Sassy

12 de marzo del 2006

 

Cuando cosía las fundas del bebe de Gabry y Susy, Sassy, nuestra gata persa, saltó a la mesa donde tengo la maquina. Curiosa e inquisitiva, observaba cada uno de mis movimientos; si tomaba la tijera, si cambiaba el color del hilo, si ponía las hebras de hilo sobre la mesa. Sonreí al ver como observaba el girar del hilo y tanto le llamó la atención que quiso jugar con el y llevárselo a la boca.  Pero como es muy educada, le dije: ‘No, Sassy’ y eso bastó para que dejara el hilo en paz.

 

Nosotros nunca habíamos tenido un gato.  Y fue debido a que un amigo de Nequito le  pidió que la cuidara si el fallecía, que nosotros heredamos a Sassy.  No tenía corazón para enviarla a un centro de animales abandonados. Así que Sassy llegó a la casa y con toda confianza, mientras Lala, nuestra Chihuahua, dormía a mi lado en el sofá, Sassy salto sobre mis piernas.  Nequito no podía creer como Sassy había saltado a mis piernas y se había quedado dormida. Era un cuadro tierno, nuestros dos animalitos dormidos uno cerca del otro.

 

Sassy es una gata persa, blanca, de larga melena, ojos amarillentos, de unos nueve años y quien nunca ha salido a la calle, más que cuando la llevan al veterinario.  Se sienta en la ventana o la puerta de vidrio y pasa horas observando a los pajaritos. Los observa detenidamente, cada movimiento.

 

Cuando Sassy llegó a la casa, yo la observaba también.  Era una gata de facciones extrañas. ‘Es rara’, le decía a Nequito.  Su cara no parecía la de un gato y después de observarla y observarla, llegué a la conclusión que más que un gato parece un lince.  Si, un lince.  Su cara es redonda, nariz chata, orejas pequeñas, puntiagudas.  Ahora que ya me he acostumbrado a Sassy, veo que es bellísima; tanto que los otros gatos, feos me parecen ser.

 

Los gatos son animales independientes, pero eso yo no lo sabía.  Un día la tomé en mis brazos y con una agilidad increíble me lanzó un zarpazo que me rasguñó la garganta.  Después de esa experiencia, quedé con miedo de tocar a Sassy.  Me palpitaba el corazón rápidamente cada vez que la quería tocar; aprendí que le debía dar a oler mi mano y si ella estaba de acuerdo, acercaba su cabeza a mi mano para que la acariciara, de caso contrario no la debía tocar, ya que seguro un zarpazo iba a recibir.  Con el tiempo se me fue quitando el miedo y aprendí a respetar su independencia y ahora somos grandes amigas, tanto que me hace compañía mientras coso a maquina.

 

Si necesita algo, Sassy maúlla, dulce, lenta, sexymente.  Y si tiene hambre maúlla y se sienta en el piso de la cocina, a esperar su comida.  La oigo maullar y la busco por la casa sin encontrarla, sigo su maullar hasta que la encuentro en el hall frente al baño, a la orilla de su otro recipiente para el agua, esperando para que se lo rellene.

 

Sassy necesita cariño y le gusta dejarse acariciar – más que todo su cuello.  Nos hemos dado cuenta que Sassy a veces como que no ve, ni oye bien, y hoy nos dijeron que Sassy ya tiene trece años.  Mientras tanto, la mimamos. 

La coneja y su familia que viven en el patio de mi casa

 31 de Julio del 2007

 

Con la enfermedad de Marlene descuidé mi jardín y las moras salvajes han crecido sobre las flores, abrumándolas con sus espinas y hojas y moras, por lo que solo unas pocas flores lograron crecer.  Pero, es una montaña de moras salvajes, hay miles de miles; tantas que hasta guardé en el congelador y refresco hice.

Todos los días salgo al  patio por la mañana y por la tarde.  Uno de esos días, Lala, nuestra chihuahua, se asomaba entre las moras y movía su cola de alegría.  Pensé, algo vio.  Y pocos días después vimos un conejo café en el patio; no se movía al vernos y con mucha calma seguía comiendo las hojas/florcitas de monte que encontraba.  Supuse que dormía bajo la maraña impenetrable que formaban las miles de plantas que han crecido.  Y así fue.

Un día, estando Nequito sentado en la perezosa en la terraza, vio salir de debajo de las moras, dos conejitos bebes de color cafés.  Me llamo rápidamente y logre ver a uno de ellos que a una velocidad vertiginosa corría hacia los cedros al final del patio, escondiéndose entre el monte.

