rasgados,

elegante, sencilla,

su pelo corto peinado detrás de la oreja

y la observaba cómo aquel patito feo era ahora un lindo cisne;

se sintió feliz de que regresase,

que la iba a apoyar en su espíritu libre,

y el conocernos de nuevo ya adolescentes

y olvidarnos de nuestras desavenencias cuando ella se ponía mis brassieres,

nuestros pleitos de niñas cuando la llamábamos Malinche sin saber que significaba,

solo para que mi papi le trajera una linda flor y le preguntara: te gusta? es linda verdad? se llama Malinche

y fue así como después no le hizo mella nuestro apodo,

de que servia si era una linda flor;

nuestros fines de semana nadando en la piscina de los Handler;

y cuando nos cruzábamos el jardín de Casa Hacienda,

embrujadas con nuestras toallas para que los capachos no nos saltaran encima,

y pudiéramos nadar en esa honda piscina;

y cuando mi papi nos explicaba de los murciélagos en Casa Hacienda

y los experimentos para comprobar que no se guiaban por la vista sino por el oído al volar,

y nuestros paseos a caballo todos los domingos,

allá por los mangos

y los lavábamos en las taujiíllas;

y nuestros viajes inolvidables al mar,

dos semanas completamente solos,

aislados del mundo,

y para poder llegar al mar viajábamos en canoa,

toda una aventura!

nuestra enramada de palmas y durmiendo en hamacas,

rezando el Vía Crucis por la playa,

recogiendo conchas,

cazando cangrejos

y los miles de cangrejos caminando por doquier,

construyendo castillos en la arena;

y nuestras enjuagadas en el estero – a solo una cuadra del mar,

y nuestros viajes en canoa por el estero con Julio, el hijo de Braulio, remando

nos llevaba a recoger conchas negras,

y cortando icacos en la playa que crecían salvajes

y caminando por la playa anchísima,

esa inmensa playa de Los Brasiles,

solo nosotros

entre  el cielo y el mar.

Que días más felices!

El horror de la guerra

17 de febrero del 2012

8:37am

 Hace varios días bajé a la sección de la lavandería y esperaba, ya que las dos maquinas estaban por terminar de lavar, cuando una señora me habló al acercarse.   Hizo gestos referente a la lavadora, así que me fui a su maquina y le pregunté que necesitaba.  Me quedó viendo y me dijo ‘no work’; me fijé en la maquina, decía $0.25, y le expliqué que necesitaba ponerle $0.25 mas a la maquina, a las dos maquinas.  Entonces me dijo ‘No know ‘.  Le hice señas que trajera mas dinero cuando puso sus monedas sobre la maquina, ya que no tenia las necesarias para las lavadoras, al mismo tiempo que le decía, ‘more money’ y comprendió y se tocó la cabeza, como diciendo que no había entendido anteriormente.

Al rato llegó con su dinero y le expliqué con señas al mismo tiempo que se lo decía en inglés, pero hablándole lo mas sencillo posible, sin conjugaciones complicadas, solo en el presente.  Así que le puse el dinero faltante y cerré las tapas de las lavadoras.

Es una señora alta, delgada, morena, de uno 70 anos.  Entonces le pregunté, ‘Your country, Afganistán?, ya que por sus facciones pude deducir que era de allí, y me contesto ‘yes’.

Entonces me habló, ‘no English, alone. Four sons’, al mismo tiempo que me mostraba los cuatro dedos de su mano, para asegurarse que le entendía, e hizo como que empuñaba una metralleta e imitando el sonido de la misma, de pronto dijo, ’ra ta ta ta, four sons, husband, ra, ta, ta, ta’.

Me quedé muda, horrorizada, no sabia que decirle. Y continuo, ‘four daughters, husbands’, y nuevamente empuñó sus manos como agarrando una metralleta y dijo ‘ra ta ta ta, four daughters, husbands, all, sons, husband, ra ta ta ta’.  Hablaba sin detenerse, como queriendo desahogar tanto dolor.

Sentí un frío en mi cuerpo; la quedaba viendo sin saber que decir,  y señalándome en su pierna izquierda, la parte interna del muslo superior, al mismo tiempo que la levantaba un poco, volvió a decirme, ‘ra ta ta ta y sus brazos como empuñando una metralleta, me mostró donde le había herido la metralleta. ‘Alone’, me dijo, ‘no english’, e hizo un gesto, como diciendo, que voy a hacer.

Dije, ‘oh my God!’  Le quise preguntar donde vivía, pero no habla inglés y no comprendía lo que le trataba de preguntar, así que desistí para no confundirla.

Se fué y regresó al rato con jabón en un recipiente y vi que le ponía jabón a la maquina;  yo escuchaba que la maquina giraba terminando de lavar, y le dije, ‘no, soap no, finish’. ‘Oh’, me dijo, ‘finish?’ y al abrir la tapa, ya la maquina no tenia agua.  Entonces con gestos y palabras sencillas le expliqué que pusiera otra maquina, primero el jabón, después el agua, y cuando estuviese llena, que pusiera toda la ropa.  Así que eso hizo, siguiendo ella mis instrucciones.  E hizo un gesto, como diciendo, como voy a saber yo esto. Y me sonreí.

Me abrazó agradecida. ‘Thank you. Thank you. Thank you’, me repetía.

Regresé al apartamento con el estómago revuelto; lo que acababa de escuchar, no lo podía olvidar; pobre mujer, que dolor. En sus pocas palabras me contó el horror que ha vivido en la guerra de su país.

Y no he dejado de pensar en ella.

 

Canto de felicidad

Jueves, 23 de diciembre del 2004; 1:10:17


 Soy feliz . . . y canto de felicidad,

a todo pulmón;

bailo y giro en candentes movimientos, 

esa felicidad innata que me viene de dentro.

 No importa lo que me rodee,

eso. . .  es irrelevante, 

sea lo que sea . . . no importa,

en mi mundo con música soy feliz.

 Casi siempre canto;

en mi mente, en silencio,

en voz alta, a todo pulmón.

 ¡Que haría yo sin la música!

  Pinto escuchando música,

con el sonido bien fuerte,

que me invada y abrume. 

Que haga vibrar cada poro de mi ser.

  Y si oigo tambores…  

Son el ritmo de mi alma,

salvaje, esquiva,

tranquila, apasionada,

impetuosa, fiel y cariñosa.

 A todo volumen escucho música

y canto. . . y bailo.

 Cierro los ojos y me dejo guiar

por el cadencioso vaivén . . .

 Mis pies se mueven al compás del ritmo,

en mi mundo placentero,

 de la musica del rio,

del trote del caballo

de la música del viento.

 

En mi  mundo con música . . . soy feliz.