Ahora, los alimentamos. Si, les ponemos zanahorias y hojas de las verduras para que coman.  Y todos los días veo que ya no están las zanahorias, así que siguen allí.

Parece increíble que en medio de esta gran ciudad, tenga, en el patio de mi casa, una coneja con sus conejitos.

I tell him that I love him. And it is true.

February 2, 2005; 22:03

Don’t you think for a moment, that because Edoardo lets me zip up his jacket when it is cold, he walks that way. It was only that morning that he stopped and waited for me on his way out.  It must have been very cold.

But as soon as he is out of my sight he must open his jacket and walk fearlessly into the cold, freezing morning. He listens to the music in his MP3 with the headphones and does not  zips up his jacket.

He has always walked with an open jacket and although skinny, he is very strong and can stand the freezing temperatures. He has grown in a cold climate, is used to the weather and besides, he is a teenager who loves the snow.  When he hears that it is going to snow, he yells YES! I see the happiness on his face; the same happiness I experience when I see the ocean.

But he is not feeling well today – has a sore throat- so I rub his chest with Vapor Rub, give him an aspirin, something warm to drink just before bed time and I tell him again, that this is the result of his walking with an open jacket.  Although he dismisses me with a gesture, I know that deep down he knows that I am right.  Children always listen to their parents.  No matter what one says to them.  So, everyday I tell him that I love him.  And it is true.

Una Navidad sin Marlene

 26 de diciembre del 2007; 13:59

Me solté en llanto, incontenible.

Lloraba con sollozos fuertes y profundos, que me desgarraban el alma.

Todo mi dolor en ese estallido en llanto.

Diez mil recuerdos me vinieron a la mente.

Caminando por la playa en La Boquita y Tito diciéndome que ya iba a regresar,

que no me preocupara por ella;

montando a caballo en la finca cuando estábamos pequeñas,

– nos encantan los caballos-

el verla después de cuatro anos, cuando yo regrese de Berkeley

y que se había convertido en una belleza, exótica

con sus ojos un poco rasgados,

elegante, sencilla,

su pelo corto peinado detrás de la oreja

y la observaba cómo aquel patito feo era ahora un lindo cisne;

se sintió feliz de que regresase,

que la iba a apoyar en su espíritu libre,

y el conocernos de nuevo ya adolescentes

y olvidarnos de nuestras desavenencias cuando ella se ponía mis brassieres,

nuestros pleitos de niñas cuando la llamábamos Malinche sin saber que significaba,

solo para que mi papi le trajera una linda flor y le preguntara: te gusta? es linda verdad? se llama Malinche

y fue así como después no le hizo mella nuestro apodo,

de que servia si era una linda flor;

nuestros fines de semana nadando en la piscina de los Handler;

y cuando nos cruzábamos el jardín de Casa Hacienda,

embrujadas con nuestras toallas para que los capachos no nos saltaran encima,

y pudiéramos nadar en esa honda piscina;

y cuando mi papi nos explicaba de los murciélagos en Casa Hacienda

y los experimentos para comprobar que no se guiaban por la vista sino por el oído al volar,

y nuestros paseos a caballo todos los domingos,

allá por los mangos

y los lavábamos en las taujiíllas;

y nuestros viajes inolvidables al mar,

dos semanas completamente solos,

aislados del mundo,

y para poder llegar al mar viajábamos en canoa,

toda una aventura!

nuestra enramada de palmas y durmiendo en hamacas,

rezando el Vía Crucis por la playa,

recogiendo conchas,

cazando cangrejos

y los miles de cangrejos caminando por doquier,

construyendo castillos en la arena;

y nuestras enjuagadas en el estero – a solo una cuadra del mar,

y nuestros viajes en canoa por el estero con Julio, el hijo de Braulio, remando

nos llevaba a recoger conchas negras,

y cortando icacos en la playa que crecían salvajes

y caminando por la playa anchísima,

esa inmensa playa de Los Brasiles,

solo nosotros

entre  el cielo y el mar.

Que días más felices!

El horror de la guerra

17 de febrero del 2012

8:37am

 Hace varios días bajé a la sección de la lavandería y esperaba, ya que las dos maquinas estaban por terminar de lavar, cuando una señora me habló al acercarse.   Hizo gestos referente a la lavadora, así que me fui a su maquina y le pregunté que necesitaba.  Me quedó viendo y me dijo ‘no work’; me fijé en la maquina, decía $0.25, y le expliqué que necesitaba ponerle $0.25 mas a la maquina, a las dos maquinas.  Entonces me dijo ‘No know ‘.  Le hice señas que trajera mas dinero cuando puso sus monedas sobre la maquina, ya que no tenia las necesarias para las lavadoras, al mismo tiempo que le decía, ‘more money’ y comprendió y se tocó la cabeza, como diciendo que no había entendido anteriormente.

Al rato llegó con su dinero y le expliqué con señas al mismo tiempo que se lo decía en inglés, pero hablándole lo mas sencillo posible, sin conjugaciones complicadas, solo en el presente.  Así que le puse el dinero faltante y cerré las tapas de las lavadoras.

Es una señora alta, delgada, morena, de uno 70 anos.  Entonces le pregunté, ‘Your country, Afganistán?, ya que por sus facciones pude deducir que era de allí, y me contesto ‘yes’.

Entonces me habló, ‘no English, alone. Four sons’, al mismo tiempo que me mostraba los cuatro dedos de su mano, para asegurarse que le entendía, e hizo como que empuñaba una metralleta e imitando el sonido de la misma, de pronto dijo, ’ra ta ta ta, four sons, husband, ra, ta, ta, ta’.

Me quedé muda, horrorizada, no sabia que decirle. Y continuo, ‘four daughters, husbands’, y nuevamente empuñó sus manos como agarrando una metralleta y dijo ‘ra ta ta ta, four daughters, husbands, all, sons, husband, ra ta ta ta’.  Hablaba sin detenerse, como queriendo desahogar tanto dolor.

Sentí un frío en mi cuerpo; la quedaba viendo sin saber que decir,  y señalándome en su pierna izquierda, la parte interna del muslo superior, al mismo tiempo que la levantaba un poco, volvió a decirme, ‘ra ta ta ta y sus brazos como empuñando una metralleta, me mostró donde le había herido la metralleta. ‘Alone’, me dijo, ‘no english’, e hizo un gesto, como diciendo, que voy a hacer.

Dije, ‘oh my God!’  Le quise preguntar donde vivía, pero no habla inglés y no comprendía lo que le trataba de preguntar, así que desistí para no confundirla.

Se fué y regresó al rato con jabón en un recipiente y vi que le ponía jabón a la maquina;  yo escuchaba que la maquina giraba terminando de lavar, y le dije, ‘no, soap no, finish’. ‘Oh’, me dijo, ‘finish?’ y al abrir la tapa, ya la maquina no tenia agua.  Entonces con gestos y palabras sencillas le expliqué que pusiera otra maquina, primero el jabón, después el agua, y cuando estuviese llena, que pusiera toda la ropa.  Así que eso hizo, siguiendo ella mis instrucciones.  E hizo un gesto, como diciendo, como voy a saber yo esto. Y me sonreí.

Me abrazó agradecida. ‘Thank you. Thank you. Thank you’, me repetía.

Regresé al apartamento con el estómago revuelto; lo que acababa de escuchar, no lo podía olvidar; pobre mujer, que dolor. En sus pocas palabras me contó el horror que ha vivido en la guerra de su país.

Y no he dejado de pensar en ella.

 

Canto de felicidad

Jueves, 23 de diciembre del 2004; 1:10:17


 Soy feliz . . . y canto de felicidad,

a todo pulmón;

bailo y giro en candentes movimientos, 

esa felicidad innata que me viene de dentro.

 No importa lo que me rodee,

eso. . .  es irrelevante, 

sea lo que sea . . . no importa,

en mi mundo con música soy feliz.

 Casi siempre canto;

en mi mente, en silencio,

en voz alta, a todo pulmón.

 ¡Que haría yo sin la música!

  Pinto escuchando música,

con el sonido bien fuerte,

que me invada y abrume. 

Que haga vibrar cada poro de mi ser.

  Y si oigo tambores…  

Son el ritmo de mi alma,

salvaje, esquiva,

tranquila, apasionada,

impetuosa, fiel y cariñosa.

 A todo volumen escucho música

y canto. . . y bailo.

 Cierro los ojos y me dejo guiar

por el cadencioso vaivén . . .

 Mis pies se mueven al compás del ritmo,

en mi mundo placentero,

 de la musica del rio,

del trote del caballo

de la música del viento.

 

En mi  mundo con música . . . soy feliz.

Absorta en sus pensamientos

5 de diciembre del 2006

7:29am

 Y así, inconscientemente y sin detenerse, una y otra vez se toca el rostro; lo escudriña con sus dedos buscando alguna imperfección, la más mínima que su tacto detecte, y una y otra vez recorre levemente su piel.

Absorta en sus pensamientos, continua tocándose el rostro. Una y otra vez, incansablemente, tanto que su esposo le dice que pare; y aunque se detiene por un momento, inconscientemente sus dedos vuelven a escudriñarle el rostro, en un movimiento automático, sin pensarlo.

Su preocupación es tal que no puede estarse tranquila un momento. Su mente, viaja a velocidad increíble, ocupada, ensimismada en sus pensamientos y el tocarse el rostro, es un movimiento inconsciente.  Esta preocupada, se le nota en su rostro, y aunque luce tranquilo, tiene a veces un leve tic en su boca, le tiembla leve, pero muy levemente. Es casi imperceptible.

Entonces deja de tocarse el rostro, se levanta y hace algo en la casa para luego, al sentarse, continuar tocándose inconscientemente, el rostro.

Y así, absorta en sus pensamientos, su mente vaga en el vacio, y aunque este físicamente sentada, allí y platicando con todos, ella, . . . ella no esta allí.  La consume el dolor, la preocupación;  su mirada perdida en un mar infinito de tristeza, lo delata.

Esa, . . .esa . . soy yo.

La felicidad

29 de enero del 2011; 19:20

He observado que cada vez que escribo algo, termino mi escrito con una nota optimista. No me había percatado de ello, hasta que un día releyendo uno y después otro de mis escritos, lo noté.

Y cuando escribo a mis amistades, casi siempre les digo que soy feliz, que eso es lo más importante en la vida. Que por eso estamos aquí. Para ser feliz. Y mis escritos, hablan de mi felicidad.  Y cuando hablo por teléfono, bromeo, me río, soy feliz. Pase lo que pase, soy feliz.  A veces es natural que esté triste, pero en general, soy feliz.

Un día que platicaba con un yugoslavo y hablábamos sobre la importancia de tener una niñez feliz, me decía que no tenia que anécdota feliz recordar de su niñez, ya que habían viajado mucho, y nunca estaban en un mismo lugar por mucho tiempo, y le dije, ‘pensa en algo que te hizo feliz, no importa donde hayas estado, ni cuan pequeña haya sido’.  Y le di como ejemplo, que yo cuando quería recordar algo que me hacia feliz, pensaba en el mar, las vacaciones de un mes que pasábamos allí cuando yo estaba chavala.  Y al solo recordarlo, asomó una sonrisa en mi cara.  Vi la extensa playa de Los Brasiles, extensa de fondo y de ancho, caminando, recogiendo conchas, piedritas, siguiendo cangrejos, escuchando el sonido de las olas al reventar y esos bellos atardeceres y amaneceres.

Yo pienso que soy feliz.  Es algo innato en mi,  mi felicidad. Estudios dicen que hay personas que nacen con un 50% de felicidad, que un 40% lo adquirimos durante el curso de nuestra vida, y el 10% restante, no recuerdo que dijeron.

Cuando escuchaba televisión y hablaban sobre la felicidad y de lo que se necesita para ser feliz, le dije a mi marito, ‘yo, soy feliz’.  Me respondió, ‘como podes ser feliz con tanta hambre en el mundo’.  ‘Es que’, le contesté, ‘yo no estoy diciendo que no hay hambre en el mundo, simplemente te estoy diciendo que soy feliz’. Y volvió a repetirme lo mismo, y le dije de nuevo, que no era eso lo que le estaba diciendo, ni que no hay problemas, que le estaba diciendo que yo era feliz. Y volvió a protestar.  Lo quedé viendo y me dije a mi misma, ‘esta es la gran diferencia entre los dos.  El, es una persona sombría.  Yo, soy feliz’.

Yo soy bien optimista, alegre, chispeante, bromista, con sentido del humor.  Creo que me viene por el lado de mi papi, pero también por mi mami.  Ella también era así y de espíritu aventurero, el cual también heredé. Y también me parezco a mi tía Nelly, ocurrente, creativa, hábil, algo que también heredé de mi papi.

Y como todo mundo, a veces estoy triste, bien triste, pero, . . .  yo, . . . soy feliz.

Los cerezos en flor

Viernes, 08 de octubre de 2004; 09:45:59

 Como me gustan los cerezos en flor, – son bellísimos – pero, más que todo, es comer esa deliciosa fruta, la cereza.

 Hace anos fui a la casa de una señora quien tenia un cerezo lleno de frutas, tantas que el suelo parecía una alfombra de cerezas y decidí comprarme un árbol yo también.  Así que me fui a un vivero y pregunte por un árbol de cerezo, el que diera la fruta más dulce, más obscura, y sobre todo, que diera frutos pronto.

 Así que con la ayuda del experto, creí yo, vine a la casa con mi bello árbol.  Con cariño y amor lo regué; lo sembramos detrás del garaje, mis hijos abrieron un hoyo en la tierra, mucho más grande que las raíces del árbol, le puse tierra negra, lo aboné, regué y esperé por mis cerezas.  Pasaron dos años y yo siempre esperando, ya que al tercero iba a dar frutos.

 Un día estaba en la casa de una amiga bañándome en su piscina y nos sentamos a tomar un jugo y al admirar su jardín bellísimo, note un árbol florecido todito con bellísimas flores rosadas; le pregunte que era y me dijo que era un cerezo, ‘ah’, le dije, ‘así que tendrás cerezas muy pronto’, ‘no’, me dijo, ‘solo florece, no da fruto’.

Al regresar a casa, lo primero que hice fue ver el nombre del tipo de cerezo que había comprado, nombre que todavía estaba alrededor del tronco de mi árbol, y horror, que leo, ¡cerezo floreciente! El mismo nombre que Julia me había dicho.  Tres años esperando por mis cerezas.  Fui enojada al vivero y les conté toda la historia..  Nada, no había nada que hacer.  ¡Esos expertos que tienen!  Expertos en nada, pensé para mis adentros.  Me compre otro cerezo, pero esta vez me afirmaron que si daría fruto.  ¡Que iba a saber yo que hay variedad de cerezos!  ¡Y que los que florecen bellísimos y se cubren todos de rosado, no dan fruto!

Lo sembré cerca del otro cerezo; el primer año no dio flores, el segundo año dio cuatro, ya el tercer año dio tres cerezas, que se comieron los pájaros antes de que yo las saboreara.  Este año dio flores pero no fruto. Lo podo, abono, pero no veo que mejore.

 Ambos cerezos tienen el mismo tipo de hojas y su flor rosada, bellísima, es delicada.  Este año se llenaron de flores ambos árboles, y mis frutas, ¡solo dos cerezas!  Tampoco las probé.

 La calidad de la tierra es pésima, por lo que he decidido regalarle mi cerezo, el que da frutos, a Gabry y Susy, para su nueva casa.  La próxima primavera cavaremos alrededor del tronco, para sacarlo con mucha tierra y no tocarle sus raíces, y lo sembraremos en su patio.  ¡Allá si que dará cerezas!

La memoria

Jueves, 05 de Enero de 2006; 17:44

Hoy que fui a mi terapia diaria para recobrar la movilidad de mi brazo quebrado, y para colmo, el derecho, le decía a la terapeuta que el brazo aun me duele – desde anteayer cuando me hizo tracción.  Y al tratar ella de girarme un poco la mano, di un grito de dolor; ‘si’, me dijo, ‘su resistencia al dolor es casi nula’.  ‘Si’, le contesté, ‘ya llené mi cuota de dolor, y ahora no aguanto nada’.

‘Hace unos 13 anos’, le dije, ‘estuve muy enferma y me hicieron unos exámenes, donde después de inflarme el estomago, me insertaban unas agujas larguísimas, y todo esto sin poder moverme o respirar, cuando me  hacían el CT Scan.  Era dolorosísimo’.

De pronto me detuve en mi relato – no podía continuar – un nudo en la garganta me lo impedía y mis ojos comenzaron a llenarse de lagrimas y se desbordaron, sin control, por mis mejillas. Varias veces respiré profundamente hasta sentirme un poco mas tranquila.  Respiraba a fondo, lentamente, al mismo tiempo que me limpiaba las lágrimas.

Me percaté del silencio en la habitación.  Solo mis sollozos callados lo interrumpían.  ‘El doctor’, logré continuar, ‘me había dicho que le dijera cuando ya no aguantara más dolor y aun cuando se lo dije repetidas veces,  no me hizo caso.

Cuando finalmente me sacaron de la capsula del CT Scan, entré en shock.  Temblaba  incontrolablemente y cuando pude hablar, viéndolo a los ojos le susurré entre dientes: ‘Le dije que ya no aguantaba el dolor.  Usted, tiene que escuchar a sus pacientes’. Me miro asustado.  Pude ver el miedo y angustia en sus ojos – yo no dejaba de temblar.  Oí que le decía algo a las enfermeras del hospital, inyectarme algo, pero me negué.  Les dije que pronto estaría bien.  Que había sobrepasado mi límite al dolor y mi cuerpo no lo aguantaba mas, que pronto estaría bien’.

Me quedé callada al terminar mi relato, limpiándome siempre las lágrimas.  ‘Y como se llamaba el doctor’, me preguntó la terapeuta. ‘No sé, no recuerdo’, le contesté.  ‘Ah’, me dijo, ‘lo borró de su memoria’.

Mi memoria me transportó e hizo revivir esos momentos tan dolorosos, pero borró la imagen de ese doctor que no me escuchó como paciente.